Matar por una mentira

Tomado de: www.elcolombiano.co

Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez (foto)
Columnista de El Colombiano

La prensa internacional ha sido criticada por su “parcialidad” en el cubrimiento de las marchas en Colombia. A un año del asesinato de George Floyd, el periodismo mundial permanece a la zaga de los abusos policiales: no es extraño que nos hayamos convertido en una mina informativa.

En contravía de algunos medios independientes y extranjeros, que entienden que denunciar antes que atacar a la institucionalidad significa protegerla de quienes la destruyen desde adentro, buena parte de los grandes medios nacionales insisten en minimizar los abusos y condenar el seguimiento a estos.

¿Por qué el enquistado sesgo de derecha en la prensa colombiana es tan peligroso?

Es un asunto que trasciende al vínculo con grupos económicos.

Una de las herencias de la Guerra Fría es la idea del comunismo como “demonio”. De ahí se desprende un sesgo de confirmación de hechos y de desconocimiento de la historia: a juzgar por el discurso mediático criollo, el pensamiento de izquierda es criminal, armado. Comunismo, socialismo y socialdemocracia se espolvorean en artículos periodísticos como harina del mismo costal.

“Es que las guerrillas siempre han sido izquierdistas”, es el argumento habitual, como si los paramilitares colombianos no fueran auspiciados por la derecha, con el amparo del Ejército, que tiene el mandato constitucional de protegernos (revisar audiencias de Justicia y paz y Jurisdicción Especial de Paz, JEP).

Es tal la inopia de nuestra cultura política que un neoliberal como Juan Manuel Santos es tildado de “izquierdista” por haber negociado con una guerrilla. O qué tal quienes califican a Daniel Quintero, cercano a conservadores, liberales y los que convenga, como “de izquierda”.

En Colombia calificar “de izquierda” es criminalizar. Por eso, para el grueso de la prensa colombiana los marchantes pacíficos permanecen en segundo plano; solo los vándalos infiltrados parecen merecer eco. Todos los manifestantes no son de izquierda. El vandalismo es un fenómeno criminal y no una manifestación social de protesta.

¿El producto de esa estigmatización, hoy exacerbada por la coyuntura?

La JEP acreditó como víctima al Partido Comunista Colombiano, dentro del macrocaso 06 (Victimización de miembros de la Unión Patriótica por parte de agentes del Estado): un informe de esa colectividad relaciona 1200 víctimas y cien hechos que los afectaron; entre 1958 y 2016 “hubo más de 304 homicidios, 35 desapariciones forzadas, desplazamientos en las regiones priorizadas (Meta, Magdalena Medio y Urabá)”.

Es válido pensar que el comunismo (u otra corriente política) es una ideología caduca, atacarla con propuestas, derrotarla en las urnas. Es legítimo concluir que el capitalismo es un sistema salvaje, criticarlo con ideas, avasallarlo con votos… ¡Así funcionan las democracias!

La romantización de los civiles armados (con armas convencionales o de fogueo). El video viral de un ciudadano que dispara contra manifestantes en Cali, ante policías que lo rodean, sin inmutarse. Dice quien dispara: “Hemos creado un grupo para el beneficio de toda la comunidad”. Bien lo expresó ayer el editorial de El Espectador: “Los ecos que trae del pasado no son alentadores. De lógicas como esas nacieron ejércitos de muerte en este país”.

Cadenas intimidantes de WhatsApp, la “Izmierda” rayada en muros, una fuerza pública instrumentalizada por políticos (propagadores de una estigmatización de décadas) y civiles armados en las calles son movidos por la misma mentira aupada por élites sedientas de poder y difundida en grandes medios: la izquierda es criminal

Tomado de: www.elcolombiano.co