La primera cesárea en Colombia

Tomado de: Periódico El Colectivo #66, edición de agosto de 2021

Por: Médico Félix Orlando Giraldo Giraldo (foto)
Asmedista

(Foto: Pintura: Enrique Grau Araújo, tomada de https://painthealth.files)

La cesárea es el procedimiento quirúrgico que permite extraer un feto por vía abdominal, que tiene indicaciones muy precisas como estrechez pélvica,  sufrimiento fetal agudo, presentación de nalgas, feto macrosómico (grande). Imagínate cómo fueron los partos en los albores de la Humanidad, atendidos por  comadronas, mujeres sabias.

El nacimiento por cesárea era algo misterioso y sobrenatural. Según la mitología griega el nacimiento tanto de Esculapio (dios de la medicina) como de Baco, fue por cesárea.

Cesárea, palabra de origen latino caedere o scaedere, significa cortar. La ley regia de Numa Pompilius (siglo VII A.C) impedía inhumar a la mujer muerta  embarazada sin haber sacado previamente al niño por una incisión abdomino-uterina (ley de los césares). La leyenda cuenta que Julio César nació de este modo.  Se relata que Jacques Nuffer (Suiza), carnicero de cerdos, le realizó a su mujer la cesárea en el año 1500.

Antes de la República, las únicas referencias que se tienen del ejercicio serio de la medicina en Antioquia son las que dan cuenta de los doctores Pedro Justo Eusse e Isidro Peláez. Eusse, quien hizo solicitud en 1751 ante el Cabildo de Nuestra Señora de la Candelaria para que lo aceptaran como médico y cirujano, nació en Normandía, Francia, llegó como cirujano a Cartagena en el navío La Victoria y luego se desempeñó como médico en las minas de Marmato.  Isidro Peláez, nacido en Marinilla, fue el primer médico graduado en España; ejerció en su tierra natal.

Entre los trabajos de aquella época hay uno muy importante y que lo hacemos notar  de modo muy especial; es una operación cesárea practicada por el doctor  José Ignacio Quevedo a principios del año 1844, en la señora Ana Joaquina Echeverría de P., vecina de La América (fracción de Medellín). Dicha operación fue salvadora para la madre y para el niño y, por cierto, que el fatal pronóstico que entonces emitió el doctor Quevedo, para el caso de otra concepción, fue, por  desgracia, fielmente cumplido.

Ciento veintitrés años después, el pintor Grau conmemoró este acontecimiento en un lienzo que adorna el museo de Ciencias de Chicago y del cual se imprimió  una estampilla.

El doctor Manuel Uribe Ángel escribió lo siguiente (Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología. Vol. XXXIV, No. 2): “Quevedo fue el primer cirujano y tal
vez el único que practicó en este territorio de Antioquia, con resultado sorprendente por el triunfo, la difícil y casi siempre mortal operación cesárea”.

Quevedo jamás había practicado esa intervención; aún más, nunca la había visto realizar. Es probable que tan solo recordara los dibujos que ilustran el capítulo  correspondiente en el libro de Ventura Pastor, quien, al decir de Uzanduzaga en su “Historia de la Obstetricia y la Ginecología en España”, nunca ejecutó la  intervención que recomendaba. Por esos antecedentes podemos estar seguros de que nadie antes se había atrevido en la Nueva Granada a practicarla en mujer viva.

La medicina que se enseñaba y practicaba  en la Nueva Granada era demasiado pobre; es seguro que en cuestiones obstétricas y, en general, en aspectos médicos,  se siguiera el programa diseñado por José Celestino Mutis  cinco lustros atrás y puesto en práctica en la facultad de Medicina del Colegio Mayor del Rosario en  1802. Por supuesto que las lecciones obstétricas deberían ser puramente  teóricas, pues no se disponía de hospital, y, menos, de un servicio destinado a las
parturientas.

Detengámonos ahora en el episodio que permitió que el doctor José Ignacio Quevedo Amaya figurara en la historia de la medicina en Colombia: la práctica de la primera cesárea, que a la vez se constituyó en la primera laparotomía (apertura quirúrgica del abdomen). Esto, como ya anoté, ocurrió en los inicios de 1844, en  una localidad muy cercana de Medellín. Ignoro las circunstancias obstétricas y técnicas que condujeron a tan único pero maravilloso procedimiento.

Esta cesárea tiene mucho valor y reconocimiento, ya que hasta 1879 todas las cesáreas practicadas en París y Viena eran  mortales. Lo hecho por el doctor  Quevedo es una hazaña: tenía 27 años y pocos de ejercicio profesional (nació en Bogotá en 1817). Lo más probable era que se trataba de un parto difícil, imposible  por vía vaginal, quizás por estrechez pélvica o presentación de hombros. Para ese año no se conocía la anestesia. El cloroformo fue descubierto en 1831 por Liebeg y Sir J. Y. Simpson, profesor de Obstetricia de Edimburgo, y se utilizaría el 4 de septiembre de 1847 como agente para suprimir los dolores de parto. Para recalcar, fue el doctor Quevedo quien introdujo entre nosotros el cloroformo como sustancia anestésica.

¿Entonces la señora Ana Joaquina no tuvo anestesia? ¿Cómo soportó tal cirugía? Tampoco existían los conceptos de antisepsia. Con un trabajo de parto tan difícil
y agotador, fue más fácil llevarla a un estado de inconsciencia mediante el uso de bebidas alcohólicas a base de opio.

La atención de su parto por cesárea se describe basándose en una ilustración de Ventura Pastor: “La parturienta acostada en su lecho, es sostenida y aquietada de  los brazos por unas cuantas manos caritativas, mientras el cirujano inicia la intervención; se muestra el campo quirúrgico, es decir, el abdomen, limitado en su parte superior por las ropas de la paciente y en su parte baja por las cobijas fuertemente extendidas, que mantienen firmes las extremidades inferiores de la  mujer. La mano derecha del médico ya ha abierto el abdomen con un gran bisturí mediante una incisión paramediana izquierda; la otra mano haciendo las veces de separador, trata de retraer el borde derecho de la herida. Puede apreciarse, además, que el operador no se quitó la casaca”. Lo cierto es que los resultados  fueron afortunados, milagrosamente afortunados, pues tanto la madre como su hijo sobrevivieron.

El doctor Quevedo falleció el 18 de noviembre el 1891. Por prejuicios sociales, Juana, hija del doctor Quevedo, no tuvo la posibilidad de hacerse médica, ejerciéndola en forma ilegal pero con gran éxito, especialmente en la práctica obstétrica.

Tomado de: Periódico El Colectivo #66, edición de agosto de 2021