Álvaro Londoño Mejía

La personificación de la Justicia

Tomado de: Boletín Antioqueño de Historia de la Medicina, 8 de mayo de 2001

Por: Médico Alberto Betancourt Arango
Profesor de Ginecología y Obstetricia
Miembro de la Sociedad Antioqueña de Historia de la Medicina

Hace poco, la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia inauguró los nuevos equipos electrónicos en el antiguo anfiteatro de Anatomía: Luces artificiales, ventanas que se abren en sentido horizontal o vertical, según las necesidades de ventilación, tecnología de punta en los métodos audiovisuales de enseñanza, etc., etc.

Cómo me habría agradado haber podido abrazar estrechamente a mi antiguo profesor de Anatomía, cuyo nombre es un símbolo de los estudios anatómicos de la Facultad de Medicina, y decirle unas cuantas palabras que testimoniaran mi agradecimiento, más que por sus enseñanzas anatómicas, por el modelo de identificación fuerte y vigoroso que supo brindar a sus alumnos, yo entre ellos.  Nada hay tan afectivo en el proceso educativo que un Profesor que enseñó, más que con los preceptos, con su estilo y régimen de vida.  Séneca escribía a Lucilio, en una de sus cartas: “El camino de los preceptos es largo y difícil, el del ejemplo es corto y eficaz “.

Su ingreso a la dirección del Departamento fue gradual y sin recomendaciones, a excepción de sus capacidades y consagración al estudio: Director por concurso, Jefe de disectores por concurso, Jefe del Departamento de Anatomía por concurso; sabía que la información en un docente, aunque es importante, es hasta cierto punto accesoria, y que el fuerte de la docencia se hace en una forma serena, insensible, casi como un contagio, sin ruidos ni estridencias, en la intimidad de una palabra, de una expresión llena de bondad, de un gesto de alerta; finalmente, como una introyección de la vida del docente en la formación progresiva del alumno.

Queremos resaltar de la capacidad docente de Álvaro, su amor a la justicia; nunca claudicó ni ante la alabanza adulatoria ni ante la maledicencia y vituperación de quien iba mal en la materia; su equilibrio emocional le permitió entender que, sólo en la justicia, el saber dar a cada cual su merecido reside el gran compromiso de quien enseña.

Se ha dicho, no sabemos si con razón, que por Abejorral, su tierra natal, pasaba el meridiano de la inteligencia; de lo que sí estamos seguros, después de conocer su trayectoria, es que por Abejorral pasó el meridiano de la justicia y de la equidad, y que si quisiéramos darle una denominación propia y concreta, tendríamos que hablar del meridiano Álvaro Londoño Mejía.  Su ponderación en las palabras, su conversación que despedía sinceridad y lealtad y, sobre todo justicia, su capacidad persuasiva en el consejo y la monición, fueron otros tantos pilares en la construcción del edificio docente que plasmó y levantó para bien de las generaciones médicas.

Sean estas líneas un mínimo homenaje de gratitud de quien es su discípulo agradecido y de quien aspira a que dichas semillas de sapiencia y equidad, fructifiquen al ciento por uno.  En esta apreciación sé que me acompaña la inmensa cauda de sus discípulos.

Sé también que los dioses obturaron sus oídos para que no fueran conscientes de tantas necedades y sandeces de este mundo, pero su mente permanece lúcida, como estaba en los tiempos de actividad en la cátedra. Quiero repetirle las palabras con que Virgilio, el príncipe de los poetas latinos, agradecía a Augusto el beneficio material de haberle devuelto la pequeña heredad cerca de Mantua: «Él será para mí siempre un Dios, en mis altares, permanentemente estará en sacrificio la más tierna de las ovejas de mi rebaño».

Cicerón, el máximo orador romano, al terminar el segundo libro de “La República», pone en boca de Escipión una sentencia, que séame permitido adaptar a la labor ingente de Álvaro Londoño en la docencia universitaria: “Sin una extrema justicia es imposible construir sólidamente la armazón de una docencia efectiva e integral».

Artículo enviado para el Boletín Momento Médico por el médico Roberto López Campo, secretario y miembro del Comité de Redacción del Boletín Antioqueño de Historia de la Medicina, mayo de 2001.

Tomado de: Boletín Antioqueño de Historia de la Medicina, 8 de mayo de 2001