Amalia fue solo un sueño

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Roberto López Campo (foto)
Neumólogo
Ex integrante Taller de Escritores de ASMEDAS Antioquia

Cuando su frágil e inanimado cuerpo descendió a la fosa, un pedazo de mi alma se inhumó con ella. En aquel féretro marrón, de bordes argentados, partieron trozos de mis juveniles sueños que durante muchos días posaron en mi mente al lado de ella.

Compañeros de estudios, disfruté junto a ella muchas vespertinas, extasiado en sus ojos, en su boca, que yo ansiaba besar, sin poder alcanzarlo.

Intentaba concentrarme en mis textos de estudio, en aquellas figuras anatómicas mediante las cuales pretendía conocer el enrevesado cuerpo humano, pero mi anhelo por ella era más fuerte y entonces las figuras del texto médico, inanimadas e inexpresivas, adquirían vida y movimiento para mis eróticos sueños: era su imagen, la que con gracia y soltura se movía en las páginas del texto.  Me parecía verla sonreír, separando de su rostro un mechón de su pelo movido por el viento.

Ella, más concentrada en sus lecturas, se mostraba un poco indiferente, y tal actitud exacerbaba mis ansias de amarla.

Mis requiebros y galanterías solían despertarle una tenue sonrisa, que acompañaba con un gesto de sus labios y una mirada esquiva.

– ¡Tonto! ─me decía─, ¡sabes bien que te amo!

Entonces, un poco más sosegado, volvía a concentrarme en mis lecturas.

Ambos éramos muy jóvenes y teníamos el firme propósito de hacernos médicos. El destino había propiciado nuestro encuentro, allí, en los pasillos y aulas de la Facultad de Medicina, en donde nació aquella mutua atracción que pronto se convirtió en un amor apasionado.

Fuimos madurando y aprendimos que nuestra futura profesión nos exigía una excelente preparación. Las prácticas clínicas, en sitios diferentes, nos separaban durante horas, en ocasiones durante días. Pero seguíamos amándonos.

Con entusiasmo, nos contábamos nuestras experiencias adquiridas en aquellas silenciosas salas del hospital y, con algo de tristeza, las angustias y preocupaciones manifestadas por muchos de nuestros pacientes. Comentábamos, a viva voz, con un poco de temor, las responsabilidades adquiridas al hacernos profesionales de la medicina.

Ella soñaba ser pediatra, “para cuidar mejor a nuestros hijos”, según solía expresarlo, riendo con picardía.  Yo deseaba ser Cirujano del Tórax. Finalmente, estallamos en risa. No podía faltar una tenue caricia. Éramos felices.

Así, poco a poco, avanzaban nuestros estudios, con responsabilidad y perseverancia hacia el logro de ver realizados nuestros sueños. Disfrutábamos de nuestros encuentros y hacíamos planes para la vida de pareja. Pero el destino, que tiene sus sorpresas, inesperadamente truncó nuestros sueños. Una tarde de domingo, cuando con su familia regresaba de Rionegro hacia Medellín, un lamentable accidente le segó la vida.

Exangüe, con sus mejillas intensamente pálidas, sus labios entreabiertos como queriendo expresar una sonrisa, la contemplé camino hacia el anfiteatro, en donde realizarían la autopsia de rigor.

Un desaliento intenso invadió mi ser y con profunda tristeza sentí cómo se esfumaban, por causa del destino, muchos de los sueños que a su lado construí durante varios años.

El día de mi grado sentí sus pasos a mi lado y un suave hálito, proveniente de su espíritu, cobijó todo mi ser. Creí escuchar su risa y unas cuantas frases con las cuales me animaba a seguir adelante. Quise abrazarla y colmarla de besos, pero su fantasmal figura se desvaneció entre las sillas del auditorio.

La tarde era fresca a pesar del radiante sol que descendía entre dos picos de la montaña.  Anonadado y taciturno, recorrí la sombría avenida que desde su tumba conducía hasta la salida del campo santo, en medio de un buen número de enfilados cipreses, que enmarcaban la vía.  Me pareció verla caminar a mi encuentro, vestida de blanco, sonriente, con su pelo suelto que oscilaba al compás del viento, llevando de la mano a esos dos pequeños hijos que no alcanzamos a concebir.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia