Demora y negligencia han primado en vacunación, resultados de pruebas, atención médica y hasta en cremación de fallecidos por Covid

Tomado de: www.opinionysalud.com

Por: Gala Marcela Peña A. (foto)
Periodista, editora y redactora Magazín Virtual Opinión y Salud

Tal vez -intento recordar si antes lo hice-, sea esta la primera vez que escribiré en primera persona una información, o crónica, llámenla como mejor les parezca.

¿Por qué lo hago?  Quizás porque lo amerita lo que viene ocurriendo en Colombia desde aquel 17 de marzo del 2020, cuando con preocupación llegué a la tienda de la esquina de donde vivía en el barrio Bellavista de Barranquilla, y le dije a Eusebio, el dueño: “esta vaina como que va en serio, y veo que ya no sacaste las mesas, tocará tomar cerveza encerrados”, me reí, sin saber que la consigna duraría más tiempo de lo imaginado.

Al día de hoy, el país ya registra 4.269.297 casos confirmados oficialmente de Covid-19; 107.137 personas han fallecido, mientras que 3.964.074 han superado el virus. El Ministerio de Salud afirma haber procesado en todo este tiempo, 20.060.182 muestras y se mantienen 185.742 casos activos.

Lo primero por revelar es que hasta ahora no me he contagiado con Covid-19 y espero que, después de haber completado las dos dosis de la vacuna de Pfizer, no agarre el virus.

Son tantos los testimonios de personas suplicando por una atención medianamente curadora, que me causa mucho temor contagiarme.

Por eso me he cuidado, no en extremo, lo admito; pero, por ejemplo, no regresé ni por sospecha a un estadero de salsa o de música balada. Las visitas a amigos y familiares realmente han sido muy esporádicas. Ni siquiera con mi hija me he visto en más de cuatro ocasiones desde que empezó la pandemia y las tertulias en las tiendas de Barranquilla se esfumaron.

¿Que si salgo a algún lado? Sí, a comprar comida, básicamente; me trasladé a Santa Marta en octubre del año pasado, viví por cinco meses allá, fui al mar en cuatro ocasiones de 6 a 8 de mañana, visité una que otra vez a alguna amiga.

En otras palabras, de los 465 días que han transcurrido desde que empezó este encierro forzado, de tapabocas, de distanciamiento –y sí que lo exijo así me miren feo, me contesten con groserías, como ha pasado, me tachen de gritona, escandalosa o lo que quieran-, de largos días de soledad, de mucha música los fines de semana, acompañada con baile y un buen vino o cerveza, me he atrevido a salir a cosas distintas a hacer mercado, unos 40 días, no más, y tal vez exagero.

Uno de esos días fue para acompañar los restos mortales de tía Esther. Tenía 94 años. Le dio Covid, pero no falleció por el virus, sino por su avanzado deterioro a causa del Alzhemier.

En enero me tocó hacerme la prueba PCR. Por esos días estaba en Santa Marta y se me presentó una reúma alérgica. No se si sería por los famosos polvos del Sahara que se decía se sentían en la ciudad.

De inmediato contacté a mi primo médico anestesiólogo en Barranquilla. Lo único que me dijo fue: hazte la prueba, cómprate la ivermectina, vitamina C, mídete la temperatura, aíslate y si te llegas a sentir otro síntoma me llamas de inmediato para recetarte. “Este virus no da espera”, me dijo.

Un miércoles a primera hora, me hice la prueba en mi EPS y me informaron que máximo en 3 días me entregaban los resultados contados a partir de ese día. Regresé a mi casa, informé a mi vecina más cercana la situación y me encerré.

Esperé jueves, viernes, sábado, domingo, lunes. El martes me llamaron a decirme que había resultado negativa la prueba. Ufff!! Respiré hondo.

Pero habían pasado cinco días, durante los cuales no tuve ningún otro síntoma gripal. La rinitis la tuve como dos días. No hubo fiebre, ni tos, ni dolor de cabeza, ni dolor en el cuerpo.

Esos mismos cinco días fueron los que esperó el hijo de una colega en Barranquilla; él sí con síntomas de fiebre, dolor de cabeza y garganta. 38 años tenía, con obesidad. Al cabo de esos días y aún sin resultado de la prueba, su respiración comenzó a fallar. El día de su cumpleaños tuvo que ser llevado de urgencias a la clínica. Casi que de inmediato entró en una Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica General del Norte. Allí permaneció 20 días y finalmente murió.

Tía Olga tenía 93 años, era la mamá de mi primo el anestesiólogo. En toda la pandemia no salió a la calle. A finales de octubre resultó contagiado el yerno de su hija Martha, a quien le tocó unos días cuidar al nieto de 5 años. El nieto contagió a la abuela y a la bisabuela (tía Olga).

Recibió toda la atención necesaria, pero no por cuenta de la EPS, sino de su hijo, quien gracias a sus contactos logró que se le hicieran los exámenes de rigor para hacer seguimiento al virus, esos que no mandan en las EPS, que solo se limitan a una placa de pulmones, y si estás hospitalizado, la Pafi (mide la cantidad de oxígeno en sangre) y mucho pedir la DimeroD (mide la probabilidad de formación de coágulos).

Pese a eso, mi tía sufrió un paro cardio respiratorio y falleció.

Unos días después, la EPS contactó a mi prima a preguntar por el estado de salud de ambas. O sea, ni siquiera sabían que una de las pacientes contagiadas había muerto, lo que evidencia el “estricto” seguimiento y acompañamiento que hacen.

Pero estas historias son simplemente unas de miles similares o parecidas.

Están las de esos que murieron esperando el resultado de la prueba, como le ocurrió a la madre de otra colega en Santa Marta, quien falleció en la Clínica La Milagrosa donde permaneció varios días hospitalizada, pero nunca les entregaron un resultado para Covid.

O la de aquellos que no creían que tenían Covid, dejaron pasar unos días, se practicaron el examen luego de tres días de síntomas, recibieron los resultados una semana después, cuando ya estaban intubados.

10 días perdidos, 10 días sin tratamientos, 10 días de tregua para el avance del virus; solo con acetaminofén porque mientras no haya confirmación, no hay protocolo que valide el tratamiento.

Miles de vidas en Colombia se fueron así. Abuelos, tíos, hermanos, padres, madres, hijos.

Familias enteras bajo un mismo techo resultaron contagiadas. A algunos les ha tocado despedir a uno, dos y hasta cuatro de sus miembros.

¿Exceso de confianza? ¿Falta de autocuidado? ¿desatención médica? ¿negligencia?

Pueden ser esas, pero también muchas otras razones.

Desde mi perspectiva y lo que podido constatar durante estos largos y funestos meses, los mensajes que desde el principio ha entregado el Gobierno nacional no han sido eficaces ni claros.

Como bien lo han dicho las agremiaciones médicas y científicas, poco se les ha consultado o tenido en cuenta a la hora de tomar decisiones.

Pero lo peor que pudo hacer el Gobierno nacional fue dejar en manos de las EPS la gobernanza y la estrategia tanto de prevención como de atención del Covid.

No hay que hurgar mucho para ratificar esta tesis. Cientos de mensajes en twitter, así lo evidencian.

Álvaro Andrés

@MrCulebra

12 abr.

La coherencia que tienen algunos empleadores es increíble… seguro de esos que no paran porque ellos sí producen.

Andrés Ramírez

@andresrmirez

12 abr.

Pues aquí es donde falla todo lo que puede fallar: protocolos del empleador y sentido común (reportando el caso a la secretaria de salud correspondiente seguro le llegan), la EPS por no emitir el certificado de aislamiento respectivo mientras resultado de la prueba.

Pipe Páez Ads-n-Rock

@PipePaezAdsRock

14 abr.

@NoticiasCaracol @acemi_gremio Conozco un caso donde se diagnosticó positivo con Covid, después de resultado positivo. La EPS @CompensarEPS No quizo reconocer INCAPACIDAD, solo un certificado de aislamiento. el sistema siempre favorece a las EMPRESAS. Les quedo Grande esto.

Kathe rine Balvin

@KatheBalvin

14 dic. 2020

Ahora no sé si tengo miedo de que salga positiva la prueba y tenga covid o de que salga negativa y tenga que pagar el tiempo que no trabaje por el malestar

Ana Milena Balvin

@AnaBalvin

14 dic. 2020

Noooo! La eps debe expedir un certificado de aislamiento y es válido como incapacidad general, pero depende de la empresa si lo paga o no por incapacidad al 66,66%

Claudia M. Spinel C.

@ClaudiaSpinel

12 may.

Hacerse la prueba de covid es todo un cuento… La EPS me mandó un certificado de aislamiento pero no me ordenó la prueba. ¿Cómo hago en Zipaquirá? No encuentro info.

Nathalia.

@AngieOviedo03

28 feb.

La EPS me acaba de mandar el certificado de aislamiento por 14 días a partir del 6 de enero…. Estamos a 28 de febrero… Ya pa que??

David O

@davaroc

31 jul. 2020

Soy médico UCI en Colombia, trabajo en COVID, tengo síntomas respiratorios y estoy en cuarentena. Estoy contratado por OPS: Si no trabajo no me pagan. @Eps_Sos aún no me realiza PCR, tampoco me incapacita: No trabajo, no devengo y no cubren incapacidad. Ayuda @MinSaludCol

David Steven Urrego

@Urregodavid1

31 jul. 2020

Al igual que tu colega !!! Estoy en aislamiento , mi prueba salió positiva y llevo 1 semana esperando que @AXACOLPATRIA envié a alguien para mi nueva prueba !! Que debió ser tomada el día lunes… Ni prueba ni certificado de reintegro laboral.

Roberto Uribe

@roures1

2 ago. 2020

Conocí hoy el caso de alguien cuyo marido casi seguro está contagiado y espera primera llamada del médico. Lo peor es que ella debe salir a trabajar mañana y seguramente contagiará a sus compañeros. No se puede quedar en casa pues pierde el empleo. @jsenior64

El Gobierno: ¿desatino tras desatino o simple negligencia?

Casi un año duró el presidente Iván Duque hablando una hora diaria por televisión en el programa Prevención y Acción, donde a pesar del valiosísimo tiempo en horario Triple A, no se enfatizó en la urgente necesidad de mantener el autocuidado, por ejemplo. Tampoco fue capaz de lanzar una voz de confianza sobre el deber del Gobierno de poner la vida y la salud por encima de cualquier cosa, sino que hizo todo lo contrario.

En septiembre del año pasado, en medio de los pronósticos epidemiológicos y científicos, que se tenían sobre los varios picos que podían darse a lo largo de no menos de dos años que podría durar la pandemia, basados en las ya vividas, el Gobierno de Iván Duque expidió el decreto 1168 el 25 de agosto del 2020, en el cual decretó el “aislamiento selectivo con distanciamiento individual responsable”, en el cual prácticamente se le abrió la puerta que estaba medianamente controlada al coronavioirus en el país.

Desde el primero de septiembre el Gobierno autorizó una “reapertura económica”, alegando una caída del sector industrial que en abril del año pasado llegó al 35,8%. “A partir de la reactivación gradual de la economía en los meses de mayo y junio, se observa un cambio en la tendencia pero aún en terreno negativo: la producción industrial cayó 26,2% y 20,4% en mayo y junio, respectivamente, frente a los mismos meses del año anterior. Durante los seis primeros meses del año, la producción del sector industrial se contrajo 12,4%. Se estima que la caída de todo el año esté entre el 10% y 13%”, dice un aparte de los considerandos del Decreto.

Y entonces van varias preguntas: ¿y qué esperaban?, ¿acaso no era lo previsible con una parálisis a causa de la cuarentena? Obvio que la economía, no sólo de Colombia, sino del mundo entero se contrajo. Pero, ¿qué hizo el Gobierno para reducir este impacto? ¿qué políticas públicas de choque adoptó para minimizar el daño económico? ¿qué planes específicos, concretos y definidos hubo para las microempresas, que mueven buena parte PIB del país?

Por el contrario, las quejas precisamente por la falta de apoyo del Gobierno a muchos sectores económicos fue la constante durante largos 8 meses. Y la salida más fácil para Duque y sus asesores fue suspender la mayoría de restricciones para mitigar la escasez de dinero circulante y de caja.

Los resultados para la salud de los colombianos fueron catastróficos.

En ese decreto se habló de Distanciamiento individual responsable. “Todas las personas que permanezcan en el territorio nacional deberán cumplir con los protocolos de bioseguridad de comportamiento del ciudadano en el espacio público para la disminución de la propagación de la pandemia y la disminución del contagio en las actividades cotidianas expedidos por el Ministerio de Salud y Protección Social. Así mismo, deberán atender las instrucciones que para evitar la propagación del Covid-19, adopte o expidan los diferentes ministerios y entidades del orden nacional, cumpliendo las medidas de aislamiento selectivo y propendiendo por el autoaislamiento”.

Y en su artículo 3 reseña: “Aislamiento selectivo en municipios de alta afectación del Coronavirus COVID -19. Los alcaldes en los municipios de alta afectación, con la debida autorización del Ministerio del Interior y previo concepto del Ministerio de Salud y Protección Social, podrán restringir las actividades, áreas, zonas y hogares que consideren pertinentes para la realización de un aislamiento selectivo y focalizado, de acuerdo con la variación en el comportamiento de la pandemia del Coronavirus Covid-19”.

En otras palabras, una forma muy elegante de lavarse las manos. Por un lado soltó el ganado, pero dejó a los alcaldes responsables de lo que pudiera pasar en los territorios y encima, si se salía de las manos el control del virus en esos territorios, tenían que pedir permiso para tomar medidas restrictivas.

Lo visto durante el fin de año lo dice todo. Ciudades turísticas como Santa Marta, tuvieron que esperar varios días para que el Gobierno nacional les autorizara nuevos toques de queda y medida de pico y cédula, ante el aumento de casos de Covid, de muertos y el colapso de camas UCI.

Pero, como desde ese decreto se levantó la restricción para desplazarse de un departamento a otro, le tocó a la alcaldesa Virna Jhonson lidiar con los cientos de turistas que llegaron a la ciudad en busca de playa, brisa, mar y rumba, y se tropezaron fue con prohibiciones de circulación, horarios y aforos para ingresar a las playas y toques de queda que les aguaron la fiesta.

Absurdo, pensé, intentar controlar un virus que circula por todo el mundo, como si solo anduviera de paseo en el Caribe.

Pero para ratificar esta teoría, me remito al artículo 4 del mismo decreto: “Informe de las medidas y órdenes en materia de orden público emitidas por alcaldes y gobernadores. En los municipios sin afectación, de baja afectación y moderada afectación del Coronavirus Covid-19 no se podrán realizar aislamientos selectivos de actividades, áreas, o zonas. En todo caso, las instrucciones y órdenes que emitan los gobernadores y alcaldes municipales y distritales en materia de orden público, con relación a la emergencia sanitaria por causa del Coronavirus Covid-19, deben ser previamente justificadas y comunicadas al Ministerio del Interior, y deberán ser autorizadas por esta entidad”.

¡¡Madre mía !!, dirían los españoles. En palabras castizas por orden del Gobierno se les prohibió a los gobernantes tomar medidas para contrarrestar la propagación del virus. Tamaño error.

¿Qué por qué lo digo? Les regalo las cifras:

El 25 de septiembre del año pasado, justo después de abrir todo a nivel nacional, Colombia reportaba 798.317 contagios 25.103, mientras que 687.477 pacientes se habían recuperado.

Tras la temporada de fin de año, y el guayabo del primero de enero, los casos y los muertos para el 25 de enero, se duplicaron: 2.027.746 contagios y 51.747 fallecidos.

Y en cinco meses, cuando prácticamente se relajaron todas las medidas de bioseguridad, la Policía ni bolas prestaba ya a quienes hasta sin tapabocas andaban en la calle, y las entidades territoriales de salud, dejaron de existir y de controlar que empresas, comercio y entidades cumplieran los protocolos de bioseguridad para contrarrestar la arremetida del nefasto virus, Colombia volvió a doblar la cifra de contagios, pero peor aún, murieron más del doble de colombianos que los que habían fallecido a principios de año a causa del virus.

Para junio 25 de este año, Colombia registraba 4.060.013 casos confirmados y un acumulado de 103.321 fallecidos.

Podría pensarse que se trata de un comportamiento normal dado el inicio de la vacunación o el acelerado crecimiento de casos a nivel mundial, pero no es así.

En los países europeos, por ejemplo, donde algunos adoptaron dos, tres y hasta cuatro cuarentenas estrictas generales con intervalos de meses y justificadas en el aumento sobre todo de muertes, aunque hubo aumento de casos, comenzaron a bajar tras las campañas masivas de vacunación a ritmo acelerado.

Francia acumulaba el 25 de enero de este año, 73.049 muertos y 3’053.607 y para junio 25, 109.040 muertos y 5’670.486 casos. Mientras que Italia reportaba 2’466.813 casos y 85.461 muertos en enero y pasó a 4’258.451 casos y 127.418 fallecidos. Ninguno de los dos países dobló su número de víctimas fatales como ocurrió en Colombia.

Una institucionalidad negacionista

Vale decir que tampoco las secretarías de salud departamentales, municipales y distritales, hicieron de manera responsable su tarea de vigilancia sobre empresas, negocios y comercio que no cumplieron con las medidas de bioseguridad.

El Ministerio del Trabajo permitió el despido masivo de trabajadores en todos los sectores, por parte de empresarios que alegaron quiebra o iliquidez, lo que empeoró aún más la situación económica de cientos de colombianos.

Este Ministerio tampoco ha hecho absolutamente nada para proteger la salud de los colombianos afectados por Covid, todo lo contrario, ha hecho caso omiso a las quejas de abusos de empleadores que han puesto en riesgo la vida de las personas obligándolos a trabajar contagiadas y no exigiendo la atención rápida y oportuna de quienes les ayudan a producir sus ganancias.

Más recientemente las EPS tal vez en contubernio con empresas que manejan un gran número de empleados en sus nóminas, se inventaron un tal ‘certificado de aislamiento’, el cual ha sido utilizado de manera bellaca para algunas cosas: para evadir las incapacidades por Covid; para justificar la demora en la prueba diagnóstica del virus y para en últimas descontar los días no laborados a sus empleados.

Toca recordar en este punto que el pago de un día de incapacidad, un 66% corresponde hacerlo a la EPS y el resto al empleador. ¿A quiénes entonces es que les están ahorrando la plata por no dar incapacidades?

Muchas empresas, grandes, medianas y pequeñas han obligado a muchos a acudir a sus trabajos porque “sin la prueba positiva te descontamos el día de trabajo”, y ahí han terminado contagiando a compañeros de labores y éstos a su vez a sus familias.

He sabido que muchos han tenido que agarrar un servicio de transporte masivo, un bus o una mototaxi, en cualquier ciudad del país, con una fiebre de 38 grados, dolor de cabeza, mientras intentan controlar la tos para evitar malas caras, llegar al lugar de trabajo y rogar porque el virus les cause el menor daño posible.

Entonces, ni nos debe extrañar el tan merecido lugar de uno de los países del mundo con mayor número de contagios y de fallecidos por Covid.

La Superintendencia Nacional de Salud prácticamente dejó de existir durante la pandemia. Cuando se han registrado los mayores picos de ocupación de camas UCI, como el que hoy se vive, la red social twitter se ha llenado de mensajes de auxilio por atención médica, por una cama UCI, por una terapia ECMO, por sangre, por un respirador. Y la respuesta de los robots que utilizan tanto la Supersalud, como las EPS, es la misma: déjenos el nombre del paciente, su documento de identidad, un número donde contactarla. Hasta ahí llega el resuelve oficial.

La solución y la cura para salvar la vida, solo la encuentran quienes tienen en estos tiempos la fortuna, la suerte o la bendición, de contar con un médico o una enfermera [email protected], [email protected], familiar o [email protected], que les preste su ayuda. Lo demás es un desierto sin un oasis cerca.

En las afueras de las clínicas y hospitales públicos, los familiares esperan un reporte de su paciente. Algunos establecieron un horario para ello. Si cuentas con suerte de caerle bien al que entrega el reporte, consigues que te diga algo más sobre tu familiar. De lo contrario, sigues con el credo en la boca, confiando en que de la voz de ese mensajero no salga esa frase “lo sentimos”.

Y por fin empezaron a vacunar

Entre octubre y noviembre ya varios países estaban negociado la compra de vacunas para sus conciudadanos, las mismas que en una carrera contra el tiempo desarrollaron varias farmacéuticas en distintas latitudes del planeta.

China, Rusia, Estados Unidos, Israel, y en América Latina países como México y Chile comenzaron a vacunar masivamente desde diciembre.

Llegó enero y otra vez el Gobierno colombiano reaccionado tarde y después de recibir múltiples críticas, anunciaba que ya estaba gestionando las vacunas. Con la misma demora con que las EPS entregaban los resultados de las pruebas, se inició la vacunación contra el Covid-19 a mediados de febrero.

Con una parafernalia estatal que generó toda clase de burlas fue recibido en el aeropuerto El Dorado el 16 de febrero el primer lote de vacunas. Y empezó el Ministerio de Salud a controlar el despacho de las dosis a municipios y departamentos con la consabida tramitología y en consecuencia demoras en las entregas.

A la fecha, incluyendo la donación de 2,5 millones de vacunas de que hizo el gobierno de Estados Unidos, han llegado a Colombia 26’771.994 dosis. De esas, a 30 de junio han sido aplicadas en total 18’281.743 49 dosis. Es decir que, sacando el último lote, unos 6 millones de biológicos aún no se distribuyen.

En cuanto a la vacunación sólo 6’896.325 personas tienen completo el esquema, de donde 133.570 corresponden a quienes se aplicaron una dosis única. Este número equivale solo al 14% de la población colombiana, entonces, la anhelada inmunidad de rebaño tardará en conseguirse.

Pero esto tampoco debe extrañarnos.

El día que me puse la primera dosis, escogí para hacerlo el parqueadero de un centro comercial al norte de Barranquilla. Pese a que no había nadie en fila a esa hora, me tocó esperar media hora a que las enfermeras tomaran su descanso de medio día.

Volví a los 21 días para la segunda dosis. En esa ocasión a las 8:25 de la mañana ya estaban delate de mí unas 45 personas. Y una larga fila de carros. Pasadas las 10:30 am, nos piden esperar porque se habían acabado las vacunas, tanto las de Sinovax como las Pfizer. Alas 11:00 am llegaron los biológicos.

Pasada media hora, noté que varios se habían levantado de sus sillas para reclamar por la demora y porque al parecer estaban vacunando primero a quienes llegaban en los vehículos.

Me acerqué donde estaban haciendo fila los automotores y molesta les dije a los organizadores que por qué tanta demora con quienes no veníamos en carros. Enseguida, una de las vacunadoras se apersonó de la situación.

Nuevamente la acción reacción

Salí del lugar a eso de las 12:15 pm. Con sentimientos de tranquilidad, pero también de tristeza y desesperanza, pues mientras esperaba mi turno y antes de que la gente se rebotara abordé a una médica que se supone era quien coordinaba la jornada, para sugerirle que mientras esperábamos, informara a la gente sobre los cuidados y recomendaciones que se debían tener tras vacunarse, pero su respuesta fue que eso lo decían al momento de aplicarse la vacuna, lo cual no es cierto y con cara displicente se alejó.

Pero lo peor fue saber que de unas 30 personas que hacían parte de todo la organización, solo 3 eran vacunadoras. ¡imposible entonces que el proceso fuera más rápido! A este ritmo Colombia podría alcanzar un 60% de vacunación de su población tal vez a mitad del 2022. Y ahora caigo en cuenta que justo hay elecciones presidenciales para esa época.

También recordé que una amiga que vive en estados Unidos, cuya suegra vive en Israel, le contó que tuvo la cita para su vacunación a las 2 de la madrugada, pues allá desde que empezaron no han parado un solo minuto.

Israel lidera la campaña de vacunación en todo el mundo con 50.000 dosis diarias que se explica por la digitalización del sistema de salud, la distribución de las dosis para evitar el desperdicio y la centralización.

Y mientras estamos de coleros en vacunación, las últimas semanas Colombia se cuenta entre los cinco países que lideran las cifras de contagiados y fallecidos por Covid-19.

Todo el personal médico y científico en el país ha pedido al presidente Iván Duque desde hace un mes que retome la cuarentena obligatoria ante el colapso del sistema de salud. Ciudades como Medellín y Bogotá han llegado a ocupaciones de 200% de sus camas UCI.

Pero nada ha conmovido al Gobierno.

Y como para finalizar el ciclo del Covid, hasta las cremaciones de las víctimas fatales de este virus, se volvieron un calvario para los colombianos.

Supe de la tía de un amigo cuyo cadáver permaneció 25 horas en su casa porque la Nueva EPS no autorizaba su retiro del lugar.

Hoy completo 6 días de haber recibido la segunda dosis. No he tenido ningún efecto adverso. Por recomendación de mi primo estaré al menos dos semanas en acuartelamiento preventivo. Me acabo de enterar del fallecimiento de otro colega. Esta vez en Cúcuta.

Las noticias siguen siendo desalentadoras pues no cede la cifra de muertos y contagios diarios. Sin contar que en varios hospitales públicos sus trabajadores se han declarado en paro de actividades por falta de pago de sus salarios.

Mientras los habitantes del país del Sagrado Corazón, seguimos rezando para que pare esta pandemia.

Tomado de: www.opinionysalud.com