Martes, 7 de Abril de 2020
ASMEDAS Antioquia

Algo extraño está pasando en este pueblo

marzo 25, 2020 9:38 pm



Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Carlos Segundo Oliveros Peralta (foto)
Integrante Junta Directiva de ASMEDAS Antioquia

Decisiones tardías, subregistro de contagios, medidas a medias… son las características más sobresalientes en la nueva coyuntura de la Pandemia.

Producto de la combinación de estas formas de lucha del Estado contra el Covid-19, la infección entró y se expandió, no sabemos dónde y quiénes estamos infectados, y producto de la cuarentena, que más parece una rigurosa cuaresma sin carne, arroz, lentejas, etc.; los trabajadores de manufacturas, los venteros ambulantes, los del barrio pobre del cerro, son los más expuestos actualmente, haciendo filas para conseguir la comida entregada por la Alcaldía, recibir las ayudas;  así mismo, los ancianos que se tienen que arriesgar para ir por 70 mil pesos que no les servirán de mucho.

Empezamos con un plan que, aparentemente mal diseñado, obtiene que los contagiados al final sean los más pobres y los de edad avanzada. Para atenderlos, el gobierno le entrega 3.000 millones a la IPSU, para que sirva como centro referente de todo el departamento para la atención de los contagiados por Covid-19.  En cambio, “los empresarios” le entregan 15.000 millones, 5 veces más que la IPSU, a los hospitales San Vicente y al Pablo Tobón para que atienda la crisis por el Coronavirus, sin que estas instituciones tengan que cargar con el peso de ser el centro de referencia de la atención departamental de la epidemia. 3000 para pobres, 15.000 para ricos, es evidente el espíritu de la “antioqueñidad” en la decisión de los empresarios paisas.

Mientras tanto, la cuarentena expone a los más vulnerables, al obligarlos a salir al rebusque o a la mendicidad institucionalizada.  Qué bueno que el gobierno, la oligarquía colombiana, no es tan mala; jamás pensaríamos que esa exposición inducida por las decisiones institucionales tardías, subregistro de contagios y medidas a medias, podrá ser un intento de eliminación de la población más pobre y vulnerable.

Ayer solo veía el gran tumulto de personas en la plaza de toros La Macarena de Medellín, con agentes de policías a caballo mirando desde lo lejos; esperaba el gran público respuesta a su necesidad de alimentos.  Ayer se observaba a todo tipo de vendedor ambulante aventarse en sus puertas y esquinas de los barrios tratando de vender algo, de hacerse el día.  ¿Inconscientes?  ¡NO!  Necesitados.  Debo sospechar, entre los uribistas siempre han soñado “acabar con medio país, para que el otro medio viva bien”, se los he escuchado mucha veces.

No estábamos preparados, a pesar de las múltiples advertencias realizadas, de muchas recomendaciones autorizadas y oficiales en el mundo.  El problema del Covid-19 se tomó tal cual lo ordenó Trump, como una “simple gripita”; ahora EEUU, con su economía, está en problemas, no sabe cómo parar la Pandemia.  Su sistema de salud no está diseñado para algo distinto que no sea los negocios y, como nosotros le copiamos todo, el de Colombia tampoco.

Las EPS guardan silencio, prefieren pasar de agache, no piensan disponer un solo peso de sus ganancias para salvar a nadie, las ARL (Aseguradoras de Riesgos Laborales) tampoco, se han hecho los sordos frente a la protección de la población que trabaja en los hospitales; no hay manera de evitar el contagio de estas nobles personas a pesar de los datos que muestran que en España el 8% de los contagiados y en Italia el 10% son empleados de la salud, de los cuales 30 médicos italianos ya han fallecido. Por ello estos países se vieron obligados a pedir ayuda internacional: Cuba, China, Venezuela y Rusia se dispusieron a dar la mano.

Si por la negligencia con el personal de la salud, nos viéramos en esta situación de que se enfermen, mueran y renuncien, ¿a cuál de estos países llamaremos?  ¡Ah, sí!  Llamaremos a Guaidó para que nos resuelva la situación, él debe tener una respuesta a todo esto.

El Coronavirus es, entre los virus, uno de los más grandes; es un virus comparativamente pesado, por lo que su contagio es por microgotas, por secreciones.  Por ello, es muy importante mantener limpias todas las superficies y no entrar en contacto con aquellas que tocan otras personas; no es porque te hablen de frente o con el aliento como ocurre con otras gripas que se da el contagio. Además, para uno infectarse necesita tener un “contacto estrecho” con el contagiado; eso significa menos de dos metros de distancia y al menos 15 minutos de tiempo en ese contacto.  Lavarse las manos, bañarse cuando haya dudas de contactos sospechosos con personas o lugares de contagio después de salir de casa, son medidas correctas. Cambiarse la ropa con la que se estuvo en la calle, quitarse los zapatos en la puerta de la casa, usar el tapabocas, son medidas útiles.

El problema del Covid es su gran capacidad de contagiar; podemos llegar a ser como en otros países cientos de miles los afectados, pero en Colombia no hay suficiente capacidad hospitalaria para atender a tantos, menos son las camas de Cuidados Intensivos para atender los casos más críticos.  El personal de salud se vería en la situación, como en Europa, de tener que decidir entre tanta gente enferma a quién se atiende, quién vive y quién muere.

Por eso, lo más importante es la cuarentena, lo que obliga a que la gente no se vea en la necesidad de salir.  En países 10 veces más pobres que el nuestro, como es el caso de El Salvador, el presidente N Bukele ordena el no pago de los servicios, la entrega domiciliaria de alimentos a toda la población vulnerable y en estado de desempleo, el congelamiento de las deudas bancarias y el no pago de arriendos.  Hoy este país no tiene ni un solo fallecido y la epidemia controlada.  En Países 10 veces más ricos que Colombia, como lo son Italia, España y Francia, también lo aplicaron.  Como decimos, en Colombia, país de la Virgen de Chiquinquirá, lo que se aplica no es una cuarentena, sino la más cruel de las Cuaresmas.

Pero, el otro aspecto central son las medidas sanitarias, las que pasan por abastecer los hospitales, abrir los que están cerrados, proteger y estimular la labor del personal de salud y tener los insumos necesarios para las actividades médicas, suficientes pruebas, suficientes salas de UCI, lugares de atención adicionales y, lo más importante, que los dineros de la salud no vayan a las cuentas de las EPS privadas sino directamente a las clínicas y hospitales que son los que ofrecen el servicio; hay que acabar con la Ley 100.

Pero algo me dice que después de darle 15.000 millones de pesos al San Vicente de Paúl y al Pablo Tobón Uribe, después de asegurarse los ricos antioqueños sus propios respiradores mecánicos, sus propios especialistas, teniendo ellos llenas sus neveras, seguiremos con decisiones tardías, subregistro de contagios y medidas a medias.  Porque quizás no solo no les importe que la población sufra y muera, a lo mejor lo desean.  Para ellos puede ser una oportunidad de reducir a la mitad de la población y, por ende, a la mitad sus obligaciones, a la mitad la presión social de los cambios que exigimos en las calles.  Si no fuera así, en vez de 3.000 millones para la IPSU, el gobernador habría dado la orden de quitar todas las trabas burocráticas para que SAVIA Salud, una EPS que pasa de agache, le pague los más de 40.000 millones que le adeuda a la IPSU, los mas de 50.000 millones a Metrosalud, y Duque habría expropiado a Bancoomeva para que su EPS, hoy quebrada después de fundar un banco, le pague a las IPS que tiene quebradas por su cartera morosa.

Al final, nada extraño está pasando en este pueblo, es la misma sociedad dividida en clases, quizás la aplicación de la idea fascista de que muchos sobramos, somos desechables; el privilegio imponiéndose al mínimo humanismo, la miseria espiritual encubierta por la riqueza material.  La pobreza material causando, y debemos admitirlo, pobreza espiritual, pues parece que preferimos morirnos de hambre que de Covid-19 o, mejor dicho, que nos mate el miedo a la enfermedad para no vencer el miedo a protestar y luchar.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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