Poemas tomados del libro inédito «Comentarios a la obra de Alberto Caeiro».

Rincón de la Poesía

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Guillermo Henao Cortés (foto)
Médico ginecoobstetra, escritor, poeta

I

La naturaleza no es un cuerpo sino el nombre para designarlos a todos.
No va ni viene de un lado a otro,
nada hace en el sentido de que no tiene intención;
ni siquiera es. No es lo real.
Sólo es un concepto con el que expresamos
interacciones inestables, transitorias, que vemos entre cuerpos.

No tiene paz ni guerra.
Éstas, sobre todo la guerra, es propia de animales
y más común entre hombres.
El sosiego es natural, como el desasosiego, como cualquier sentimiento.
Lo que llaman “armonía preestablecida” no es más que una ficción,
como la “paz perpetua”.

II

Veo con los ojos y no con los oídos.
Oigo con los oídos y no con los ojos.
Huelo con la nariz y no con la lengua.
Saboreo con la lengua y no con la piel.
Palpo con la piel.

Veo, oigo, degusto, palpo
porque tengo órganos y percibo no con uno sino con todos.
Mientras ellos se forman
no puedo conocer ni sentir ni tampoco ser lo que ahora soy.
Lo que percibo no es con lo que percibo.
Y lo hago no porque las cosas estén para que yo las perciba
sino porque tengo con qué hacerlo.
Las funciones aparecen a medida que se forman los órganos.

Mis órganos son estos y sus formas y funciones son estas;
con ellos percibo a mi manera.
En otros animales son diferentes y similares
y ellos perciben de manera similar y diferente.

Sé con seguridad que constituyentes míos estaban en otras cosas,
es decir, que yo no era,
y que ellos luego serán de otros seres,
es decir, que tampoco seré.

III

Los ojos con que nací no son los que tengo ahora o tendré mañana,
ninguno de mis órganos.
Si desde el inicio hubiesen sido los mimos,
cuanto soy ahora ya hubiera estado entonces.
Los míos son parecidos a los de mis antepasados, mas no los mismos.

No me dieron mis órganos ni sus funciones.
Si hubiera sido así, desde un principio los tendrían en ellos
y hubiesen funcionado en ellos como lo hacen hoy en mi.
Mis padres habrían tenido a la vez los suyos y los míos,
a todo mi mismo,
y yo no tuviera que haber nacido,
pues ya era.

Tampoco ellos están en mí.
Tal como eran, ¿cómo podían caber en dos semillitas que se juntan?
Si las semillas se reproducen y producen transformaciones
es porque mucho más se les incorpora.
De no ser así, ¿por qué aparecen de dos semillas
tantas de las mismas en un solo cuerpo?

Existo por mis padres, es cierto, y por otros muchísimos cuerpos-
(¿o si no, qué decir de los trillones de virus y bacterias indispensables que hay en mí?)-,
con los cuales me han estado y me he estado creando.
En resumen, me formé y me formo
como efecto de múltiples causas y como causa de múltiples efectos.

 

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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