Bienvenida la paz

No más guerra en Colombia

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico asmedista Juan Fernando Uribe Duque (foto)
Escritor, poeta

Conseguir la paz no es fácil, pues a veces es una guerra perdida. Esperar más muertos, más masacres y más dolor para sentarse a pactar con el enemigo, es un crimen. Esa dilación se hace a expensas de los más débiles, a quienes los señores de la guerra exponen mientras se ablandan los ánimos y preparan el camino para volver a empezar, máxime si el enemigo actúa desde la sombra, a mansalva y sobre seguro, además fortalecido con el poder económico, la sevicia y el sadismo que da el narcotráfico y más de cincuenta años de proscripción y delito.  El saberse un perdedor inderrotable alimenta un sentimiento malsano y carroñero.

En Colombia, la violencia se ha caracterizado por ser una corriente venenosa a la que le hemos hecho el quite evadiéndola con falsos paraísos en los cuales participan los actores armados construyendo una vida de fachadas felices y múltiples distractores de falsa alegría y progreso. Aún dentro de las mismas fiestas populares, el colombiano convive con treguas tácitas en las que niños, jóvenes y padres de familia participan al lado de los delincuentes y de toda su representatividad cultural de los festejos aceptándolos, incluso en clubes y conciliábulos otrora muy exclusivos: en un estadio, en un Coliseo o en un desfile detectamos el mafioso y sus guardaespaldas; en los pueblos todos se dan cita en las galleras, conciertos y cabalgatas.  Allí se reconocen y, una vez pasado el divertimento, esperan puntuales la próxima masacre o el secuestro.

Es una guerra permitida y adaptada a un trasegar enfermizo que nos ha creado una actitud paranoide e irreflexiva que ahonda cada vez más la segregación y la brecha social, pues creemos que el pobre, el indio o el negro son los malos y los más peligrosos.  La poca conciencia nacional se perdió por la guerra y nos ensucia cada vez más. Nos hace desconfiados, agresivos, ladrones de la alegría, nos disfrazó de benevolentes en un mundo de miedo.

El DIÁLOGO que se pretende reinstalar será ya en otros términos y eso implica conocer el sustento de nuestra economía y la realidad social de todos los grupos involucrados bajo una misma bandera: LA PERSISTENCIA FORZOSA DEL NARCOTRÁFICO; y Colombia, querámoslo o no, será la abanderada en una nueva alternativa impostergable a nivel mundial.  EN TODO EL PLANETA SE CONSUME COCAÍNA Y SE FUMA MARIHUANA, y eso es inevitable por más peroratas que se griten, por más bendiciones que nos demos y por más súplicas al cielo; hay que emprender urgentemente un proceso de LEGALIZACIÓN Y DESPENALIZACIÓN con miras a retomar la senda correcta fortaleciendo la educación y la salud públicas.

Pregunto: ¿Cuántos de nosotros nos convertimos en delincuentes por ver películas sobre delincuentes?  ¿Quién de nosotros es alcohólico por ver la publicidad de la cerveza, el ron o el whisky?  La otra pregunta es:¿A quién interesa continuar la guerra en Colombia?  ¿Para quién es un buen negocio?

Tanto las disidencias de las Farc, el ELN, ni qué decir El Clan del Golfo, Caparros, Rastrojos, etc., son grupos de narcotraficantes. Santos no acabó con las Farc. Las acabó el narcotráfico que las permeó desvirtuándolas.  Por eso, los viejos jerarcas se retiraron, pues sabían que la guerra política estaba perdida y era preferible pasar los últimos años de vida al lado de sus familias que tener que estar escondidos en el monte guerreando en una guerra absurda llenos de dinero y problemas.  Los cinco frentes que persisten como Disidencias son comandados por guerrilleros jóvenes, mafiosos y terratenientes.

Todo este fenómeno alimenta la realidad FEUDAL de un país donde las mejores tierras -improductivas casi todas- están en su poder.  Por ello, el diálogo se impone bajo estas circunstancias, bajo esta realidad cruel pero inmodificable.  Colombia tiene que aceptar su destino, no puede seguir peleando contra un torbellino irrefrenable; de seguir reprimiendo el narcotráfico, este seguirá fortaleciéndose llevando al país a un caos ambiental y social definitivo y sin retorno.

Es ahora o nunca.  Necesitamos de representantes inteligentes, curtidos, conocedores de la historia y de mente y corazón abiertos.

 

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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