Homero y su literatura médica

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico asmedista Roberto López Campo (foto)
Neumólogo, Ex integrante Taller de Escritores de ASMEDAS Antioquia

Homero, poeta griego de los siglos IX y VIII a J.C., se ha pensado que fue ciego.  Se le atribuye la paternidad de dos obras cumbres de la literatura: La Ilíada y La Odisea, cada una de las cuales consta de 24 cantos y más de 12.000 hexámetros, por lo cual se le considera el padre de la poesía occidental. (1)

En el mundo homérico, la primera fuente escrita a la que es preciso acudir para conocer la medicina pretécnica griega, se superponen dos planos diferentes: el recuerdo de un pasado micénico y aqueo, que proviene de la tradición épica, y las impresiones personales del poeta, que reflejan el mundo de los colonos jónicos y eólicos de las costas del Asia Menor, en el que ha despertado la ciencia helénica.

De tiempo atrás se planteó la hipótesis de que el verdadero Homero fuese autor tan sólo de La Ilíada, y que La Odisea perteneciera a un poeta más reciente. Se ha sostenido que los acontecimientos narrados en una y otra obra se sucedieron en épocas muy distantes entre sí. Otros ponen en duda la autoría de Homero y sostienen que para su época no existía la escritura. Finalmente, hay quienes sostienen que los dos poemas son de autores diferentes y que a través del tiempo habrían sufrido interpolaciones y reelaboraciones. (1)

Cualquiera que sea la verdad acerca de estas dos obras, lo cierto es que, volver a los clásicos, y Homero no puede ser excluido de tal apreciación, es una verdadera delicia y un excelente alimento para el espíritu, que nos alienta a continuar con estas lecturas, ahora, cuando la jubilación y la Ley 100 nos ha permitido aprovechar mejor, y con más amplitud, nuestro tiempo libre.

Cuando París rapta a Helena, esposa de Menelao (hijo de Príamo, Rey de Troya), y Agamenón, caudillo de los aqueos, rapta a Briseida, esclava de Aquiles, éste, enfurecido, abandona el campo de batalla. Muerto Patroclos por Héctor, Aquiles regresa a la lucha y da muerte a aquel, cumpliendo su venganza. La Odisea, que refiere las aventuras de Ulises (Odiseo), mientras Penélope, en Itaca, fiel a su promesa a pesar de los requiebros de sus pretendientes, lo espera pacientemente, tejiendo y deshaciendo tejidos.

Son historias bien contadas, con un alto valor poético y literario, que fascinan, Pero no es mi propósito hacer un análisis exhaustivo de las obras de Homero.

André Soubirán, autor de «Hombres de Blanco» , médico y escritor prestigioso, en colaboración con Jean de Kearney, y quien es autor de numerosos escritos sobre la evolución de la medicina a través de los tiempos, en su «Le Journal de la Medicine» (El Diario de la Medicina ), en su versión española (traducida por Juan Ramón Masoliver y Margarita García), de PEV-Iatros Ediciones Ltda., editado en Colombia bajo el patrocinio de la Casa Bayer, nos hace algunas consideraciones acerca del autor del La Ilíada y se pregunta, si bajo el seudónimo de Homero no se esconde un médico militar.(2)

Y es que en la obra homérica aparecen descripciones detalladas, relacionadas con traumas y heridas de guerra, que hacen pensar en tal posibilidad. Narradas 900 años a.J.C., cabe destacar algunas de ellas:

Heridas del tórax: «Héctor cae herido por una piedra en pleno tórax. Cuando recobra el conocimiento, se incorpora, le sobreviene un vómito de sangre y vuelve a caer».
Heridas del abdomen: «Lo atraviesa con la lanza por el ombligo, lugar donde las heridas resultan funestas para los mortales».
Heridas de las vísceras: «Meriones persigue a Fereclo y le clava la lanza en los riñones. La punta rompe el hueso y alcanza la vejiga».
Heridas de parte a parte: «Diores fue herido por una piedra puntiaguda que le golpeó la tibia derecha, cerca del tobillo, y que le destrozó a la vez el hueso y los tendones. Cayó en el polvo y, tendiendo los brazos hacia sus camaradas, exhaló grandes suspiros. Pero Peiros, que fue quien lo hirió, corrió hacia él y con un machete lo remató, clavándoselo en el ombligo, dejándole las entrañas al descubierto, y la oscuridad cubrió sus ojos. Pero como Peiros huía, el etolio Thoas le atravesó el pecho, por encima de la tetilla, y el hierro de la lanza se quedó en el pulmón». (2)

En el Canto V de La Ilíada, describe la salida a chorro de la sangre procedente de una herida, observación quizá de una hemorragia arterial. Piensa que la sangre procede de la digestión del pan y del vino, ya que los dioses no poseían licor hemático, al alimentarse de néctar y ambrosía. Hace una minuciosa descripción y demuestra conocimientos anatómicos, en la narración de la pedrada que Diomedes propina a Eneas; «en la articulación del isquión con el fémur, llamada cótila, la áspera piedra rompió la cótila, desgarró ambos tendones y arrancó la piel».(3)

Observemos esta barroca descripción de una muerte causada por una herida de la garganta: «La lanza de Idomeneo, hundida en la garganta de Asio, sale por la nuca : cayó el teucro como en el monte la encina, el álamo o el elevado pino que unos artífices cortan con afiladas hachas, para convertirlo en mástil de navío; así yacía aquél, tendido delante de los corceles y del carro, rechinándole los dientes y cogiendo con las manos el polvo ensangrentado » ( Ilíada XIII). (3)
Y esta narración de la muerte de Héctor a manos de Aquiles (Canto XII de La Ilíada): » Su cuerpo sólo quedaba descubierto por el lugar en que las clavículas separan el cuello de los hombros, la garganta, que es el sitio por donde más pronto sale el alma; por allí, el divino Aquiles envasole la pica a Héctor… y la punta, atravesando el delicado cuello, asomó por la nuca. Pero no le cortó la tráquea… para que pudiese hablar algo y responderle».

Homero describe, al menos, ciento cuarenta y una heridas diferentes.

Al leer los poemas homéricos, se pregunta el autor «uno se sorprende si no tendrá entre las manos un tratado de Cirugía Militar». Existía, acaso, un servicio de Sanidad del Ejército en campaña? Macaón y Podaliro son médicos; los hijos de Asklepios son cirujanos o médicos, en tanto que Aquiles y Patroclos son a la vez guerreros. (2)

Los ejércitos llevaban en sus filas: Arúspices, especie de sacerdotes, una de cuyas funciones consistía en examinar las entrañas de las víctimas para hacer vaticinios o conjeturas acerca de lo que habría de pasar en el futuro. También médicos, músicos, quizá para animar a sus soldados, oficiales y voluntarios, que debieron sentirse orgullosos de seguir a sus héroes.

El médico del ejército es tenido, en la obra homérica, por un personaje importante y absolutamente necesario, dado el tipo de lucha, cuerpo a cuerpo, empleado, y las armas utilizadas para ese entonces. Veamos: Cuando Macaón, médico, cae herido, el propio rey Idomeneo ordena a Néstor: » Tómalo en tu carro y condúcelo fuera de la lucha, porque un médico vale por muchos hombres» (2)

Los soldados heridos eran evacuados en parihuelas de ramas entrelazadas y aún en el mismo escudo de la víctima, hacia la tienda del médico. Luego, un carro, los llevaba hasta las naves fondeadas en el puerto, donde recibirían una mejor atención médica o quirúrgica.

En realidad, los personajes médicos de la obra homérica, son menos hábiles como médicos que como cirujanos militares. Una vez la herida se ha lavado y detenida la hemorragia, se aplicaba un apretado vendaje. ¿Pero qué medicamentos se empleaban después? «Vino dulce y aceitoso al cual se ha echado requesón de cabra y harina, o bien una mezcla de vino, miel y cebolla”.

La Odisea nos brinda una interesante descripción sobre el «nepentes», droga milagrosa que se emplea para «calmar los dolores y la cólera, y hacer olvidar los males». «Todo aquel que la ha bebido ya no deja caer una lágrima en todo el día y ríe, incluso aunque su padre y su madre estén muertos, aun cuando su hermano y su hijo más querido sean degollados en su presencia y ante sus mismos ojos».

Los héroes de La Ilíada, sin embargo, no se enfrentan con fuerzas destructoras, sino con los dioses del Olimpo, que constituyen un mundo armónico, y pleno de sentido. La fe es el complemento necesario en las ideas homéricas sobre la psicología humana.

El poeta emplea gran minucia en la descripción de las manifestaciones somáticas de los estados anímicos del hombre, comparándolos, a veces, con las similares de algunos animales: lágrimas y risas, palidez, relajación de miembros, palpitaciones cardíacas, castañeteo de dientes, entorpecimiento de la lengua, temblor; expresan alegría, tristeza, temor, desdén, indignación y cólera de los héroes homéricos. (3)

Homero, médico de las almas, tanto como de los cuerpos, se inquieta y piensa en el eterno problema del retorno al hogar de los combatientes, luego de permanecer largo tiempo alejados del mismo y de sus familiares. Cuando Ulises regresa a Itaca, está lleno de dudas y lo confunde la profunda preocupación de cómo lo recibiría Penélope, luego de varios años de ausencia.

Homero, con una actitud propia de un psicólogo, nos relata: «Su sirviente personal, Eurinomeo, volvió con una antorcha en la mano, para abrirles camino. Los condujo hasta la alcoba, dejándolo con la felicidad de encontrar nuevamente su lecho y sus derechos de otros tiempos» (2)
En su obra poética, uno de los grandes monumentos literarios conocidos, Homero muestra un perfecto conocimiento de las bondades de una buena relación de pareja.

Se ha sugerido que Homero no es más que un seudónimo, tras el cual se oculta un médico militar muy conocido.

_____________________________

Referencias:

1. Enciclopedia MONITOR. Tomo 8. pág. 3.322-24.

2. André Soubiran y Jean de Kearney. El Diario de la Medicina I. PEV-Iatros, Ediciones Ltda. Pág. 30-31.

3. Lain Entralgo. La Medicina homérica. Historia Universal de la Medicina. Tomo I. Pág. 25l-252, y pág. 258.

4. Historia de la Literatura Universal. Editorial Planeta. Tomo. Pág. 55-64.

 

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

Deja un comentario