La literatura y el humanismo médico

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por médico asmedista Roberto López Campo (foto)
Neumólogo, escritor
Ex integrante Taller de Escritores Asmedas Antioquia

La medicina, desde sus inicios, ha estado vinculada con la literatura y el arte; como instrumento emplea la palabra oral y escrita. A lo largo de la historia, los médicos han comunicado sus anécdotas, observaciones, experiencias y descubrimientos, mediante este ejercicio sincronizado de la mano y el cerebro.

El aprendizaje lo hacemos mediante la lectura de los textos y la observación cuidadosa de nuestros pacientes, que luego consignamos en la historia clínica. Así, la escritura es indispensable en el ejercicio de nuestra profesión.

En la elaboración de la historia clínica de los pacientes, no sólo se consignan los hallazgos clínicos, los resultados de laboratorio, los hallazgos radiológicos, sino también aspectos del comportamiento, antecedentes personales y familiares, condiciones del entorno, etc., dejando, de esa manera, un retrato del paciente, hecho importante del acto médico.

Escribir es una tarea gratificante, pues quien lo hace descubre infinidad de coherencias y relaciones entre las cosas y los fenómenos que lo rodean. Se navega en el mundo de la creación que conduce a un sentimiento de humanización.

Somerset Maugham, el novelista inglés, afirmó: “¿Quieres ser escritor? ¡Estudia medicina! El médico mexicano Federico Ortiz Quesada, en una pequeña obra titulada “Medicina y literatura”, se pregunta: “¿Por qué no son más los médicos que escriben?”, y consigna el siguiente pensamiento: “La medicina fue y sigue siendo mitad ciencia y mitad humanismo; arte y magia, al tiempo que religión y ciencia”.

La medicina es un ejercicio humanístico y artístico, a la vez que científico y técnico. Un viejo adagio sostiene que: “El médico que sólo medicina sabe, no sabe medicina” (José de Letamendi). Gustavo Flaubert afirmó: “Escribir es una manera de vivir”. La comunicación constituye una necesidad humana históricamente condicionada. Para ella nos valemos de la prosa, la poesía, el cuento, el ensayo y la novela.

Si hacemos un breve recorrido por la vida de algunos médicos que dejaron con sus escritos interesantes conocimientos para la posteridad y en su momento influyeron en el comportamiento de otros médicos y la gente de su época, veremos que fue meditante sus narrativas y conceptos como lograron estos cambios. Thomas Sydeham, médico inglés (1624-1689), descubridor del láudano, describió con suficiente claridad los síntomas y signos de las enfermedades. En su obra “Observaciones medicae”, publicada en 1676, permite observar la diferencia existente entre empirismo y racionalismo.

La lectura es fundamental en el quehacer médico, como lo es la sistematización, si se quiere ser literato. John Locke, médico y filósofo inglés, autor de “Ensayos sobre el entendimiento humano”, influyó sobre las corrientes filosóficas empiristas y sobre la política moderna.

Un personaje, a quien he admirado desde cuando muy joven empecé a leer sus cuentos y novelas, es el médico novelista y dramaturgo ruso Anton Chejov (1860-1904). Considerado el cuentista más famoso entre sus contemporáneos, en el breve escrito “Una historia aburrida” relata la historia de un profesor de medicina, Nicolai Stepanovich, que se lamenta de la educación médica y cuestiona la capacidad de los médicos para cuidar a sus enfermos. Son sentimientos de un viejo profesor acerca de la educación médica, de actualidad apabullante.

El médico, además de sanador, es un testigo privilegiado de las circunstancias humanas; de lo podrido y sublime del individuo y la sociedad. Por eso, deberíamos escribir para mostrar el camino que seguimos, para dejar un testimonio de que hemos vivido.

Un personaje digno de mencionar es William Somerset Maugahn (1874-1965), escritor inglés, autor de obras famosas como “Servidumbre humana”, “El filo de la navaja”, “Al este del Suez”, “La luna y seis peniques”, entre otras. En su obra “Sanatorium”, relata la historia de amor entre un moribundo y una mujer enferma de tuberculosis y la importancia que tiene para ellos su relación erótica, ante la inminencia de la muerte.

Mijail Bulgakov, médico escritor ruso, cuyas obras fueron prohibidas por denunciar el totalitarismo comunista, escribió una obra titulada “Corazón de perro”, en la cual narra la historia de un hombre a quien se le trasplanta el corazón de un animal y el sujeto se convierte al comunismo. Es el autor de: “Apuntes de un doctor en el campo”, “Morfina” y “La tráquea de acero”. Fue un testigo silenciado de lo que aconteció en la Unión Soviética durante la primera mitad del Siglo XX.

¿Quién no recuerda a Thomas Mann (1871-1950) y su famosa obra “La Montaña Mágica”, donde narra la tragedia de unos pacientes tuberculosos en un sanatorio campestre?

La excesiva especialización y la tecnificación de los últimos años parecen haber relegado a un segundo plano al ser humano, como razón principal de su existencia. Han desviado la atención del médico de lo social e individual a la enajenante psicopatía de la moderna tecnología, olvidando que la aceptación de lo humano en el otro es la aceptación de lo humano en uno mismo. La sentencia bíblica nos dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Este pensamiento del médico Federico Ortiz Quesada tiene cabida para la situación actual que viven muchos profesionales de la medicina: “La excesiva tecnificación; las superespecialidades; la tendencia creciente a la comercialización, al desarrollo de la industria de la salud y la burocratización de la medicina, que convirtió al médico en un trabajador asalariado, han llevado al médico, en cierta forma, a la pérdida de la práctica médica humanística”.

Es obvio que la relación médico-paciente resulta de suma importancia para la práctica idónea de nuestra profesión. El médico, además de combatir el dolor, la enfermedad y prolongar la existencia en condiciones dignas, tiene la responsabilidad de resolver el significado del sufrimiento, en tanto es interpretado por el paciente. Espero que estas reflexiones los animen a escribir y a procurar desempeñarse como médicos con amplios conocimientos científicos, sin olvidar que los seres humanos no somos sólo huesos, músculos y vísceras, sino que estamos impregnados de sentimientos contradictorios que, al fin de cuentas, son la razón para existir.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia