Miércoles, 30 de Septiembre de 2020
ASMEDAS Antioquia

Arroz con pollo

septiembre 8, 2020 9:21 pm



Cuentos

Por: Médico Bernardo Ledesma Gil (foto)
Ortopedista – Asmedista

En el parque del pueblito se congregó la mayoría de habitantes para celebrar el inicio de las fiestas patronales.

El alcalde pronunció su discurso de inauguración de las fiestas y como una atención especial invitó a todos los asistentes a un almuerzo.

Desde el día anterior varias señoras del pueblo fueron encargadas de preparar varias ollas repletas de arroz con pollo.

Uno de los presentes, el cura párroco del pueblo, probó el arroz y manifestó en voz alta:

– Uff, este almuerzo está como vinagre, me sabe como raro-

El rumor se difundió rápidamente a todos los parroquianos que ansiosos esperaban su comida reunidos en varias mesas ubicadas en el parque principal del pueblo.

-El cura dice que este arroz con pollo está como descompuesto y que nos podemos envenenar-, dice uno de los presentes.

-Eso ocurrió el año pasado en la cena de navidad de la escuela.  Casi todos se intoxicaron y vomitaron hasta las tripas-, dijo en tono airado doña Regina, la maestra más veterana del pueblo.

-y si al padre le supo maluco, a la fija que está dañado.  Es mejor que no lo comamos-, decían otros.

El alcalde preocupado porque se iban a perder los almuerzos, se dirigió a la comunidad, hablando por uno de los parlantes de la Alcaldía y propuso lo que parecía una solución salomónica:

-Démosle a probar el arroz a tarzán, el perrito callejero que vive en la plaza, y si en media hora a ese perrito no le pasa nada, podemos almorzar tranquilos.

Dicho y hecho, le dieron al perrito un plato con arroz con pollo que el flacuchento perrito devoró vorazmente en unos pocos segundos.

-A partir de ese momento, todos estuvieron pendientes del animalito sin notar que le ocurriera algo y, cuando pasó la media hora, el alcalde muy entusiasmado anunció que ya podían almorzar tranquilos porque el perrito estaba en excelentes condiciones y no había peligro de intoxicación.

Comieron como náufragos rescatados después de meses de ayuno y muchos hasta repitieron.

Al rato llega la hija del alcalde gritando: ¡Se murió el perro, se murió el perro, se murió el perro!

La reacción de la población fue de pánico; inmediatamente muchos de los que estaban almorzando se sintieron enfermos; unos se introducían los dedos en la boca para inducir el vomito, varias señoras se desmayaron y hasta echaban babas por la boca.

Otras empezaron a sentir dolores en todo el cuerpo , cólicos y calambres en las manos y las piernas.

El pequeño hospital se llenó de gente que lloraba, vomitaba y algunos parecían que convulsionaban retorciéndose y hablando incoherencias.

-No hay camas para tantos pacientes-, dijo el único medico rural, muy preocupado, por su incapacidad para atender tantos pacientes.

El galeno quedó asombrado cuando al examinar a la hija del alcalde y encontrar que no se veía tan enferma, le preguntó:

-Niña, ¿y como murió el perro?

Y la niña inocentemente le responde:

-Pobre perrito, lo mató un carro!

Marzo de 2020

 

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