Superficies

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico asmedista Juan Fernando Uribe Duque (foto)
Escritor

En todo movimiento, siempre hay planos de acción.  En el devenir actual de la historia en Colombia, la visión es muy clara: en la primera capa coinciden los estratos del poder disputándose, a manera de rapiña, las mieles del erario público. Políticos y sus bandidos asociados, incluso desde las cárceles elegantes donde siguen siendo usados como imprescindibles conocedores del tramado delincuencial, estos ofician como protagonistas de la desfachatez que produce la corrupción. Atestiguan mintiendo, se retractan a discreción y actúan llevándose por delante a los medios y a una moral maleable enseñada a los más vistosos y prácticos disfraces.  Luego de asegurar el botín, vuelven a un supuesto anonimato de condenas por cumplir, pero es sabido que se recorren el mundo y trasiegan de curul en curul, o de club en club, esperando la nueva acción, mientras reparten y aseguran: Ñoños, Musas, Tapia, Samuelitos, Nules todos abudinan, cacarean y luego se retraen para reiniciar el proceso, con los supuestos órganos de control bajo su mando.

De otra parte, los amos de la guerra y el despojo amañan una tranquilidad de haciendas y latifundios, de la mano de sus ejércitos privados y las grandes rentas del narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando y la explotación inclemente del carbón y el petróleo, contaminando y dando al traste con acuíferos y toda una geografía en vías de extinción.

En los planos inferiores, hay un torvo movimiento ligado a la dinámica de los dineros que soportan una economía de burocracia estatal, y una empresa privada que, cada vez más, es engullida por las grandes multinacionales, asegurando una mano de obra barata y una economía informal para sustentar el día a día en el formato adaptativo del No Futuro, como deriva propia de la apática impronta mafiosa de la vida.  Nada importa, la vida menos, en un tejido social cada vez más frágil, solo estimulado por los distractores básicos de fútbol, sexo, farándula y sangre.

Capturados en una fantasmagoría de progreso y tranquilidad, una pequeñísima franja de la población gravita en un mundo de miedo manipulado por un oscuro y perpetuo mesianismo, mientras el resto de un país multiétnico, desgarrado por la pobreza y la desesperanza, muere a diario envuelto en gritos de gol y noticieros que orbitan en un drama repetitivo sin final aparente.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia