Cannabis y Cía

(Puñalada a los humildes)

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico asmedista Juan Fernando Uribe Duque (foto)
Escritor

Al fin entró la moda de la legalización y uso de las plantas prohibidas, de esas «matas que matan» y que, por generosas, mágicas y terapéuticas, van superando la fase del convencimiento entre los gobernantes luego de pasar fronteras de mojigatería y prejuicio. Los cultivos de cannabis, o mejor llamémosla por su nombre comercial y cariñoso: MARIHUANA, así sin disimulo, Bareta, Cosa, Chirusa, Mona, Yerba, Varilla, o sus anexos cuando de cigarrillos se trata Polaris, Joint, Porro, Varillo, Plon o Bareto, ha hecho el ingreso a los anaqueles y mostradores de farmacias o mercados en forma de gomas, confites, aerosoles, pomadas o menjurjes con la esperada bonanza de impuestos para el país, y la inequidad en el otorgamiento de licencias para su cultivo y distribución, pues también es sabido que las trasnacionales o los amigotes del político de turno estarán atentos desplazando al campesino para quedarse con el negocio, como ya sucede en la Sierra Nevada, en donde se vienen sucediendo desplazamientos bajo amenazas e incendios de asentamientos enteros.  Se repite la historia: después de la satanización, viene la bendición a los poderosos y la puñalada a los humildes.

La COCA, por su parte, planta sagrada de los pueblos originarios de la Amazonia, cuyo cultivo y uso abarca toda una cultura milenaria llena de conocimiento y sabiduría, espera también superar el oprobio al que se vio abocado. Su producción industrial y sus múltiples usos terapéuticos como anestésico, analgésico, además de su poder sicoactivo como medicamento contra un sinnúmero de padecimientos nerviosos, espera su turno para desligar su nombre del delito al que toda una cultura narcotraficante satanizó ocultando sus maravillas y relegándola a un ambiente de violencia y deterioro social.

A las llamadas » Matas que matan» les llega el momento, cada fenómeno crea su contexto y nos preguntamos si en Colombia, después de casi medio millón de muertos y seis millones de hectáreas despojadas y otros tantos de conciudadanos desplazados, ¿cómo se puede entender que un presidente confirme, con extraña tranquilidad, que ya está permitido el cultivo y su uso medicinal?  Todo como si nada hubiera pasado, como si desde un principio no supiéramos que toda esta guerra absurda se habría ahorrado y en vez de eso ya seríamos el primer productor mundial junto con la marihuana y el café?

Hoy es la marihuana, mañana la coca y sus derivados.

¿Cuántos muertos más tenemos que soportar?  ¿Cuántas narconovelas más?  ¿Cuánta guerra?

 

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia