Pensares en Cuarentena

Apuntamientos y reflexiones

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por; Médico Alberto Restrepo Ochoa (foto)
Psiquiatra

UN ELEFANTE EN LA CACHARRERÍA

Reitero:

La REALIDAD de nuestra psiquiatría actual, la de LA NUEVA PSIQUIATRÍA, es crítica.

En lo temático-doctrinario, en lo asistencial, en su envoltorio y cuerpo, y en la fachada quasi religiosa que va tomando por la adhesión a ella de muchos de sus oficiantes y, ciertamente de empresarios y magnates venidos del mercado libre de capital, incursionados desde 1.993 en el campo de la salud, en todo ello, para mí y varios colegas, la situación es crítica.

Esta REALIDAD nos hace preguntas y nos lanza gritos que, al parecer, no están siendo oídos, o que pretendemos no entender.

La crisis de la psiquiatría, ¿habrá alguien que pueda disputarlo?, está frente a nuestras narices.

Pero es que hay que mirar lo que muchos no quieren ver, y escuchar lo que muchos no quieren oír, y reflexionar sobre lo que muchos no quieren pensar, y decir sobre lo que muchos no quieren ni hablar.

El elefante está metido en la cacharrería, hace añicos por doquier, y nos negamos a verlo.

Nadie dice que lo vio, y, menos, que lo sigue viendo.

Nuestra vieja psiquiatría, de los 50’s a los 80’s no fue gloriosa ni solemne; pero en nada lo es ni lo será la nueva psiquiatría. La vieja psiquiatría es hoy una pieza de historia obliterada y extinguida por el embate de la nueva psiquiatría.

Entre los 50’s y 80’s del siglo pasado, extinguida en mucho la psiquiatría empírica-manicomial, un pequeño grupo de psiquiatras jóvenes formados en instituciones universitarias extranjeras de gran prestigio, orientados por el doctor Pablo Pérez Upegui, empezaron a sentar las bases y crearon, con visión progresista, los comienzos de programas en lo educativo, asistencial y aun de investigación y publicaciones, de una psiquiatría académica, médico-humanista, hoy casi tan extinguida como la manicomial que la antecedió.

Fue un brote promisorio que de haberlo nosotros protegido y cultivado le hubiera dado un sitial digno y meritorio, entre todas las especialidades médicas, a nuestra psiquiatría.

Esa fase de los comienzos de nuestra psiquiatría académica médico-humanista, como atrás dije, no fue tan desprovista de valores ni tan llena de fracasos como los de la nueva psiquiatría intervenida y mercantilizada que hoy tenemos. Era una psiquiatría que apuntaba hacia un futuro, que mostraba incipientes brotes para crear escuela contando en ese entonces con docentes de excelentes calidades.

¡Pero hoy el elefante sigue en la cacharrería!

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La tragedia –nunca tragicomedia—de nuestra psiquiatría se ha dado en tres actos, uno tras otro en picada, a momentos con asomos de vodevil, en un teatro principal y único, el departamento de psiquiatría de la U de A –aún no había cosecha de facultades de medicina–. Veamos:

ACTO 1º: Rápido abandono y desmantelamiento de los comienzos de obra erigida por los doctres Pablo Pérez Upegui, Jaime Barona G., Ricardo J. Toro G, Ramiro Vélez, Jaime Bedoya R., Luis E. Yepes R. y otros. Hoy ni ruinas quedan…

ACTO 2º: Arribo de un grupo de jóvenes, y de unos pocos más “jechos”, que, olvidando los cimientos ya echados y los asomos de horizontes promisorios, empezaron a hacer de la psiquiatría una masa de plastilina para moldearla a sus antojos.  Algunos, ascendidos a dedo al poder, se quedaron por décadas moldeando la porción más grande de plastilina que a ellos, como ‘jefes’ y a nadie más, les tocó en suerte.

ACTO 3o: Arribo de un ventarrón (Ley 100) que no se abstuvo de acosar con azotes a la psiquiatría, en su involucionar, cayendo hacia el diagnóstico-tecno-bio-farmacologismo; la Nueva Psiquiatría de hoy.

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En su crecer, a mi entender, una facultad de medicina como ente educativo-asistencial debería evolucionar hacia la condición de escuela, lo cual entraña desarrollo que lleve a la creación de escuelas formativas en sus departamentos académicos.

En el de psiquiatría, décadas de los 50’s hasta los tempranos 70’s se vislumbraba esa posibilidad de formar escuela. Hoy, “ni de fundas,’ como dicen las señoras de buena cuna.

Sé del glamur de conferencias con celebridades internacionales, de publicaciones, unas meritorias, otras incluido un libro, meras bagatelas, de añadiduras en tiempo y en currículo a algún postgrado.

Pero no se vislumbra asomo alguno de escuela formativa

¿Qué nos queda después de varias décadas?

Justo es preguntarse si ha crecido la dignidad y respetabilidad de la psiquiatría, la firmeza en la identidad profesional del psiquiatra, si ha surgido algún programa de educación continuada en psiquiatría –sí, para los psiquiatras–, si ha crecido la riqueza administrativa y académica de sus agremiaciones, la pertinencia y utilidad de sus investigaciones, la calidad de sus tareas asistenciales, o, siendo algo revoltoso, me pregunto si lo que ha crecido más son los problemas.

Pensando no veo semilla, ni atisbo de desarrollos sustantivos por venir que como puntal afirmen a la psiquiatría como disciplina médico-humanística; la que nuestra comunidad médica y de pacientes requiere.

INFLUENCIA Y PODER DE LOS PSIQUIATRAS EN LA NUEVA PSIQUIATRÍA

¿Quién decide cual es el destino a buscar y el camino a tomar por nuestra psiquiatría?

Varios colegas me han dicho que hoy, y casi en su totalidad, los rangos y alcances en tiempo y menú de servicios de la psiquiatría intermediada por los inversionistas de capital, no los fijan los psiquiatras.

PSIQUIATRÍA Y DEMÁS RAMAS DE LA MEDICINA

¿Es nuestra psiquiatría en su ubicación y estatus comparada con las demás ramas médicas, una hermana con igualdad de derechos, o tiene su presencia en medicina algo de forasteria?

Para la psiquiatría, si ha de ser fiel a su naturaleza y propósito, una educación y práctica asistencial integral es una RESPONSABILIDAD, no una OPCIÓN de posturas acomodaticias sumisas para servir al Sistema Sanitario privado.

¿Qué tanta fraternidad, integración, cooperación y ayuda mutua existe en la dispersadísima comunidad psiquiátrica de Medellín?

Si los psiquiatras y sus instituciones universitarias y privadas no se coaligan, la psiquiatría continuará huérfana, desestabilizada sin puntales, desperdigada en un reguero sin forma, sin presencia, sin futuro promisorio. Quien así no lo crea que cuente por escrito y proponga…

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Me pregunto, movido por la crisis sanitaria que nos asola, ¿cuantos programas de psicoterapia de grupo, de psicoterapias dinámicas –o cognitivas si usted prefiere– de objetivos y tiempo limitado, están en curso en nuestra psiquiatría, en cualquiera de sus ámbitos y bajo la guianza de cualquiera de sus hacedores?
En psiquiatría (la verdadera) se asiste y ayuda más con la escucha empática, el habla y el análisis, que con el rotular diagnóstico, pastillas y palabras de consolación. Estudios estiman que el 97% de la consulta psiquiátrica cabe en esta visión del habla y el análisis.

Pero el Sistema, en asistencia psiquiátrica, ha desmochado libertades y derechos de acción y de atención, recortando frecuencia y tiempos de consulta y de estadías hospitalarias, restringiendo acciones del psiquiatra y ….

En tiempos normales (yo aún no los conozco), y presumo que debe ser mayor en tiempos de crisis, los actores principales, particularmente los pacientes, deben ser escuchados y su contexto existencial explorado. ¿Es esto lo que se está dando en la Nueva Psiquiatría?

Ante este panorama me pregunto: ¿Qué se gana, y quién lo gana?

¿Le correspondería a los MBA titulados, a los noveles gerentes de empresa o directores de alguna de sus secciones, o a los empresarios mismos, enderezar el curso declinante de nuestra psiquiatría?

¿O es algo de incumbencia para los psiquiatras empezando por los que ostentan poder, o algo de poder?

Llamo ‘poder’ a las atribuciones y autoridad que respaldan la gestión –de un decano, particularmente si es psiquiatra, de un presidente de agremiación psiquiátrica, de un jefe de un departamento universitario de psiquiatría, y del colectivo de psiquiatras—que pueden y deben intervenir como autores o coautores de cambios que fomenten el avance de la psiquiatría.

Y me pregunto: ¿Están usando ese poder –atribuciones y responsabilidades— en abogar en pro de la psiquiatría, de los psiquiatras que forman y formaron, y de los pacientes psiquiátricos, sobre todo de los que están en los peldaños bajos de la escalera de los estratos sociales?

Estos deberes, que son más una responsabilidad que una opción, tienen que prevalecer sobre las tareas cotidianas y rutinarias, y sobre las mediáticas y publicitarias, hoy tan vistosas y tentadoras para algunos.

FIN

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia