Stephen Bantu Biko y Donald Woods

Defensores de la libertad y la igualdad

Tomado de. Oficina de Comunicaicones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico asmedista Roberto López Campo (foto)
Neunmólogo, ex integrante Taller de Esacritores de ASMEDAS Anrtioquia

“Si somos libres en el corazón, no habrá cadenas hechas por el hombre con fuerza suficiente para sujetarnos. Pero si la mente del oprimido es manipulada (…) de modo que crea que es inferior, no será capaz de hacer nada para enfrentar a su opresor”.
Stephen Biko

Una tarde de ocio se me ocurrió prender el televisor y me permitió observar el desarrollo de una cinta cinematográfica que lleva por título “Grito de libertad”, del director inglés Richard Attenborough. Basada en la novela histórica “Asking for trouble” y la obra “Biko”, ambas de la creación del periodista y escritor Donald Woods, quien falleció el 19 de agosto del año 2001, en Inglaterra, a la edad de 67 a causa de un cáncer.

La película cuenta la historia de la amistad entre el activista negro Stephen Biko y el periodista Donald Woods, africano, de origen inglés, en los tiempos del Apartheid en Sudáfrica. Juntos iniciaron un movimiento que defendía los derechos de la gente de color, y el director, Richard Attenborough, utiliza la historia para enviar un mensaje, tierno y doloroso, acerca de la tolerancia y la solidaridad. De unas dos horas de duración, está protagonizada por dos magníficos actores: Denzel Washington, en el papel de Biko, y Kevin Kline, como el periodista.

En Sudáfrica, en los años del Apartheid, la amistad entre un blanco y un negro, no era rara… si eran niños.  Más allá de las barreras legales y los prejuicios, los niños eran capaces de compartir anhelos e ideales, sin tener en cuenta el color de su piel.

Los sudafricanos, de origen inglés, como Woods, eran tradicionalmente más liberales que los “boers”, rara mezcla de descendientes de holandeses, hugonotes franceses e inmigrantes alemanes.

Mientras que líderes negros, como Nelson Mandela, permanecían en las cárceles, otros jóvenes, como Steve Biko, luchaban denodadamente contra la segregación racial implantada por los gobernantes de raza blanca, desde hacía más de dos siglos.

¿Pero quienes fueron esos dos personajes que influyeron, notoriamente, en el pensamiento de la gente de color durante la década del setenta, sometidos por más de dos siglos a la política del Apartheid (separación de las razas), implantada por los gobernantes europeos de diferentes nacionalidades: Alemanes, holandeses, británicos y belgas, entre otros?

Donald Woods nació en una remota aldea surafricana en el año de 1934. Criado bajo principios conservadores, estudió Derecho en Ciudad del Cabo a comienzos del 50. Testigo fiel del maltrato que recibían las gentes de color de las autoridades de piel blanca, comenzó a cuestionarse acerca de los derechos que les asistían, como verdaderos propietarios de esas tierras. Decepcionado ante tantas injusticias, más tarde recordaría cual fue su pensamiento sobre el asunto: “Solía acudir a los debates y lo que escuchaba me convenció de que el apartheid era una gran mentira obscena”.

Deseoso de divulgar su pensamiento, estudió periodismo, pero encontró muchas dificultades para expresarse contra el Apartheid en África. Entonces, viajó a Inglaterra, al Canadá y a los Estados Unidos de América. En este último país tuvo amplios conocimientos sobre la segregación racial de finales de la década del 50.

En 1960 regresó a Sudáfrica y se incorporó al periódico Daily Dispatch; cinco años más tarde fue nombrado director del diario. Alterando la costumbre, contrató a muchos periodistas negros y empezó a editar suplementos especiales para los lectores de raza negra, algunos de ellos en su lengua nativa: la xhosa.

Tales actuaciones se volvieron incómodas para el Partido Nacional, constituido exclusivamente por blancos, y entonces, sus visitas a los tribunales se hicieron rutinarias. Pero su prestigio entre la mayoría negra aumentó extraordinariamente; y aumentó tanto que el primer ministro, John Vorster, lo recibía periódicamente para “conocer lo que pensaba el verdadero enemigo”.

En 1973 conoció a Estephen (Steven) Biko, quien, con sólo 22 años de edad, había fundado el Movimiento Conciencia Negra en 1969 y se había convertido en uno de los dirigentes más importantes de la lucha contra el Apartheid.

El carácter tranquilo y su clara visión sobre los derechos de los negros, del ex estudiante de medicina, le impresionaron y fue así como se decidió apoyarlo en su misión. Pero el régimen de Vorster vio en Biko a su segundo Mandela y mandó detenerlo. La policía lo torturó durante 21 días, hasta causarle la muerte por una hemorragia cerebral.

La persecución del régimen se extendió hasta Woods, quien contaba con 42 años de edad y había publicado fotografías del cadáver de Biko, en las cuales se apreciaban con suficiente claridad los signos de tortura en su rostro y en su cuerpo. Había desmentido así al jefe de policía, quien mediante un informe oficial sostuvo que Stephen Biko había muerto como consecuencia de “una huelga de hambre”.

Donald Wood fue detenido, se le aisló en su propia residencia junto con su esposa, Wendy, y sus cinco hijos. Se le prohibió escribir y hablar en público, y fue retirado de la dirección del periódico. Interesado en escribir un libro en el cual denunciaría las injusticias cometidas por las autoridades y la verdadera causa de la muerte de Biko, decidió escapar. Disfrazado de sacerdote y ayudado por un sacerdote amigo, huyó a Lesotho, la noche de Año Nuevo del año 1977.

Su esposa y sus cinco hijos, durante una noche intensamente lluviosa, ayudados por sus padres, lograron huir, para encontrarse con su marido en Lesotho. Unos amigos le facilitaron una avioneta, en la cual un experto piloto conocedor de la región los llevó hasta Ciudad del Cabo, de donde viajó a Inglaterra.

En el exilio escribió la biografía de Biko y su propia autobiografía. Divulgó, en Norteamérica y varios países del continente europeo, las atrocidades cometidas por las autoridades sudafricanas, la restricción a la libertad de las gentes de color y las condiciones de pobreza y explotación a las que estaban sometidas la mayoría de ellas.

La reina Isabel II de Inglaterra lo nombró, en el 2000, Comandante del Imperio Británico, una de las principales condecoraciones del Reino Unido. Asesoró a la Unión Europea en su política de sanciones contra Sudáfrica, en los 80, a pesar de los esfuerzos de la Primer ministro Margaret Thatcher por impedirlo.

Stephen Bantu Biko nació el 18 de diciembre de 1946 en Ginsberg, un poblado negro en la afueras de la ciudad de King William´s Town, en el este de Sudáfrica. Estudió en una escuela católica e inició los estudios de medicina, que luego abandonó.

Insatisfecho con el trato que recibían los negros africanos por parte de la autoridades, desde muy joven se dedicó a despertar la conciencia de sus coterráneos, impulsándolos a creer en sí mismos. Con valentía, se enfrentó al sistema de exclusión en el que le había tocado nacer, el Apartheid, con el que los blancos de Sudáfrica oprimieron durante décadas a la mayoría negra.

Biko percibió que los negros jamás lograrían su libertad política si seguían sintiéndose inferiores a los hombres de raza blanca. Generaciones crecidas en la miseria, confinadas en precarios asentamientos, sin acceso a las oportunidades que gozaba la población blanca, habían dejado, según Biko, una melladura fatal en el espíritu de la población negra. Era preciso rescatar su autoestima mediante la educación y restaurar los movimientos de lucha negra.

Los escritos, discursos y acciones de Biko, le aseguraron el papel de héroe para millones de sus conciudadanos. También acabarían acarreándole su muerte.

En el año de 1969 fundó la Organización de Estudiantes Surafricanos (SASO), que comenzó a ofrecer asistencia médica y legal en comunidades negras y a impulsar la creación de pequeñas empresas. En 1972 fundó, junto con otros activistas, la “Convención de Pueblos negros” que reuniría a más de 70 asociaciones. Una de ellas el movimiento estudiantil que estuvo en la protesta de uno de los episodios más sangrientos del Apartheid: la protesta de niños y adolescentes negros que exigían lecciones en sus propias lenguas, y no en el lenguaje oficial de los blancos, el afrikaans.

Los levantamientos de Soweto cortaron la vida a más de 100 menores, entre ellos Héctor Peterson, de 13 años, cuya foto, en los brazos de su hermano, dio la vuelta al mundo y se transformó en uno de los símbolos de la lucha contra el Apartheid.

Biko fue arrestado e interrogado en numerosas ocasiones por las autoridades. Con entereza y argumentos contundentes, mediante los cuales promulgaba el derecho del hombre negro y la igualdad sin distingo de razas, se enfrentó a los jueces y fiscales que le acusaban de insubordinación y terrorismo.

Casado y padre de dos hijos pequeños, en agosto de 1977, cuando regresaba de un mitin político, fue arrestado por las fuerzas de seguridad de Port Elizabeth. Torturado con alevosía, durante 21 días, fue víctima de los maltratos de la policía.

El 11 de septiembre Biko entró en un estado de semiinconsciencia y el médico de la policía solicitó la presencia de un neurólogo y su traslado al hospital. El jefe de policía tomó la determinación de trasladarlo, desnudo, a un hospital de Pretoria, situada a 1.200 kilómetros. El viaje, de más de 12 horas, se hizo en un Land Rover, algo destartalado, con el cuerpo de Biko tendido en el piso del automotor, que saltaba en cada bache de la deteriorada carretera.

Estaba próximo a cumplir los 31 años de edad. Murió pocas horas después, el 12 de septiembre de 1977.

El nombre Stephen Bantu Biko hace parte de la extensa lista de hombres y mujeres Sud africanos que sacrificaron su vida por haber luchado, con denuedo, por la igualdad de las razas, exigiendo los derechos que le habían negado los invasores europeos, después de haberlos explotado durante varias décadas.

En años recientes, agobiados por la pobreza, por el hambre y por la falta de empleo, miles de africanos han intentado emigrar hacia el continente europeo, pero sus habitantes, olvidando el daño y las humillaciones a las que los sometieron durante tantos años sus antecesores, los desprecian y los expulsan de sus territorios.

Muchos han perecido, en el Mediterráneo, en sus intentos por alcanzar las costas del continente europeo, soñando un futuro más promisorio y placentero.

 

Tomado de. Oficina de Comunicaicones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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