Emilio Alberto Restrepo, el médico que se volvió escritor viral

El autor colombiano publicó su libro de relatos Un hombre solo y mal acompañado

Tomado de: www.letralia.com

Por: Jorge Gómez Jiménez (foto)
Escritor venezolano
Editor revista Letralia, Tierra de Letras

La pandemia de Covid-19 no fue para Emilio Alberto Restrepo lo mismo que para la mayoría de nosotros: mientras en el mundo en confinamiento se desataba la obsesión por el gel desinfectante, él, que es médico ginecobstetra, estaba imposibilitado de adoptar alguna de las formas de teletrabajo que se han creado o perfeccionado. Y así, conduciendo a través de “una ciudad de zombis”, como él dice, se le fueron ocurriendo las historias que dan forma a Un hombre solo y mal acompañado, que se encuentran hiladas entre sí por su protagonista —un dibujante publicitario con muy pocas pulgas— y ambientadas en el poco explorado hábitat que representan los condominios.

Es preciso aclarar que Emilio no es un advenedizo en la literatura. Estamos hablando de un médico de Medellín que no sólo escribe, sino que se ha forjado un nombre en la literatura gracias a un oficio sostenido y no exento de reconocimientos. Su serie negra sobre el detective Joaquín Tornado ya alcanza los seis libros y además ha incursionado en otros géneros como la literatura para niños, la narrativa urbana y, cómo no, la novela sobre el entorno médico y hospitalario. En Un hombre solo y mal acompañado está, además, bien acompañado por el destacado artista Carlos Marín, quien firma las rotundas imágenes que ilustran sus relatos. Recién publicado por Grámmata Editores, este libro es uno de los temas que abordamos en esta entrevista.

Emilio Alberto Restrepo, escritor en una ciudad de zombis

—El protagonista de las historias contenidas en Un hombre solo y mal acompañado es un dibujante publicitario que no deja de mostrar y ejercer su misantropía. ¿Hasta qué punto te representa este personaje?

—De alguna manera todos los personajes lo representan a uno como escritor, como lector, como ciudadano. Todos se alimentan de las lecturas, de las vivencias, de las películas vistas y pensadas, de la música escuchada, de los miedos, de las neurosis, y hasta de las frustraciones y rabias contenidas. No quiere decir que uno sea como él o que él represente fielmente la personalidad de uno como persona, pero no hay dudas de que expresa muchas cosas que pueden ser de uno, aunque otras no lo sean. Por ejemplo, él es introvertido y yo no lo soy. Él es noctámbulo y consumidor habitual de marihuana y yo no. Él es dibujante y yo médico. Él puede matar perros y yo me considero incapaz. Él pisa la delgada línea de lo ilegal y yo me considero un ciudadano respetuoso (y temeroso) de la ley. Pero no hay duda de que tiene cosas que yo quisiera tener y no tengo.

—Definitivamente la pandemia nos cambió a todos, incluso a quienes ya eran sedentarios y el confinamiento se les hacía, digamos, más natural. Aparte de la escritura de este libro, ¿de qué otra forma incidió el Covid-19 en tu trabajo autoral, en tu vida personal?

—Por mi trabajo como médico asistencial del gobierno no tuve los niveles de enclaustramiento de casi toda la población, pues tenía que ir diario al hospital y atender y operar pacientes. Con el confinamiento tuve mucho más tiempo para mis proyectos, pues el desplazamiento por una ciudad de zombis, deshabitada, era muy rápido, no había vida social, no había salidas turísticas ni a cine ni siquiera a conversar, y pensar en reuniones era imposible. Entonces se reforzaron las lecturas, el encuentro con las películas clásicas y la escritura. Nunca había leído y escrito tanto, ni visto y estudiado tanto cine. Pero como dices, muchos ya teníamos la disciplina de la lectura y escritura y estábamos acostumbrados a pasar largas horas en una función intelectual. Traté de que esos espacios fueran productivos, para evitar ser atropellado por el miedo o algo peor, como la depresión y el aburrimiento. Afortunadamente no me quedaron muchas secuelas (creo).

—Los perros son una presencia permanente en Un hombre solo y mal acompañado, y la mayoría de los que aparecen en estos relatos terminan mal por la desidia humana. Casi podría decirse que los perros de tu libro conforman una declaración de principios tuya como autor. ¿Es así?

—Los perros fueron una aparición casual, sin buscarla conscientemente, que atraviesan muchas de las historias. No tengo una teoría consciente para explicarlo. El primero, fue en una rabia personal por pisar una caca por un descuido de sus dueños. Esto me proporcionó una furia que canalicé en el cuento. Y eso rescata la parte catártica y sanativa de la literatura: en lugar de ponerme a matar perros o pelear con vecinos, hice un cuento para canalizar toda mi ferocidad a través de las historias y un humor algo retorcido. Conseguí un cuento bueno y me libré de hacer algo malo y terminar en la cárcel. El otro fue de una amiga a quien considero dulce e indefensa, quien me contó la historia de su problema con el extranjero de clase alta que la empezó a acosar por el desencuentro de sus mascotas. Parece mágico, pero la conversación surgió cuando ella leyó el cuento “Caca de perro”, que se había ganado un concurso. Yo ya tenía el personaje, tenía el entorno, ella puso el problema y la historia y yo monté el cuento respectivo. Se ganó también el concurso en la universidad CES. Y por esos días estaba atendiendo como ginecólogo el parto de mi sobrina, quien tenía una perra muy mimada y dominante con su territorio. Me dio miedo que de pronto atacara al recién nacido. De ahí surgieron los otros cuentos.

—Pese a la misantropía del protagonista, el libro muestra cómo hace concesiones ante el desvalimiento ajeno. Se aprecia en la historia de Mariengracia, la mujer de servicio despedida sin respeto; en Carmelina, la madre de una chica víctima de una red de pederastas, incluso en Pozetto, el can que cae del cielo. De alguna manera el personaje se convierte en un justiciero. ¿Has conocido personajes así en la vida real? ¿Puedes contarnos al respecto?

—Sí, he conocido personajes que rumian la venganza del día a día ante cosas que los indignan o los oprobian, incluso de manera solidaria con personas desvalidas que les duelen. A mí también hay cosas que me vulneran, pero puede que no tenga el valor de tomar la justicia por mis manos, entonces lo hago por medio de mis protagonistas. Los casos que relatas de esas mujeres tristes y oprimidas son reales, los conocí por referencias indirectas; hubiera querido ayudarles, pero la literatura me permitió canalizar de una forma creativa esa rabia, esa impotencia, esos deseos de lograr un equilibrio en el mundo, aunque fuera por la vía de la venganza. Al leer el libro, un amigo me recordó que en los 70 uno de mis personajes favoritos del cine de acción era Charles Bronson, en su eterno papel del “vengador anónimo”. Mire usted en dónde volvió a brotar esa admiración…

Un hombre solo y mal acompañado, el libro que quería hacer
—Cultivas el género negro y has publicado ya varias novelas con el personaje del detective Joaquín Tornado. En los relatos de Un hombre solo y mal acompañado se aprecia el eco del noir en la manera como estudia las situaciones en las que se involucra, que podríamos llamar en este contexto sus “casos”, y, claro, en las ingeniosas y complicadas soluciones que el protagonista-justiciero aporta. ¿Qué te ha dado el género negro como autor?

—El género negro (en mi faceta de lector, escritor y cinéfilo) me da la posibilidad de crear atmósferas con ese velo de suspicacia e intriga, ese deseo de pintar personajes ambiguos que no son ni buenos ni malos del todo sino que viven su vida en diversos matices de valores morales, esas ganas de ir sembrando en la narración las claves para la resolución del misterio planteado sin hacerle trampas al lector y, sobre todo, la necesidad de mostrar historias que atrapen, que sean entretenidas, pues esto es algo fundamental en el noir. Un lector no perdona lo aburrido o lo lento o lo que sea poco ingenioso. Otra cosa que utiliza el género es el narrador en primera persona, que va mostrando las cosas como las ve o como se las ingenia, mientras trata de resolver las dificultades que se le van presentando para lograr sus propósitos. Además, la tonalidad de amoralidad que rodea las situaciones, la maldad inherente al comportamiento humano, las injusticias, el enfrentarse a una sociedad desigual, abusiva y arbitraria, son muy características de la novela negra. No lo había notado, pero ya que lo resaltas veo que es innegable. Y me alegra descubrirlo.

—La literatura suele reflejar la sociedad en la que se escribe, y en uno de tus relatos comentas algunos de los trastornos que la inmigración venezolana produce en tu país. ¿Cómo están lidiando con este tema?

—En mi libro eso es accidental. Pudo haber sido un ecuatoriano o un gringo, pero el que agredió a mi compañera por la pelea de perros fue un venezolano de clase alta, un migrante de primera ola del chavismo, lleno de plata e ínfulas y totalmente abusivo y arbitrario. No hay nada de personal en ello, fue circunstancial, de hecho, uno de mis más cercanos contertulios es un periodista venezolano que también vino a nuestra ciudad en el éxodo migratorio. El fenómeno es muy complejo, sobre todo los de la última camada, gente muy pobre, indocumentada, sin oportunidades laborales, viviendo en condiciones lamentables y permanentemente rodeados de la indigencia, la mendicidad, el delito, el hambre y el desempleo. Y víctima de oportunistas que los contratan en condiciones de miseria o de bandas delincuenciales que se aprovechan de su desespero. Es un fenómeno masivo y muy preocupante, sin soluciones cercanas a la vista y agravado por la mala condición económica de Colombia en medio de la pandemia y la grave crisis política y social que vivimos.

Un hombre solo y mal acompañado
Emilio Alberto Restrepo
Ilustraciones de Carlos Marín
Cuentos
Grámmata Editores
Medellín (Colombia), 2021
ISBN: 978-958-49-2293-9
108 páginas
Ventas: [email protected]

—Háblame de las ilustraciones. Carlos Marín es un artista reconocido y estaba trabajando en un proyecto que terminó ajustándose de una excelente manera a lo que tú por tu lado estabas escribiendo. ¿Cómo fue que coincidieron?

—Carlos es un amigo cercano de mis hermanos. Es un artista de trayectoria internacional y por esos días de encierro estaba trabajando unos bocetos de pinceladas agresivas que mostraban la opresión que sentía por no poder salir, por no poder abrir su empresa, por estar enfermo. En su página personal y en Instagram colgó algunas y fue grande mi sorpresa al ver que estaba pintando de lo que yo estaba escribiendo: mujeres derrotadas y humilladas, hombres recelosos siempre bajo sospecha, burgueses obesos y arrogantes e imágenes de perros vivos y muertos. Pinceladas llenas de insatisfacción, personas infelices y asustadas. Lo llamé, le pedí que me mostrara su trabajo de esos días y vi con asombro que todos los cuentos se podían usar para ilustrar los cuentos. Nuestros planetas estaban alineados en una especie de “sicosincronismo” y por eso resultó una colaboración tan compacta y simétrica. Son casos raros, ni que hubieran sido a propósito.

—Y al final, ¿resultó ser “el libro que querías hacer”?

—Siempre el autor piensa que todos los libros pudieron ser mejores, que hubiera podido profundizar más en el tema, meterle más historias o hasta darle más aliento para constituir una novela. Pero cuando vi el bello trabajo de los editores, un libro compacto con vida propia y la gran recepción de los lectores y de la crítica, entendí que era su tiempo y su tamaño preciso: cien páginas de puras historias, personaje y entorno fuertes, llenos de carácter propio y matices bien definidos. Un libro corto y contundente con lo que Cortázar esperaba del cuento: un derechazo directo a la mandíbula del lector que lo deje lleno de asombro, lleno de ganas de más, sin hastíos ni divagaciones de relleno. Entonces organizo mis ideas y confirmo: Sí, es “el libro que quería hacer”.

Emilio Alberto Restrepo, de médico a escritor viral
—Eres médico ginecobstetra y en esa área también escribes, pues tienes varios artículos publicados sobre tu especialidad. ¿Cómo influye tu formación profesional en lo que escribes?

—La medicina me permite estar cercano al carácter humano, a la psicología de las personas que sufren y que plantean la angustia de vivir, que dan un material riquísimo para hacer buenos personajes. Es una fuente inagotable de historias y precisamente en dos meses lanzo la novela Medicina bajo sospecha, que hace parte de la “Trilogía perversa de la salud”, que cuenta ese lado oscuro de la medicina, de los hospitales, esa faceta que el ciudadano no conoce y que te garantizo que es asombrosa y hasta increíble.

—Tienes varios años compartiendo artículos y relatos en YouTube, en tu serie Consejos a un joven colega. Son videos con miles de visualizaciones en los que haces gala de humor crítico y hasta de dotes histriónicas. ¿Cómo ha sido esta experiencia para ti?

—Esos los diseñé para el final de cada seminario académico con estudiantes y residentes. Les hablaba, después de tratar el tema científico, de asuntos no médicos, que tenían que ver con el vivir cotidiano, cómo capotear los problemas de todos los días en lo que ellos llamaban “supositorios de sabiduría practica” o “garrote en tips”, por burlarse un poco de mí. Vi que empezaron a tener éxito, los estudiantes los grababan en el celular y los compartían, hasta que un canal de televisión (Teledonmatías) decidió hacerlos en una serie que de manera sorpresiva alcanzó la aceptación del público, se volvieron virales en cadenas de WhatsApp y hoy alcanzan más de un millón de visitas en YouTube, sin contar las otras redes. Es divertido, me acerca mucho a los lectores, relaja un poco el carácter grave y siempre serio de cómo se percibe a los escritores, se aprovecha para dar un mensaje y burlarse un poco de esta realidad tan dura y trascendente y amplía el público objetivo, que normalmente se interesa por conocer más cuentos o los libros. Una experiencia chévere y relajada.

—¿Cómo abordas el hecho narrativo? ¿Es Un hombre solo y mal acompañado un libro único en el panorama de tu obra o tus otros libros se le parecen?

—Tengo varias líneas de trabajo. Literatura infantil, narrativa urbana, novela negra (ya mi personaje Joaquín Tornado tomó vuelo, anda ya por seis libros) y novela con temática médica y hospitalaria. También ensayo literario y antologías. Este trabajo es muy específico, la parte urbana la trabajo en el microcosmos de la unidad residencial, ya el protagonista no es la ciudad o el barrio sino el condominio. Son cuentos con unidad temática, todos transcurren con el mismo personaje viviendo historias poderosas, siempre encerrado en la misma urbanización. Esos elementos le dan una identidad propia, un hilo narrativo que lo hace distinto a los otros, desde la forma y el fondo. Pero por supuesto que hay elementos que constituyen mi estilo, mi marca personal. No en vano siempre se ha dicho que un escritor termina escribiendo siempre sobre lo mismo y haciendo una sola obra repartida en varios libros.

Tomado de: www.letralia.com