12 – Fuga

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Guillermo Henao Cortés (foto)
Ginecoobstetra, Poeta

  Para cantar al agua

  Quiero estar a la orilla del torrente.

                                                                       Epifanio Mejía  (*)

«Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener paciencia de esperar que vuelvan. Pues, los recuerdos mismos, no son aún esto. Hasta que no se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos se eleve la primera palabra de un verso,

Pero mis versos todos nacieron de otro modo; por tanto no son versos (**).

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«…no basta tampoco tener recuerdos. Hay que saber olvidarlos si son muchos, y con gran paciencia esperar hasta que vuelvan. Los recuerdos, en sí, nada son; si se vuelven sangre en nosotros, sólo entonces puede suceder que -en una hora muy rara- surja de ellos la primera palabra de un verso. Pero todos mis versos han nacido de otro modo; es decir, no son versos» (***).

Rainer Maria Rilke

 

(*) Epifanio Mejía: El poeta. En: El poeta, 1866. OBRAS COMPLETAS. EDICIONES AUTORES ANTIOQUEÑOS, Medellín, 1989, p. 178.

(**) Rainer María Rilke (1875-1926): Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. 1910. Trad.  Francisco Ayala, EDITORIAL LOSADA, S. A. Buenos Aires, 1979, p. 31.

(***) Rainer María Rilke: Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. 1910. Trad.  Luis Di Lorio, Guillermo Thiele. En: Cartas a un joven poeta. Ed. Siglo Veinte, Buenos Aires, 1980.

 

Como niños de escuela

nos fugamos del trabajo

al rayar la jornada.    Por callejas

re buscadas

esqui vamos los lastres que traíamos.    La mañana,

aún  fresca, tiende a calurosa. Las remotas cordilleras

cada vez lo son menos.    Te di viertes

detectando sus matices

verdeazules

verdeocres

verdenegros

verdeópalos

verdeverdes.

En el piso

nuevos racimos de crestas sedentarias

descorren, somnolientos, sus párpados.

Tus revueltos cabellos,

ceñidos con los jugos florales de tus ojos, se bañan

en el allegromoltovivace de tu risa.

Leías a Pavese, profundo como el agua clara

-mis amigos

no atinaron a esto-.

Por el roblón del gris áspid de brea

ascendemos en roncos desplazamientos motorizados

y nos sentimos libres:

¡lábil e incesable cultivo!

Sabemos

que el día no es nuestro,

que los pecíolos del movimiento no son nuestros,

que todo parece nuestro

y que tu y yo nos pertenecemos y no.

Entonces,

Esto es vivir.

Entonces,

averiguo elnombreylugardelodemás,

las células  trituradas

por los despojadores de turno,

las venas desgajadas

de los bienes comunes

que otros se apropian.

¡Mira! dices,

¡ Aquellas nubes!

-gigantescas columnas de volátil nata

deambulan, majestuosas y errátiles,

sin des tino, como todo.

El fondo

es azulazul-.     ¡Quiero sentarme

en la más alta

                            a hacer carrizo!

La campesina recordó los rostros recientes, prosiganprosigan,

esta casa es de ustedes.

Un radio arcaico grita

las elecciones -valen huevo- de un vecino país

Allende el mar.

El establo, chico y viejo, con sabor a aurora

y a leche joven,

opaca la canción del río.    La hierba

muelle

con lagunas

de fango

negro

y estiércol,

nos lleva a improvisar salticos asustados

-eres ágil y osada-

y a reír. Otra vez niños.

En la hondo nada

estrellan sus hojas el playón y las aguas.

Inmersos desde la apacible colina,

no cruzaremos

las despejadas puertas del río.

Sentados en la cúspide

de los minutos crepitantes,

lo contemplamos,

nos bañamos

en su policromía mono-tona,

desde aquí,

desde el árbol,

desde la ventana esmeraldina del árbol,

desde la ribera del aire

refrescante y caliente

que palpita.

Palpitan los Beatles, ¡Oh, los Beatles, desalambradores de mundos!,

reventando en de este ellos

    las implosiones

delosarcoirisdeadentro.

Sorprendes en mis cabellos calvos

una distraída mariposa.

¡Cómo es que forcejea con pánico de muerte entre tus dedos!

No te muevas, con cierto encoloressostenuto,

no te lastimaré.

Pero puede más el afán de ser libre

¿libre?

que la  oferta de afecto. Y se te es capa.

En tus pulpejos restan

fosforescentes

retazos de vuelo,

cristalitos moradosrojosamarillosazulesverdes

que abrasan el sol.

Me los donas,

terso tatuaje,

  clavados en mi pecho.

Y cuando tomas el vaso

        de os curo vino,

aprisionados por tus huellas y el claro vino,

aletean con nosotros

los vestigios del insecto liberado en tus manos.

Breve

fugaz

este momento in tenso.

Imperdurable

intensidaddetuscariciasymisbesos

                                                                  en el vellocino

de tu nuca.

Áspero

para tu pie

el tercio pelo del calzado que ha recorrido continentes

y que agoniza

ahora

en esta

   bajadita

      de minifundio.

Más allá del fluvial an hielo,  en el pinar verdeopaco

donde se oyen sombras y humo edad,

quieres perdertepenetrarte

en indivisibles cuerpos simples,

inundada

por las aguas alfonsinas del río.

Ellas llenan tus canales y tus vórtices,

arrastran tus ramajes

por las nubes del suelo,

encima de cuanto eres;

avivan,

entre las aspas de lo cotidiano,

el horno en que hierve nuestra un ión.

Y lloras

al partir,

y gozas ignorando mi angustia,

y te entristeces

aunque estarás conmigo en nuestra ausencia.

Serán muchos días sin días.

Permaneceremos juntos, juntos,

sujetando el hilo inasible de los re cuerdos.

¡Ah los recuerdos!

Recuerdo

los recuerdos…

Sin añoranzas, sigue y sigamos recordando,

pero

 

 ¡¡¡ V  I  V  E !!!

 

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia