Vacunarse es una responsabilidad social de todos

Tomado de: www.elespectador.com

Por: Camilo Camargo (foto)
Columnista El Espectador

Como lo he dicho en columnas anteriores, hay que tener mucho cuidado con lo que se comparte en las redes sociales. A propósito de la vacuna contra el COVID, los movimientos antivacunas otra vez están comenzando a resonar por todos lados con contenido que no está basado en evidencia científica y que pone en duda el esfuerzo que las más reconocidas universidades, laboratorios y científicos en el mundo están haciendo para frenar esta pandemia en el menor tiempo posible.

Es así como muchas personas, en lugar de informarse, se quedan con un voz a voz erróneo y han tomado la firme decisión de no vacunarse. Acá no se trata de que cada uno decida de manera individual si se quiere o no se quiere vacunar de acuerdo con los mitos que de manera informal ha oído como, por ejemplo, que la vacuna ocasiona infertilidad en las mujeres (falso), se hizo tan rápido que no es efectiva ni segura (falso), hace que a uno le dé COVID (falso), cambia el ADN del cuerpo (falso). Se trata de pensar en colectivo, porque si queremos frenar la pandemia todos nos tenemos que inmunizar.

Hay suficiente evidencia científica que indica que la vacuna contra el COVID salva vidas. Esta es la alternativa y es responsabilidad de todos hacerlo. Si usted se pone la vacuna y yo no, nos vamos a demorar mucho en minimizar esta enfermedad. Es cierto que la vacuna no es garantía de que no dé COVID, pero sí de que no sea tan fuerte y, en ese sentido, que las personas no mueran a causa del COVID.

De acuerdo con la Universidad de Chicago, cada año las vacunas nos protegen de por lo menos 20 enfermedades distintas y salvan alrededor de 3 millones de vidas. Cuando nos vacunamos, no solo nos estamos protegiendo a nosotros mismos, sino también a las personas a nuestro alrededor, pues ayudamos a reducir la propagación del virus y es así como se convierte en una responsabilidad social que todos nos vacunemos.

Normalmente, toma muchos años desarrollar una vacuna y asegurarse de su seguridad y efectividad, para finalmente producirla de manera masiva. Y es aquí en donde está el primer miedo de la gente sin tener la otra cara de la moneda presente. Las personas creen que por lo rápido que se produjo, no sirve y no es segura. Es la primera vez en la historia de la humanidad que se ha dado prioridad a una vacuna y, como consecuencia, ha habido tanto dinero invertido y tantos científicos alrededor del mundo trabajando juntos para acelerar un proceso de investigación y desarrollo. Esto ha permitido que los pasos que hay que dar se hagan de manera simultánea y no secuencial, como pasa normalmente y es la razón por la cual una vacuna puede tardar hasta 10 años o más. Por otro lado, la tecnología ARNm que se está usando no surgió de la noche a la mañana, sino que viene en estudio desde la década de los 90. Así que si bien el desarrollo de la vacuna contra el COVID parece muy rápido para ser verdad, es real y no se ha saltado ningún paso como algunos nos han querido hacer creer.

Otro mito tiene que ver con el hecho de que al aplicarse la vacuna nos va a dar el COVID. ¡Las vacunas no nos introducen la enfermedad! Lo que hacen las vacunas es enseñarle a nuestro sistema inmune a reconocer y pelear contra la infección. Algunas personas presentan algunos síntomas después de vacunarse contra el COVID o cualquier otra enfermedad, es lo esperado. Pero eso no es la infección en sí misma, como lo han sugerido, sino la respuesta del cuerpo a la vacuna y esos síntomas son mucho menos graves que contraer la enfermedad.

Y así hay otro par de mitos que todos tienen su contraparte y sobre los cuáles no voy a hablar en este espacio. Hay suficiente evidencia científica que desmitifica todas las habladurías y los invito a consultarla en fuentes fidedignas.

Mi llamado hoy es a vacunarnos y que no pensemos de manera individual sino en colectivo. Es una apuesta que tenemos que hacer como sociedad pensando en el bien común y así quedar todos inmunizados. Que no se nos olvide que el COVID no ha traído la única crisis de salud en el mundo y hay mucho que aprender del pasado. La polio, por ejemplo, aterrorizó por décadas a las familias y fue solo una vacuna la que logró erradicar la enfermedad en gran parte del mundo. Bastaría con una persona infectada que llegara de otro país para que se introdujera la polio nuevamente si no estuviéramos todos vacunados.

De todas maneras, la vacunación se va a tardar un tiempo. Mientras tanto, podemos seguir viviendo con prácticas individuales básicas de cuidado como el uso de tapabocas, lavarnos las manos, mantener distancias físicas, monitorear nuestros síntomas y priorizar estar en espacios bien ventilados.

La desinformación a través de las redes está causando mucho daño y un tema tan importante como este no puede caer en las manos equivocadas para hacernos creer que la solución no está en la vacunación. La solución está en que todos enfrentemos esta pandemia colectivamente implementando medidas de prevención y vacunándonos masivamente por el bien de la sociedad.

Tomado de: www.elespectador.com