Lunes, 28 de Septiembre de 2020
ASMEDAS Antioquia

Más pensamientos sobre la crisis de nuestra Psiquiatría

junio 16, 2020 8:52 pm



Apuntamientos y reflexiones

Por: Médico Alberto Restrepo Ochoa (foto)
Psiquiatra

Pienso que por la naturaleza del encuentro entre paciente y psiquiatra y del trabajo que el primero adelantará bajo la guianza del segundo, el ambiente de una verdadera consulta psiquiátrica se reviste de una seriedad, intimidad y solemnidad que no se dan en ninguna otra interacción humana, incluidas las religiosas y las de intimidad en la conversación entre cónyuges.

“Lo que se da en un auténtico encuentro psiquiátrico está lejos, muy lejos, de lo ordinario y aun de lo extraordinario que pudiera darse en la vida cotidiana, aún entre esposos”. (What takes place during an authentic psychiatric encounter, is far, very far from the ordinary and even of the extraordinary that could take place in the everyday life among spouses”.).

Pienso: ¿Se da ese tipo de ambiente y atmosfera en los breves encuentros de hoy entre paciente y psiquiatra?

Pienso: ¿En la crisis que arrasa y desola hoy a nuestra psiquiatría, será posible inculcarle a dicho encuentro la solemnidad, y esa brisa suave que haga pensar introspectivamente, iluminando el espíritu –conciencia de sí mismo–, del paciente?
Y si así no ocurre, ni puede ocurrir, no sería justo rebelarse contra ese paradigma de insipidez, declinación y vaciedad que hoy, en mucho, infecta a nuestra psiquiatría.

Pienso que es el contraste entre la grandeza del dramatismo psicológico y solemnidad de una autentica psiquiatría versus la absurdidad crudeza y superficialidad a que obliga la psiquiatría mercantilizada.

Pienso que el Sistema de Salud que en psiquiatría nos coyunda, — sin quererlo o queriéndolo–, asume que la psiquiatría y sus psiquiatras son entes ligeros, superficiales, carentes de chispa y de saberes que permitieran una asistencia al paciente regida por dichas chispas y saberes y no por el tic tac del reloj y las apretadas amarraduras de las agendas, manejadas por personal secretarial remunerado, posiblemente?, con salarios mínimos.

Pienso que en el 97% de quienes consultan a un psiquiatra (estudio en USA. Ignoro si estudio comparable, a la par con los de genética básica, se ha hecho entre nosotros), pienso, repito, que en ese 97% de personas el/los conflictos tienen que ver más con lo existencial, con el existir en la vida siendo y viviendo, y no con déficits sanguíneos de este o aquel psicotrópico, este o aquel neurotransmisor*.

*Cuando existe una indicación racional, y obedeciendo a consideraciones humanitarias, por tiempo limitado y en dosis mínimas –que muestren efectividad–, se recetan medicamentos que aminoren sufrires del paciente como insomnio, extrema ansiedad y tristezas, miedos, desganos y otras maluqueras emocionales. ¡Con fecha de caducidad! que la establece el seguimiento y evolución.

Pienso que las quejas de la mayoría de las personas que consultan a un psiquiatra son merecedoras de atención con atención y profundidad; algunas veces complementada con el recetario.

Excepcionalmente encuentra uno personas con las destrezas para simular, “para joder compa buscando ganancias en el trabajo o pa’ los instintos del cuerpo», me dice Absalón mi colega costeño–; pero eso es excepcional.

La mayoría consultan porque están emproblemados, necesitados de alguien que les mire mientras atentamente les escucha, “no un doctor de esos de pantalla y teclado que ni lo miran a uno”, como un paciente, después de peregrinar por varios consultorios, le preguntó, ‘de entrada’, a un colega mío.

Pienso que la desazón que me sobrecogía cuando leía ‘historias psiquiátricas institucionales”, las del Sistema, me afectaban así porque carecían de color, de planos, de movimiento, de expresividad de sentimientos, de luces y sombras, de calidez en el dramatismo.

No dudo que una historia estereotipada para alguien con una próstata muy crecida, un vitiligo o un quiste de ovario que le dio por romperse, tal vez justifiquen algo así.

Pero es que psiquiatría y lo del espíritu, –aunque una próstata muy hinchada es importantísima, el quiste y el vitiligo también–, merece estar por fuera de estereotipos, sean ellos de manuales diagnósticos, de recetas convencionales, o de lo demás que permite El Sistema.
……………………………………………..

Pienso que darle cuerda al reloj en reversa inevitablemente tendrá que ser parte de la transformación que exige nuestra psiquiatría.

Reversa en el sentido de re-humanizar una psiquiatría hoy en gran parte deshumanizada; reversa en el sentido de racionalizar el diagnosticar y los diagnósticos que hoy, basados en criterios y rótulos solo “sirve” a investigadores, epidemiólogos, estadísticos en salud y a compañías de seguros.

Un diagnosticar y uso de diagnósticos (son dos cosas muy distintas), que centrados en las enseñanzas de una semiología psiquiátrica –hoy en gran parte abandonada— oriente al psiquiatra, e informe al paciente sin estigmatizarlo con rótulos cargados de nombres y adjetivos que marcan y en nada benefician a quien sufre.

Fuese con lo que llaman esquizofrenia, Trastorno de pánico, o de Ansiedad Generalizada, o de Autismo, o de Tensión Premenstrual, o de “Trastorno de personalidad fronteriza”, o de Impotencia, o de Bipolaridad o de los centenares de Rótulos Diagnósticos de nombres pomposos, muchos con implicaciones fatídicas del DSM, que el pobre cristiano, o lo que fuese, carga como un San Benito agregado a las aflicciones venidas de su padecimiento, una ‘nerviosidad’ o problemas de juicio y razonamiento y de muchos otros nombres libres de señaladores impropios y estigmatizantes.

Ustedes se imaginan a un médico cualquiera diciéndole a uno que tiene un paquete de varicosidades supra-anales o extra-anales en lugar de hemorroides internos o de adentro, o hemorroides salidos o de afuera. O a un psiquiatra diciéndole a un paciente que está inmuno-suprimido con leucopenia y agranulocitosis debido a la droga que le recetó.

De qué me sirve como psiquiatra y de qué le sirve al afligido paciente el que yo, académica y paternalmente, le diga: “sufrís de un trastorno de pánico generalizado con síntomas de agorafobia” o “tu tratamiento se complicó con una “disquinesia tardía” o “sos bipolar” o “se complicó la vaina con un “síndrome hipermetabólico” o “desarrollaste una adicción al alprazolam o a la fluoxetina”.

Nuestro lenguaje común y aun médico tiene nombres y adjetivos humanizantes, y la psiquiatría tiene los conceptos de DIMENSIONES o de DIAGNÓTICO PROBLEMA CENTRADO utilísimos para diagnosticar humanamente, y que no ensillan al paciente como si hubiera sido marcado de por vida con hierro candente, y que deben ser enseñados en educación psiquiátrica de pre y postgrado.

Es que el lenguaje importa

Pienso que hoy, tanto o más que antes, el lenguaje ‘farrullero’ es también parte de la crisis de nuestra psiquiatría; algo necesitado de transformación.

Pienso que hoy se recetan antipsicóticos (por economía y sobriedad me abstengo de mencionar a los “antidepresivos”), repito antipsicóticos, –todos, ninguno está exento, con potenciales serios efectos de toxicidad–, neurológica, cognitiva, metabólica y comportamental “a nivel”* clínico y subclínico; (o sea que se ven ahí mismo, o que se encuentran si se buscan con una buena asistencia clínica), se recetan, repito, para niños inquietos o desobedientes o traumatizados por ambientes familiares de miseria, conflicto y violencia física y psicológica (la psicológica daña quizá más que la física), o para personas con altibajos en su ánimo o con insomnio o porque “no se sienten bien consigo mismos” o “no saben quiénes son ni para dónde van” o por lo que fuese.

*¿Cuántas veces cae usted diciendo ‘a nivel’ innecesariamente? Óigase con atención, sitúese ‘a nivel’ y verá que usted es uno más entre muchos más. Oiga radio, TV, a congresistas, periodistas, a presidentes de esto o de aquello, y verá que usted está “a nivel”.

PRIMUM NON NOCERE (Lo primero es no hacer daño)

Pienso que una atención psiquiátrica incompleta, –también en oncología, cirugía, oftalmología, etc.–, puede, sin equivocación alguna, calificarse como daño médico (Iatrogenia).

Pienso: ¿Están nuestros pacientes en la psiquiatría institucional de hoy, siendo reducidos a meros consumidores?,

Pienso: ¿Qué tan creciente es el papel de control que establece la EPS, y que tan creciente es el papel del psiquiatra institucional –en algo acoyuntado por el Sistema–, reducido a una práctica amputada, y que tan creciente es el papel del paciente como consumidor de drogas y consejos al vuelo?

¿Puede el psiquiatra institucional sentirse pleno con plena identidad profesional, estatus y autonomía sobre su quehacer?

Pienso: ¿Sin quererlo, pero sabiéndolo, se está corrompiendo el ejercicio de la psiquiatría?

Pienso: ¿Por qué la nomenclatura convencional –DSM—ha creado tantas enfermedades y trastornos?

Pienso: ¿Qué tanta es la satisfacción y que tanta la frustración del paciente ‘de a pie’ que es atendido en la psiquiatría mercantilizada?

Estamos en tiempos de migajas y de engaños encubiertos con mentiras sobre falsedades diagnósticas y terapias físicas indiscriminadas, sin seguimiento adecuado.

Pienso: ¿Está la investigación en psiquiatría entre nosotros orientada a buscar conocimientos –extrapolables al saber y a la práctica clínica–, que arrojen luces sobre los intríngulis existenciales, personales, relacionales de los padecimientos del paciente, y ayudas que alivien sus agonías y sufrires?

O, ¿está la investigación desconectada de lo que pasa en las llanuras y honduras del vivir del paciente, elevada hacia alturas que más que menos terminan en empeños costosos con logros imprácticos para nuestras necesidades; en esfuerzos a lo Sísifo?

Está bien que países adelantados inviertan dinero, personal y tiempo en desarrollar la ciencia. Pero nosotros, es nuestra prioridad y la demanda es enorme y la atención es precaria, nuestra prioridad repito, es hacer atención médica para ayudar a aliviar los males que agobian al paciente psiquiátrico.

Medellín, 14 de junio de 2020

 

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

WhatsApp chat