El desarrollo regional y los diálogos regionales vinculantes

Tomado de: www.sur.org.co

Por: Pedro Santana Rodríguez (foto)
Director Revista Sur

Una de las consecuencias del dominio ideológico, político y académico del neoliberalismo en la región de América Latina y en Colombia, fue el empobrecimiento del debate sobre el modelo de desarrollo de nuestros países. En Colombia se dio en los años ochenta del siglo XX ante el quiebre del modelo de sustitución de importaciones. La adopción de la descentralización que en Colombia se dio mediante la aprobación de la elección popular de los alcaldes (Acto Legislativo 01 de 1986 y leyes 11 y 12 del mismo año) fomentó un intenso debate sobre el modelo de desarrollo y la descentralización como un instrumento de lucha contra el modelo centralista, pero el neoliberalismo simplificó al máximo la discusión puesto que en su simplismo lo que había que hacer era insertar nuestras economías en la globalización, eliminar los aranceles, y dejar que el mercado fuera el que asignara los recursos.

El proceso de inserción se hizo a costa de la destrucción de los aparatos industriales surgidos en la fase de sustitución de importaciones y nuestros países se reprimarizaron dirigiendo de nuevo su economía a la extracción de los recursos naturales, en nuestro caso de petróleo, oro, carbón, níquel y de algunos productos agrícolas como el café, el banano y las flores, sin ninguna industrialización que agregara valor a estas exportaciones. Lo que había que hacer era abandonar las políticas proteccionistas y adentrarnos en el comercio internacional, pues se decía que en muchos sectores económicos era mejor importar, por ejemplo, los alimentos, puesto que era más económico importarlos que producirlos aquí. Así pasamos de ser un país con soberanía y seguridad alimentaria a un país dependiente. Actualmente importamos 14 millones de toneladas de maíz, trigo y frijol, principalmente. No reparaban nuestros neoliberales que en Estados Unidos y Europa la producción agrícola goza de grandes subsidios a los productores mientras que nuestros campesinos no reciben ningún subsidio o muy escasos recursos. Con ello se afectó profundamente las economías campesinas que resisten aún sin una política Estatal de apoyo, estímulos y políticas de crédito, mercadeo, asistencia técnica.

Con la llegada de Gustavo Petro a la presidencia de la República, y en las dos últimas campañas electorales, la discusión sobre el modelo de desarrollo y las políticas de reindustrialización se pusieron nuevamente en la agenda pública y política. Obviamente, no es la reproducción mecánica de las discusiones y debates que en los años ochenta del siglo XX estaban muy influidas por la teoría de la dependencia; ahora estamos en una fase muy distinta con crisis climática y energética, apartheid social, dominio de mafias en los territorios, crisis de la política y bancarrota del neoliberalismo, y en nuestros países dependencia de las industrias extractivas y atraso económico, así como en la fase de desarrollo en que el conocimiento es vital si se quiere salir del subdesarrollo. Un desarrollo que debe tener en su base el conocimiento, para impulsar un nuevo modelo que tiene que ser sustentable, con base en energías limpias, pues lo que está en peligro con el calentamiento global es la existencia misma de la especie en nuestro planeta.

Es en este contexto que, desde el discurso de la victoria el 19 de junio del presente año, el presidente Gustavo Petro planteó la necesidad de unos diálogos regionales vinculantes. Desde entonces la discusión se ha profundizado sin llegar a definir claramente qué se entiende por tales diálogos. La propuesta permanece abierta y debe entenderse que debe ser enriquecida en el debate público definiendo claramente sus objetivos y su metodología. El presidente Petro los ha referido en su carácter vinculante al Plan Nacional de Desarrollo y es en este marco que debe profundizarse la discusión. Pienso que en primer término hay que debatir y reflexionar sobre lo que no deben ser esos diálogos regionales vinculantes. No pueden ser, en mi sentir, una larga lista de pequeñas obras a la usanza de los PDET que son los 16 planes de desarrollo regional que deberán implementarse en los 170 municipios que con mayor intensidad vivieron el conflicto entre las FARC-EP y el Estado colombiano. Allí se confeccionó, con la participación más de 220 mil personas, un listado que dejó como resultado una larga lista de 32 mil proyectos que combinan grandes obras con obras pequeñas pero que adolece a mi juicio de un norte estratégico de largo plazo que debería tener como base la vocación del territorio y de sus habitantes, ¿sobre qué bases económicas y productivas se plantea la inserción de estas regiones de la Colombia profunda a la economía colombiana, al mercado interior? ¿Cuáles son los sectores líderes para que esos territorios se inserten de manera adecuada y competitiva en el mercado interior? Esos territorios han vivido principalmente de la minería muchas veces ilegal y de los cultivos de coca y marihuana, ¿cómo y en qué sectores debería replantearse su economía? Es obvio que los neoliberales no piensan sobre estos interrogantes y por ello quienes somos sus críticos estamos obligados a hacerlo para producir un modelo que inserte a estas regiones en la economía nacional?  De modo que no pueden los diálogos regionales ser una deliberación para la confección de un largo listado de reivindicaciones.

A mi juicio los diálogos regionales vinculantes deben tener dos componentes principales que deben ser planteados desde su convocatoria. En primer lugar y con base en los estudios que haya en la región, en las Universidades y centros de pensamiento, identificar las vocaciones del territorio y sus habitantes. Por vocación debe entenderse las características geográficas, los recursos naturales, la base económica existente, sus características socioeconómicas las cuales deberían ser potenciadas, identificar no más allá de tres sectores líderes que deberían lograr el consenso de los habitantes para plantear proyectos concretos que empujen la economía regional con base en sus ventajas comparativas.

Hace muchos años ya, por ejemplo, en la región del eje cafetero se ha discutido sobre la necesidad de industrializar el café con la torrefacción del mismo para la producción de cafés solubles que hoy se hace en una escala pequeña con la fábrica de propiedad de la Federación Nacional de Cafeteros de Café Liofilizado que tiene sede en Chinchiná, Caldas. Es un viejo debate en toda la región. Más recientemente, y dada la vocación turística del territorio y a propósito de la reconstrucción de la región devastada por el terremoto que sacudió a la región el 25 de enero de 1999, se discutió sobre la posibilidad de construir un cable aéreo entre Armenia y el Parque Nacional de los Nevados que sería un atractivo de interés mundial dado que los nevados del Tolima, Santa Isabel, El Ruíz, tienen nieves perpetuas que no se encuentran en el mundo sino allí. Este sería un plus a las atracciones turísticas que ya tiene la región como el Parque Nacional del Café localizado en Montenegro en el Quindío, Panaca y otras atracciones turísticas que tiene la región como los termales de otoño en Manizales, o lo que se denomina el paisaje cultural cafetero.

Un par de cables aéreos de Manizales y Armenia al Parque Nacional de los Nevados sería indudablemente un aporte a la industria turística mencionada como una de las locomotoras del crecimiento por el presidente Petro en su campaña presidencial. Obvio que todo ello debe hacerse con base en serios estudios de sus impactos ambientales y las características que deberían tener esas nuevas infraestructuras. Otro de los sectores líderes en la región es el proyecto de la ciudadela universitaria dado que existe en la región una infraestructura de educación superior muy importante. Este ejemplo, de una región del país concreta y la cual conozco porque nací allí y durante decenas de años he estado vinculado a la misma, me permite reflexionar sobre lo que yo creería deben ser los objetivos de los diálogos regionales vinculantes. Y ese ejercicio debería hacerse por regiones con sus medios académicos, industriales, trabajadores y en general con sus habitantes. Es decir, debe ser un diálogo participativo que involucre a los gremios de los trabajadores, empresarios, universidades, movimientos sociales. Así los diálogos regionales deberían poner nuevamente sobre la mesa pública de discusión estos temas concretos que deberían ser recogidos en el Plan Nacional de Desarrollo. Allí deberían consignarse los primeros esbozos de estos proyectos para la región caribe y sus siete departamentos, para el Valle del Cauca y el suroccidente del país, para las regiones de frontera. Partir que nuestro país es un país de regiones y que se debe avanzar en proyectar su desarrollo equilibrado.

Un segundo componente son acciones de corto plazo y un ejemplo que se me ocurre es el de la lucha contra el hambre. Aquí se trataría de ver desde las regiones cómo se enfrenta este problema que es una prioridad del Gobierno nacional. Aquí en este terreno es cómo y con qué instrumentos se hace frente desde las regiones a esta problemática que no da espera y ello pasa por una política nacional que, en mi sentir, está bien recogida en el proyecto de Ley que se encuentra en discusión del Congreso de la República y que tiene dos componentes centrales: (1) aumento de los subsidios monetarios que deben ser distribuidos a través de las redes existentes que en el entretanto deberían ser depuradas para que estos subsidios lleguen a la gente que los necesita con urgencia (Familias en Acción, Ingreso Solidario, Adultos Mayores, Jóvenes en Acción) y (2) impulso de una política de siembras de cultivos esenciales de la canasta familiar que deberían tener estímulos inmediatos de créditos de fomento, garantía de compra de cosechas, subsidios a los fertilizantes y fungicidas, etc., al tiempo que se restablece el Idema liquidado, tal como lo propuso el presidente Petro en su campaña. Los diálogos regionales deberían discutir la forma como se va a hacer frente al hambre que viven hoy más de 17 millones de nuestros compatriotas.

Hay dificultades con los tiempos, puesto que a comienzos de noviembre, de acuerdo con la normatividad vigente, el Departamento Nacional de Planeación, DNP, debe entregar al Consejo Nacional de Planeación las bases del Plan de Desarrollo para la deliberación en todo el país sobre este documento. Creo que paralelo a esa discusión y hasta mediados de enero del próximo año debería extenderse el período para que se puedan realizar esos diálogos regionales vinculantes que nutran al Plan Nacional de Desarrollo con insumos que replanteen de fondo el modelo actual y que nos permitan acercarnos a la creación de una economía productiva superando la economía extractivista a la cual nos condujo el modelo neoliberal vigente. Así mismo, desde el DNP deberían producirse unos documentos borrador regionales sobre alternativas del desarrollo de esas regiones que resuman el estado del arte según cada región o, si ello no es posible, el DNP podría ayudar instalando unas mesas técnicas por regiones que produzcan un borrador que oriente las deliberaciones de los diálogos regionales vinculantes. Estos documentos serían borradores para la discusión sin que se cierren a la recepción y discusión de otras propuestas. El DNP debería producir un documento metodológico que oriente las deliberaciones de estos diálogos, así como unas fichas técnicas en que se recojan las conclusiones de los diálogos. Así tendríamos una discusión real con vocación de cambio y de futuro para nuestro país. A mi juicio vale la pena intentarlo.

 

Tomado de: www.sur.org.co

 

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