Sobrediagnóstico y sobretratamiento en Psiquiatría. Pensamientos en mi rumiar en Cuarentena

Apuntamientos y reflexiones

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Alberto Restrepo Ochoa (foto)
Psiquiatra

Nota: Ay, y pobre del que es solo criticón y vitriólico, poseído de ignorancias enciclopédicas.

La psiquiatría, con excepciones, no está exenta de los problemas –graves- del sobrehacer; me referiré a solo dos: Sobrediagnóstico y Sobretratamiento. Incluiré una breve referencia a la confrontación Razón versus Intuición en psiquiatría.

Como el sobrediagnóstico casi que sin evitarlo lleva al sobretratamiento, en este escrito me referiré a ambos sin separarlos.

Estos fenómenos del sobrediagnosticar y sobretratar –casi una epidemia– han sido llamados por un destacado psiquiatra como “modas y falacias” de la psiquiatría actual.
Es que a los expertos de la psiquiatría ‘de por estos días’, les dio por patologizar todos los infortunios que nos ocurren a todos los humanos; a usted y a mi incluidos.

¿Y, por qué?

Es que ya casi no hay tiempo para mirar y oír al paciente y, menos para hacer una anamnesis, y menos, todavía más, para hacer intuitivamente juicios clínicos sobre los sufrimientos del paciente.
La psiquiatría de antes, buena o mala, juzgue usted, no era así. Es que en siete años de posgrado a mí así no me la enseñaron.

“La biblia”, como se ha rotulado al DSM –creo que con menosprecio y sobrada razón diría yo- lista criterios, (así llaman ya a los síntomas del paciente) y, les asigna duración en tiempo a algunos (¡que atrevimiento!). Y, si el psiquiatra recorre la lista de criterios descolgándose de arriba hacia abajo, obvio, o escalando de abajo hacia arriba –usted escoge— logrando aparear la lista de los criterios con el diagnóstico que la encabeza, pues ¡bingo!, halló el diagnóstico, y ahí no para pues a este, como ya lo dije – ¡qué repetidera! le sigue la receta para la droga.

¿Contra qué?  Pues contra el diagnóstico.  ¿Con la aprobación de quién?  Pues del doctor.

Acuérdense de una cosa que de seguro a ustedes les ha pasado: la mayoría de los tormentos infelicidades y angustias del vivir son esperables, entendibles y muchas veces normales; no necesitan de diagnóstico y casi nunca de pastillas.

Es que la mayoría de los acaeceres psicopatológicos, muchos del diario vivir, son síndromes –un ensamble de molestias y maluqueras emocionales y, de anerviamiento, como hermosamente dicen los campesinos-, y no enfermedades en un sentido biomédico.

¡Piensen pues!; síndromes y no enfermedades.

Esto del sobrediagnóstico y sobretratamiento se ha convertido en un diluvio, “una epidemia diagnóstica”, anotó un connotado psiquiatra.

Dudo que haya pacientes que salgan de un consultorio psiquiátrico (no todos) “sin diagnóstico”, o con “diagnóstico en estudio” y, menos sin una receta en la mano.

Recuerdo en los comienzos de mi residencia (1.967) que todo paciente que se ‘zafaba’ (así decía la jerga popular), es decir que hacia un cuadro psicótico, era diagnosticado como esquizofrénico; antes era dementia praecox.

Hoy hay un nuevo concepto, o mejor noción; la del llamado espectrum o espectro en psicopatología. Y con esto del ‘spectrum’, crece y crece la audiencia de los diagnosticados y recetados.

Veamos:

Cuando los infortunios de un paciente no cuadran con el diagnóstico oficial se dice que el paciente tiene “un mal atípico” o “un mal resistente” al tratamiento. Con cara gano yo y con sello pierde usted…

Esto de la ‘atipicidad’ es otro nuevo concepto. Y, con él, crece y crece la audiencia de los diagnosticados y recetados…

Hoy, hay un sobrediagnosticar de depresión, de trastorno de pánico, de trastorno de atención e hiperactividad, de autismo, y de eso que llaman bipolaridad; un membrete nuevo para un vino viejo.

Una vez que un mortal es sobrediagnosticado, no lo dude usted, termina siendo sobretratado.

O sea que el paciente a más del diagnóstico de enfermedad (disease en inglés), adquiere como encima, vea pues usted, una illness (sufrimiento en inglés, no enfermedad).

Illness configura un estatus especial dado a una persona que sufre una enfermedad (disease), que le garantiza al enfermo, al diseased, unas garantías y derechos especiales; por ejemplo, incapacidad laboral, derecho a que lo atiendan, a permanecer encamado y a que no le pidan nada ni le hablen muy duro y menos que le hagan ruido.

En síntesis, primero viene la enfermedad (disease), y luego el sufrimiento o la illness que es un constructo social, no una enfermedad.

En esto del diagnóstico la psiquiatría está embarcada en una cruzada por hallar biomarcadores diagnósticos; aún no tenemos ni uno.

Este fenómeno diluvial del sobrediagnóstico también ha incursionado en el terreno de los niños.

Ustedes lo saben, o lo han oído. En las escuelas, que así deben llamarse (colegio es algo diferente), “nuestros hijos van al colegio holandés, y los míos al británico, y los de mi hermana al “Colombos”, y los míos querida, al de ese pervertido de Marcial Maciel, el de los Legionarios de Cristo, el mimado del polaco Karol Wotyla, Pablo II, pero es que es tan bueno y esas faldas tan hermosas…, en esas escuelas llamadas equivocadamente colegios (lo sé porque lo viví) no escasean los educadores sintonizados con el TDAH, y los niños con su droga aquietadora y enfocadora. No así en Castilla ni en Santa Cruz.

Nota. Como psiquiatra especializado en niños y adolescentes; por todos los dioses no sigan diciendo psiquiatría infantil…eso no existe…mentiras, si alguien no entrenado en ella la practica –estafa a cielo abierto-, sí es posible que practique una psiquiatría adjetivable como infantil, y que el psiquiatra mismo sea también adjetivable como infantil.

Sigo:

¿Sera que con niños la epidemia, llámela como usted quiera, es clasista y selectiva, y para reforzar y confirmar las sospechas hasta los educadores sugieren que al muchachito le hagan un examen “psicotecnico”…No pasa de 600.000 billetes, varias sesiones en este tráfico tan alambicado y ‘ anerviante’ de la Eterna Primavera. Y, mi opinión, esos exámenes no sirven pa’ na, como me dice Absalón, secundándome sin reticencia alguna.…Pobres mamás…

El ‘diagnostico’ de ADHD (en inglés, attention déficit hyperactivity disorder), se disparó a las nubes; Absalón me dice que a una galaxia años luz, lejos del “planeta tierra”, como él oye decir ‘por estos días’.

En todo caso, para suavizar eso del sobrediagnóstico (que conlleva sobretratamiento… sí o qué…), se dice que la mayoría de los casos son leves o moderados. Dígame usted…La retórica, el lenguaje, sirve para engañifas y pirotecnias…y, en psiquiatría, también en otras ramas de la medicina, sí que se ha manoseado el lenguaje. Tema fascinante que amerita otro escrito.

• El diagnosticar en psiquiatría a lo convencional (DSM V, ICD por ejemplo) es de utilidad muy relativa; sirve solo a las aseguradoras y las estadísticas sanitarias de un país.

• Una formulación diagnostica en psiquiatría, lejos de los manuales de nomenclatura, es una tarea intrincada y que se da en varios frentes: médico, fenomenológico, interaccional, dinámico, espiritual.

• Que yo sepa en ningún posgrado de psiquiatría nuestro hay una catedra o seminario de los noes; es decir, de cuando no hablar, cuando no diagnosticar, cuando no recetar, cuando no ventilar juicio alguno, etc. Si lo hubiera quizás esta traba y dilema del sobrediagnosticar y sobretratar no sería tan protuberante.

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Pensando en lo que estamos y en lo que iremos a estar –me refiero a psiquiatría—el alma no se me llena de esperanzas.
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Es como sí el cargarle al paciente un diagnóstico y recetarle una o varias drogas (la polifarmacia es rampante a pesar de tres-cuatro años de residencia) se hubiera convertido en el adorable becerro de oro de la psiquiatría.
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Me he preguntado -hágalo usted si quiere– si en psiquiatría ya “podemos afirmar lo que creemos conocer” y, “precisar el grado de certeza de esos conocimientos”.
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La intuición es falible (pues claro); también lo son las evidencias basadas en la observación, en la demostración lógica y más aún en la razón.

Me decía un supervisor (experto en psicoterapias dinámicas cortas y en psicofarmacoterapia racional): Alberto, olvídese de escalas, afirme mejoría de su paciente en cinco puntos:

• Auto apreciación del paciente.

• Mejoría en conductas vegetativas. (comer, dormir, vida sexual).

• Aumento del sentimiento hedónico o de goce. (incluye placer en el cuidado personal).

• Mejoría en actividad laboral y/ o académica

• Aumento en actividad recreativa y social.

• Ah, y olvídese de las escalas…”si usted estudia y sabe, no las necesita”…

Debemos aceptar que “el entendimiento humano es incapaz de hallar respuesta definitiva a muchas cuestiones de capital importancia para la humanidad”.

Dudo que se puedan racionalizar los dilemas y sufrimientos que estos traen y, que todos en mucho, o en poco, padecemos.

Mientras más se ha tratado de racionalizar a los sentimientos humanos, estos más se han volatilizado…qué es esto, qué no, qué es aquello, qué lo del acá, no, qué lo del acullá.

La psiquiatría no es exacta ni infalible, como tampoco lo son los sentires y pensares, o como en otros campos — teología y filosofía– que no se pueden racionalizar.

Ningún fenómeno de la psicopatología humana se ha explicado por medio de la razón y la demostración empírica.

Solo la intuición (y una especie de fe basada en la intuición…sí señor, una fe), nos ayuda a nosotros los psiquiatras a hacer algo entendibles los intersticios y recovecos encerrados en los dilemas del paciente. La intuición y, la fe que esta trae –sí la fe, o un cierto tipo de fe), que no es inerte ni estática como la religiosa; las intuiciones y la fe que ella trae son potencialmente cambiables con el devenir de la narración y los alumbramientos de la introspección.

Es que la intuición fluye y se enriquece con la narración del paciente. Todo es transitivo en un haciéndose, deshaciéndose y rehaciéndose.

Así es el encanto de la psiquiatría

Algo de duda, aun torturante, puede subsistir como residuo, aun cuando las luces de la terapia alumbran las penumbras de una conciencia atormentada. Luces venidas de la intuición, NUNCA, PERO NUNCA, DE LA RAZÓN.

El saber sobre el sí mismo está enraizado en la intuición, no en la razón.

Si con la intuición se logra aclarar, para qué buscar ‘pruebas’ adicionales, basadas en la razón y el empirismo.
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Nos están atiborrando llevándonos a una extrema credulidad en la razón, la tecnología y la ciencia. De allí en mucho vienen la sobrediagnosticadera y sobretratadera, si así puede decirse.
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En mi experiencia intuía con frecuencia que en la vida de muchos pacientes había un cierto sentido trágico, y eso cuando se entrevé amerita ser expuesto y analizado en el encuentro psiquiatra-paciente.
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He pensado que, si la razón pudiera ser medida, sería muchísimo más chiquita que la totalidad de la vida de cualquier paciente.

“Contra los valores afectivos –las emociones y sentimientos- no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, ni siquiera son verdades”.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia