Sábado, 6 de Junio de 2020
ASMEDAS Antioquia

Realismo mágico o realismo político

mayo 22, 2020 12:15 am



Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Alejandro Hernán Quintero Galeano (foto)
Ginecoobstetra – Asmedista

Cada día que pasa, antes de la cuarentena y en cuarentena peor, la situación del uribato y del gobierno del sub presidente Duque se hace más insoportable: el irrespeto, el atropello, la corrupción, la maldad, la mentira, la impunidad, características que expresan de frente sin sonrojarse.  Personajillos de muy corta estatura ética y profesional al frente de importantes cargos del Estado, enucleados en el uribato, demuestran su pobre condición y baja calaña. El sub presidente ha aprovechado la pandemia para, a través de la emergencia económica, legislar bajo decreto de forma dictatorial, introduciendo las reformas que beneficien a la banca y los grandes gremios.  Lo de la ayuda social, a través de programas asistenciales, no pasa de ser puro cuento para las cámaras con la intención de engañar y calmar a las masas; el autoritarismo y el infundir el miedo, como biopolítica, ha rendido sus frutos, mientras por el otro lado siguen con sus andanzas.

Las relaciones del uribato con el narcotráfico, el paramilitarismo y la corrupción se hacen cada vez más evidentes con cada nuevo escándalo revelado; sin embargo, siguen haciendo y des haciendo como Pedro por su casa.  ¿Dónde está la justicia?  ¿Qué esperan jueces y magistrados para actuar en derecho?  ¿Qué vínculos, acuerdos y torcidos existen para que no actúe tanto la justicia nacional como la internacional o, mejor dicho, para que actúe a favor de los intereses del uribato?

El dicho dice: “Nos han robado tanto que hasta nos robaron el miedo”.  Me atrevería a decir que más peligroso que el coronavirus es que permanezca el uribato apoderado del Estado colombiano. No tenemos sistema de salud, tenemos negocio con la salud; un sistema educativo perpetuador de inequidad, peor aún en cuarentena; una alta corrupción en la justicia, con una fiscalía de bolsillo, hasta las grandes cortes ceden a sus intereses; los aparatos armados del Estado: policía y militares, Esmad e Inpec podridos por dentro; ni que hablar de la corrupción en los funcionarios públicos; el narcotráfico vivito y coleando, la impunidad rampante, etc., etc., etc., mientras el grueso de la población sigue adormilada sufriendo y aguantando por el veneno.

No es pertinente aguantar más, debe llegar a su fin la indiferencia de la gente buena, no más doble moral ni dobles discursos, no más sofismas; la convocatoria es a las mayorías, a romper el miedo, el silencio, la inactividad; ellos creyeron que con el confinamiento nos iban a arrinconar y continuaron con sus acciones aberrantes.  Despreciando nuestra sensibilidad, nuestra conciencia y voluntad.

En donde está el uribato, y usted toca, está la podredumbre, chuzadas ilegales, águilas negras amenazantes, asesinatos –curioso que los grupos armados ilegales, asesinos de líderes y desmovilizados, a pesar del confinamiento, se movilicen sin inconvenientes-; subsidios millonarios a los ricos, migajas a los pobres; torcidos, impunidad, torcedores profesionales de la verdad, etc., nada raro ver personajes clasistas, racistas, xenófobos, homófobos, patriarcalistas, misógenos, mezquinos. “Usted no sabe quién soy yo”.

Hambre, pobreza, informalidad, desempleo, subempleo –esclavismo moderno-, despidos laborales, necesidades, condiciones de vida indignas, realidad presente y patente en la mayoría de nuestra población, espejo diario que nos confronta.

Dicen que la pandemia del COVID-19 ha servido para reflexionar y a algunas personas para reinventase, pero esa reflexión y esa reinvención se quedan cortas si no trascienden lo individual, si no nos permite pasar a la acción colectiva, al cambio de los que tradicionalmente han tomado las decisiones, a los responsables de esta crisis humanitaria; no es el covid, es nuestra historia de exclusión y acumulación por un pequeño grupo.  Se debe dar paso a otra forma de economía, de convivencia, que nos permita una relación armónica entre nosotros y la naturaleza.

¿Qué haremos entonces?  Tenemos dos caminos, como lo decía Julio Anguita: La resignación, el agachar la cabeza, o la rebeldía, la conciencia, el llamado al cambio y la acción.  Yo creo, como él, que debemos optar por la segunda.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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