Las miserias de la tercerización en el sector salud

No hay unas tercerizaciones malas y otras buenas, al oído de la Procuradora General de la Nación

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Carlos Alberto Giraldo Giraldo (foto)
Médico Psiquiatra
Ex presidente de ASMEDAS Antioquia

Sorprende positivamente que el procurador Carrillo haya llamado la atención y advertido de la ilegalidad de las distintas formas de tercerización laboral en el sector salud.  Sorprende porque es un viejo clamor a voces de los trabajadores de la salud correspondido con la sordera y la indolencia por el gobierno en sus distintas instancias, el parlamento y los administradores del sistema de salud.  No sin advertir que las veces que se ha intentado cambiar ese estado de cosas surgen fuerzas “no oscuras”, pero poderosas económica y políticamente, que no dejan levantar la cabeza sumergida.  Lo que pierden los trabajadores y ganan esas fuerzas debe ser cuantioso cuando se empeñan en mantenerlo.

La magnitud del problema no puede ser más reveladora.  Por cada trabajador vinculado hay 2.5 trabajadores tercerizados.  En términos del procurador: “Los contratos tercerizados constituyen así el 71.37% de los puestos de trabajo en el sector y los servidores que están vinculados a las plantas de personal de las entidades del sector de la salud pública solo constituyen el 28.63%, lo que contradice a todas luces el mandato legal que determina que la regla general de la administración pública es que todos sus trabajadores sean vinculados de manera directa y, excepcionalmente, por situaciones casi fortuitas, por contratos de prestación de servicios o tercerizados”.  Las cifras encontradas en el estudio hecho por los gremios de la salud que utilizó como fuente a los trabajadores y que incluyo al sector privado son muy similares.

El Procurador estableció que se está tercerizando la operación de actividades misionales por medio de outsourcing, servicios temporales, cooperativas de trabajo asociado y contratos sindicales.  Dice el boletín de la procuraduría que el procurador mostró preocupación por la precarización de las condiciones de los trabajadores de la salud.  Lo que el procurador llama precarización es equivalente a lo que en este escrito se denominan las miserias de los trabajadores de la salud.

Ahora que los médicos y, en general, los trabajadores de la salud andan en olor de heroísmo y en olor de multitud (léase aplausos a las 8, palmaditas en el hombro, reconocimientos en abundancia), el gobierno y el establecimiento harían bien en adecentar la relación laboral y dignificar sus condiciones de trabajo.

La ecuación es simple.  Cuando la medicina era predominantemente una profesión liberal, los médicos vivían bien puesto que había una correspondencia entre una actividad meritoria y el reconocimiento social.  En tiempos del sistema nacional de salud y de la seguridad social se vivía decentemente, pues había una relación laboral regulada.  Con el advenimiento del pluralismo estructurado de la Ley 100 y el sistema de protección social, se puso a los trabajadores a equilibrar financieramente el sistema y a sostener su sostenibilidad de cuenta de sus ingresos y garantías laborales: un sistema regulado y unas relaciones laborales desreguladas en un contexto intensivo en mano de obra.

El resultado natural de esta ecuación es la tercerización laboral y sus miserias.  La primera y políticamente más relevante es que la intermediación laboral despoja al trabajador de su condición de ciudadano.  El tercerizador, llámese sindicato de primero, segundo o tercer piso, cooperativa de trabajo asociado, mutual o cualquier otra especie, firma por él.  En otros términos, el trabajador renuncia a la condición de ciudadano capaz de contratar por sí mismo y “su” sindicato o “su” cooperativa contratan por él.  El “su” es porque el relato para los demás es que no se trabaja para el sindicato o la cooperativa, cada quien es dueño de su asociación y,, por lo tanto, “su” propio patrón.  Conviene recordar que, en sus orígenes, la tercerización laboral se utilizaba para integrar socialmente a aquellos a quienes la sociedad relegaba.  Los ex convictos y las prostitutas, aquellos que no tenían voz, eran integrados a los trabajos con la mediación de un tercero, una asociación que hablaba por ellos.

Patrón para las pérdidas pero no para las ganancias, que las hay.  Gana el gerente de la IPS que recibe incentivos por asignar el contrato y gana el tercerizador por administrar el contrato y, de paso, el salario del trabajador.  El gerente se ahorra transitoriamente la relación laboral con todos los compromisos que implica: pago oportuno de los salarios, las prestaciones y las tensiones propias de la misma.  El tercerizador cobra por administrar el contrato, lo que le da patente para retrasar los pagos, menguar la cotización a la seguridad social y deshacerse del trabajador según su capricho o el del gerente.  De paso, no puede afiliarse a un sindicato de verdad que lo defienda ni intentar trabajar por iniciativa propia, puesto que ya pertenece a una organización a la que le debe fidelidad.  En el camino queda tendida la dignidad del trabajador, su estabilidad, su bienestar y su visión de futuro.  Para estos propósitos se ha generado una clase empresarial tercerizadora que tiene una enorme habilidad para crear asociaciones para esa contratación y de deshacerlas cuando los incumplimientos laborales están al tope.

De lo antedicho se derivan varias miserias.  El hospital que participó en esa contratación responde por los compromisos laborales que ilusoriamente quiso evadir y que el tercerizador incumplió.  Esto suele suceder cuando el gerente que firmó el contrato ya no está en la IPS y el que recibió asume y gira contra unas finanzas de la institución ya maltrechas.  Pierden los médicos como gremio porque, por una parte las desgracias de uno son desgracias colectivas, y porque los tercerizadores pueden ser otros colegas o emisarios suyos con vocación depredadora.

Las miserias son muchas más si asumimos que estamos ante una generación de trabajadores que tiene negado un horizonte de futuro que, como decíamos en otra ocasión, no puede hacer promesas de amor porque el amor está ligado al futuro.  Pero son suficientes para adherir a la Circular 007 de 2020 el jefe del Ministerio Público y a solicitar que se haga efectiva al conminación a los funcionarios públicos y a los administradores del régimen privado, responsables de la administración del sector salud, a no desconocer los derechos de los trabajadores del sector a una vinculación en condiciones de estabilidad laboral.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia