De médico del cuerpo a médico del alma

La historia de Juan Camilo

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Bernardo Ledesma Gil (foto)
Ortopedista – Asmedista

– Doctor, doctor, a su niño lo acaba de atropellar un carro en el parque del pueblo.-

Sin contestar nada, Alberto Vásquez, médico, que se encontraba en una ferretería con su socio y amigo Antonio López, comprando el alambre de púas para cercar la finca que tenían en las afueras del pueblo, sale corriendo despavorido para el parque del pueblo donde encuentra una multitud de curiosos rodeando a su pequeño hijo Juan Camilo, de solo 5 años de edad, quien yace en el suelo áspero del parque municipal.

Con gran dificultad se abre paso entre la gente y solo ve un gran charco de sangre y a su pequeño hijo inconsciente, desmadejado, sangrando profusamente por el cuero cabelludo y por la nariz.

Inmediatamente su amigo y socio Antonio López, también médico, quien está cumpliendo con su año rural en el pueblo, examina al niño, controla el sangrado y manifiesta que las lesiones son graves, que tiene un trauma encefalocraneano y que hay que trasladarlo urgentemente a Medellín, porque en el pueblo no hay los recursos para de tratarlo.

Como no tienen una ambulancia, deciden trasladarlo en el carro de Alberto, una camioneta destartalada, por una carretera sin pavimentar, con grandes obstáculos por lo escabroso del terreno.

Mientras Alberto conduce el carro, el doctor Antonio, sentado en la silla posterior del carro, lleva al niño cargado sobre sus rodillas limpiando constantemente con su pañuelo la sangre y las secreciones que brotan por boca y nariz, y haciendo presión en las heridas que sangran copiosamente.

En dos ocasiones fue necesario detener la camioneta durante el viaje, porque el pequeño había dejado de respirar, y el doctor Antonio, quien solo tenía a su disposición sus manos y el oxígeno almacenado en sus propios pulmones, le practicó maniobras de resucitación limpiando las secreciones, proporcionándole respiración boca a boca y masajes cardíacos.

Cuando llegaron a Medellín, Alberto se encontraba muy angustiado porque, a pesar de ser médico general, no conocía a ningún especialista en la ciudad para que evaluara al pequeño paciente.  Requería con urgencia un neurocirujano y el doctor Antonio le sugirió que acelerara el carro para trasladarse al hospital universitario, en donde encontrarían a un neurocirujano amigo suyo, el doctor Cumplido.

Cuando llegaron al hospital universitario, el doctor Cumplido los recibió y, al revisar al niño, inmediatamente diagnosticó que tenía un hematoma extradural y que lo tenía que operar urgentemente.  Y así lo hizo, le drenó un gran hematoma cerebral, le abrió un orificio en el cráneo y le salvó la vida.

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Mi nombre es Juan Camilo, tengo 35 años y yo era el niño de esa historia que luego me relataría mi padre.  Siempre le di gracias Dios por darme esa segunda oportunidad de vivir y desde muy pequeño prometí que sería médico y, muy juicioso, pude estudiar gracias a que no me quedaron secuelas del accidente.

Mi familia está compuesta por mi madre Inés, mi hermana mayor Sara, mi hermano Pacho y mi padre Alberto. Yo fui el hijo menor.

Mi mamá, maestra de escuela, una mujer muy sosegada, dedicada por completo a su hogar, muy creyente, católica, de misa diaria, se casó con mi padre Alberto, un hombre que la duplica en estatura, hace ya más de 40 años.

Mi padre, médico graduado en la Universidad Nacional de Bogotá, regresó a su pueblo para trabajar como médico general y luego decidió especializarse en psiquiatría; un padre muy exigente, con el cumplimiento de las normas y de la honestidad y el cumplimiento del deber.

Por esa razón, creo yo, todos los hijos fuimos buenos deportistas y consagrados al estudio.  Mi hermana mayor hace varios años reside en Estados Unidos y tiene una hermosa familia.  Mi hermano Pacho se gradúo como odontólogo, y culminó sus estudios muy joven, por lo que decidió estudiar otra profesión, derecho, y logró graduarse como abogado; actualmente, es profesor de la Universidad de Antioquia y asesor de la Facultad de Odontología en los temas judiciales.

Yo, como lo había premeditado en mi infancia, cumplí la promesa de graduarme como médico y ejercí mi profesión de galeno durante algunos pocos años, para luego estudiar la verdadera profesión, la que siempre me había obsesionado cuando estudiaba medicina y cuando veía el sufrimiento de mis pacientes más humildes; entonces cavilaba que mi misión en esta vida era la de servirle a la comunidad de otra manera; decidí, pues, ingresar al Seminario y estudié cinco años.

Me ordené como sacerdote y llevo algunos años dedicado, más que a curar heridas del cuerpo, a curar las heridas del alma de mis feligreses.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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