Cabal modernidad

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico asmedista Juan Fernando Uribe Duque (foto)
Escritor

Lo grave es creer que las cosas marchan bien, que el desarrollo ha sido sostenido y que, de seguir como vamos, el país entrará en la senda del bienestar.  Pero nos equivocamos, vamos como todos a la hecatombe ecológica y con ello a una precariedad existencial cada vez más abyecta.

La llamada MODERNIDAD ocultó un cúmulo de saberes que nuestros ancestros originarios habían depurado durante miles de años y que los hicieron partícipes de las bondades de la naturaleza.  Eran conocimientos altamente sofisticados que, con la invasión de los europeos, desaparecieron quedando en la custodia de unos cuantos sabedores.

Esa modernidad eurocéntrica, machista, dualista, racista, sexista, homófoba y cristianocéntrica, originó toda una lógica civilizatoria alimentada por un capitalismo cada vez más voraz que despersonalizó al hombre convirtiéndolo en una máquina de consumo y destrucción de la naturaleza que ahora lo ha puesto ad portas de su propia extinción.

La capacidad crítica ha desaparecido y, tanto los gobiernos, sus líderes, incluso nuestra propia actitud ante la vida, aún aceptan que dentro de los mismos parámetros en los cuales se mueve actualmente la vida, sobreviviremos; nada más engañoso: Guerras, saqueos ecológicos, destrucción, contaminación, degradación moral, corrupción, depresión, desesperanza, iniquidad, pobreza, hambrunas, en una sola palabra una llamada «modernidad» como el engendro más miserable, habla de un mundo en caos y una lucha absurda por dominar la naturaleza.

Erramos el camino y estamos en una encrucijada de muerte… o ante la posibilidad de redirigir el camino y optar por la dignidad y la vida.

Las cumbres ambientalistas han definido límites a la explotación de recursos energéticos fósiles como el petróleo, el carbón y el gas, así mismo el maltrato a las fuentes de agua y a la deforestación. El paso debe ser transitorio pero definitivo. Ya las potencias advierten la crisis del agua y ríos que antes desembocaban caudalosos al mar, ahora son simples corrientes de estación que muestran sus cauces secos durante gran parte del año.

En Colombia, el ejército de Estados Unidos ha establecido siete bases militares mirando al sur con el pretexto de luchar contra el narcotráfico, pero la realidad es otra: Vigilan el agua y el oxígeno de la Amazonía, atento a la rapacidad de chinos, rusos, canadienses y franceses, todos ellos conscientes de la tragedia ambiental que se cierne como epílogo de una posmodernidad trágica.

Haber negado la licencia ambiental para la explotación minera en Jericó es una señal de que estas determinaciones no deben ser solo transitorias medidas para atenuar una mala imagen política antes de las elecciones.  Debemos permanecer alerta para impedir semejante afrenta, así mismo seguir en el estudio de la importancia de crear una CONCIENCIA COMUNITARIA pluriversal con el nacimiento de una nueva cosmogonía tendiente a redirigir la senda que se perdió al ocultar todo el saber ancestral de los originarios pobladores de los nuevos mundos muy diferentes a la Europa decadente y enferma que nos invadió, saqueando y embruteciendo.

La izquierda debe abstraerse de la postura posmoderna fracasada y elaborar otra cartografía de saberes con miras a impulsar una lucha antisistémica contra el neoliberalismo depredador excluyente, racista, sexista, corrupto y ecologicida; de lo contrario, se caería en el mismo error de la Unión Soviética al finalizar el Siglo XX, donde los obreros mismos se levantaron contra un «Estado obrero».

Se debe propugnar por una nueva subjetividad en la comunicación interpersonal, la «Otredad» entendida como la comunicación efectiva hacia objetivos de bienestar común, -como parte misma de la intimidad personal-, no como entes individuales paranoides y al acecho… tal vez como animales neoliberales armados a «cabalidad».

 

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia