Este soy yo, convertido en cenizas

Tomado de: www.periodicoelcorreo.co

Por: Enfermera Briseida Sánchez Castaño (foto)
Columnista del periódico El Correo

Estoy de nuevo aquí en la casa de la montaña con un sol chispeante y un aire tibio que toca mi piel, el verde me mira a través de las ventanas de mi estudio, y me reconforta en contraste con la imagen de una video llamada que recibo de un joven amigo de veinte años, intelectual y socialista y estudiante de ingeniería de sistemas en una universidad pública; en la pantalla lo veo en un cuarto de una casa humilde en un pueblo lejos de aquí, su habitación de ladrillos naranjados, un cuarto muy pequeño, una cama humilde cubierta por una sábana que no cubre su colchón porque la usa para cobijarse, una almohada pequeña sin funda, amarillenta, la luz del cuarto la da un bombillo pálido que da poca luminosidad, una mesita pequeña del tamaño de un pupitre, sobre el cual está un computador, su único bien con el que se comunica con el resto del mundo; una butaca de madera sin espaldar, al lado del computador una gaseosa litro colombiana, un vaso desechable y un paquete de galletas saltinas comenzadas.

Mi amigo socialista vive en un inquilinato en las piezas del fondo que no tienen salida al exterior, el joven ha contraído covid en las protestas, vive con otro compañero en ese cuarto de dos por dos, su amigo lo ha abandonado porque teme contagiarse; “a veces pienso que si mi compañero de cuarto hubiera sido una mujer, se habría quedado conmigo, las amigas nunca abandonan a los enfermos”, me lo dice con una voz que no suena a reproche; hoy es su quinto día después de la aparición de los primeros síntomas, su carita abotagada me lo dice todo; no puede hablar porque una tos paroxística no lo deja en paz, lleva cinco días sin poder dormir más de diez minutos seguidos, la tos no lo deja dormir, se la pasa sentado con la espalda descubierta y encorvada, en el borde de la cama, tosiendo sin parar, su cabeza le duele como si se fuera a estallar y su cuerpo está tan caliente como si tuviera adentro una bola de fuego; su pecho le duele de tanto toser y a veces sentado en el borde de la cama y entre el corto tiempo que trascurre entre una tos y la otra, se va quedando dormido ahí sentado y cuando pienso que podría caerse al dormitar, se despierta por una tos insistente y dolorosa que amenaza con dejarlo sin aire y matarlo de asfixia cada que aparece. “Quiero morir”, me dice mi amigo, no quiero vivir más estos episodios de tos, estoy cansado de tanto oponerme a la vida que me ha tocado, estoy cansado de vivir en la contrariedad, ¡me rindo ahora! y si la muerte viene por mí en este momento, le diré que sí, ya quiero ir a ese lugar donde ya cada momento de la vida no me dolerá más.

Al siguiente día intento comunicarme con mi amigo para decirle que he logrado encontrar un cupo en el hospital de esa ciudad y que una ambulancia irá por él; su teléfono me lleva al buzón de voz, ya no responde, llamo a uno de sus vecinos, me ha dicho que un mototaxi ha venido por él para llevarlo al pequeño hospital del pueblo, que lo han sacado cargado y dormido.  Después de un día intentando comunicarme con el hospital, me dicen que mi amigo murió horas después de haber ingresado al servicio de urgencias, que le indique a su familia que pueden ir a recogerlo. Su familia vive en una vereda, llamo a la emisora de radio de la vereda para que le avisen a la familia de mi amigo, los de la emisora me dicen que lo harán en la única emisión matutina que tiene la emisora, al siguiente día en la mañana; pasan los días y el cuerpo de mi amigo pasa en los congeladores del hospital, la familia nunca llega, llamo a la emisora y me informan que su madre y sus hermanos ya saben de la muerte de Esteban, pero que no es posible para ellos salir de la vereda que queda a más de un día caminando hasta el pueblo y luego tomar un bus y viajar por dos días para ir hasta el hospital donde yace su cuerpo; su madre dijo que no podrán despedirlo, que le pida el favor al hospital que lo cremen y tiren sus cenizas al viento y que escriban en el aire con ellas “este soy yo, convertido en cenizas, el joven que se opuso siempre a la vida desde que nació”.

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