El escándalo de EPM

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Juan Fernando Uribe Duque (foto)
Escritor, asmedista

El fin de la empresa privada -de todas las empresas- es producir rentabilidad, esto es, dinero por la venta de sus productos y servicios. Las empresas del Estado funcionan con dineros públicos provenientes de nuestros impuestos y su rentabilidad pertenece al Estado para proyectos de inversión estatal para beneficio de la comunidad: servicios públicos, infraestructura, educación, proyectos de vivienda, salud, etc. Ocasionalmente, se hacen alianzas público privadas (APP) aprovechando capital y experiencia privados con un claro marco jurídico que establezca prioridades y equilibrio en las ganancias y el manejo de las empresas u obras de servicio público; ejemplo de ello son las concesiones de túneles y carreteras como la Ruta del Sol y muchas de las llamadas 4G.

Pero cuando las empresas del Estado, como EPM, se toman como botín para establecer negocios y contratos exclusivos de particulares con el Estado, dejan de ser éticamente viables para formar un conciliábulo rentístico a partir de los dineros públicos, y eso no es sano para una sociedad que propende por tener una institucionalidad pública fortalecida y democrática. Conservar la institución pública sin la injerencia de la empresa privada, salvo para asesorías y consultorías, debe ser objetivo de un gobierno democrático que luche contra la corrupción.

Podrán esgrimir el argumento de que el Estado es corrupto y todas sus empresas están condenadas a la quiebra. Pues de eso precisamente se trata, de ir creando empresas estatales con una planta administrativa de carácter público comprometida con el servicio y siempre con miras a la excelencia y amor por el país.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia