Homenaje al doctor Manuel Uribe Ángel (1822-1904)

Tomado de: Periódico el Colectivo, edición #73
Abril de 2022

Por: Médico Félix Orlando Giraldo Giraldo

Médico emblemático de finales del siglo 19 en Antioquia, nacido en el municipio de Envigado, quien, además, fue muy brillante en otras áreas del conocimiento.  Obtuvo el título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1844 en la Universidad Central de la República en Bogotá, Colombia, lo mismo que en Quito, Ecuador, en  1845. En 1895 dejó de recetar y operar para el público, mas no para los pobres y sus amistades, a los que atendió hasta los últimos días de su vida.

La colonia española de New York, en el año de 1875, le dio el título de “Sabio Uribe Ángel”, cuando se celebraba una fiesta literaria conmemorativa de la muerte  de Cervantes.   Según sus biógrafos, fue médico y cirujano, botánico, orador, escritor de relatos de viaje, reflexiones filosóficas, crítico de arte, fundador de  museos y academias, asesor de gobernantes, profesor y empresario. Siempre se preocupó por enseñar. Fue asesor en la fundación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia y uno de sus primeros profesores; fundador de la Academia de Medicina de Medellín (7 de julio de 1887), de la que fue su primer  presidente, así como de la Academia Antioqueña de Historia y del Museo de Zea (actualmente Museo de Antioquia).

Uribe Ángel fue profesor de anatomía topográfica, clínica terapéutica y materia médica en el año de fundación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia en 1872, cuando inició los cursos de anatomía, física, fisiología y patología, con diecisiete estudiantes, pero solo seis lograron graduarse en 1875.

En París, se formó bajo los parámetros de la medicina anatomopatológica, que tenía como principio que la enfermedad es una lesión anatómica que se manifestaba con la lesión de ciertos órganos del cuerpo e identificable por medio de los sentidos del médico, conservando la idea del desequilibrio de los
humores hipocráticos (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) y consideraba que los vapores miasmáticos causaban enfermedades.  El miasma se creía que era un vapor maligno que despedían los cuerpos enfermos, las aguas estancadas y la materia en descomposición.

Manuel Uribe Ángel enseñó los cursos de terapéutica, medicina legal y cirugía. Sus alumnos fueron los primeros médicos graduados en Antioquia: Jesús María  Espinosa, Tomás Bernal, Alejandro Fernández, Julio Restrepo, Ramón Arango y Francisco Velásquez, quienes recibieron el título de Medicina y Cirugía luego
de presentar exámenes en forma individual y bajo la supervisión de un examinador para  cada uno. Estos examinadores, en compañía del rector de la  Universidad, consignaban el resultado correspondiente.

Intervino como médico divulgador de las nociones higiénicas y salubres a través de artículos de prensa y folletos. Luego, con otros  médicos de la Academia de  Medicina, actuó de manera particular y en comisiones destinadas a emitir conceptos sobre salubridad y reordenamiento urbano.

Su artículo, Higiene Pública (26 de octubre de 1882), tuvo la finalidad de invitar a los habitantes de Medellín a mantener la limpieza y el aseo de la ciudad y de la  quebrada Santa Elena, del mismo modo como se haría en una casa a la cual se le hace aseo diario, pues aquella se había  convertido en una cloaca llena de basuras y de contaminantes nocivos como consecuencia del crecimiento de la población a la orilla de la misma. Escribía: “Aumentada la población en las  márgenes del torrente, objetivo de nuestro actual estudio, será fácil comprender que las basuras y desperdicios de varias habitaciones, arrojados al cauce, habían de formar gruesos montones que no pueden ser arrancados por la escasez de la corriente”, de acuerdo a la biografía de Jorge Andrés Suárez (1922). Propuso e invitó a la gente a no arrojar basuras a la quebrada y planteó la idea de canalizarla. Esto solo se hizo en el siglo 20.

En 1890, participó con los médicos Francisco Uribe y Rafael Pérez en una comisión para que emitiera un concepto sobre las caballerizas  de la ciudad. Su opinión  fue que estas eran posibles focos de infecciones y recomendó una reglamentación e inspección de las mismas, como el buen aseo de estos establecimientos,
los cuales debían mantener el piso seco, y buena eliminación de excrementos y basuras.

En 1891, ante una posible epidemia de viruela en Medellín, la recomendación de Uribe Ángel al gobierno fue que se decretara la vacunación obligatoria para  todas las personas y que los enfermos de viruela no debían ser  trasladados a los hospitales sino a un lugar especial y exclusivo para estas personas, cosa
que ocurrió en 1896, año en que las autoridades construyeron el hospital de virolentos en el sur del Valle de Aburrá, cuando la epidemia amenazaba a la ciudad de Medellín.

La Academia de Medicina dedicó buena parte de su trabajo a mantener y mejorar las condiciones del hospital de caridad, del que Uribe Ángel fue director en  1860. Fomentó las prácticas médicas de los jóvenes estudiantes de la facultad de medicina en el hospital, incluso los exámenes destinados como requisito para el
grado.

Fue defensor, como el que más, de las actuaciones éticas de los médicos. Escribió en 1881: “Mal pudiera yo afirmar que nuestra situación a este respecto sea satisfactoria. Carecemos de un anfiteatro anatómico, no tenemos pabellón quirúrgico; las vivisecciones nos son desconocidas; los laboratorios vienen con la paz y se van con la guerra; hay ausencia completa de las bibliotecas; los museos no existen; las colecciones de historia natural tampoco; las juntas académicas no se
han formado aún; la escuela está por reunirse; la universidad embrionaria y el profesorado sin rigor… en una palabra, acción individual, entusiasmo aislado,  interés sin conexiones prácticas, sin estímulo, sacrificios sin adecuada recompensa, pero deseos eminentemente puros por el progreso de nuestras facultades, es  todo lo que podemos disponer y todo lo que revela una promesa”.

En 1850, estando en Ecuador, conoció a Simón Rodríguez, maestro del Libertador Simón Bolívar y, como buen historiador, le preguntó y confirmó la veracidad del  Juramento del Monte Sacro que hizo el Libertador en la Roma de 1805.

(Foto de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales -Biblioteca Luis López de Mesa-)

 

Tomado de: Periódico el Colectivo, edición #73

 

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