Martes, 29 de Septiembre de 2020
ASMEDAS Antioquia

José Félix Patiño: Un intelectual moderno

marzo 6, 2020 2:07 pm



Tomado de: www.sur.org.co

Por: Médica Carolina Corcho Mejía (foto)
Integrante Comisión de Seguimiento de la Sentencia T-760
Vicepresidente Federación Médica Colombiana
Invitada Permanente Gran Junta Médica Nacional

(Artículo publicado originalmente el pasado 2 de marzo de 2020)

Este escrito es un homenaje a mi maestro, mi amigo y mi compañero de luchas, el profesor José Félix Patiño, con quien tuve el honor de compartir durante los últimos años de su vida y hasta sus últimos días, conversaciones sobre el Derecho Fundamental a la Salud, la educación superior y la Autonomía Médica. Era sorprendente que hasta el último momento de su vida, el maestro, conservó la vitalidad y la voluntad por contribuir con estas causas, con la esperanza intacta de que se podía transformar la realidad del sistema de salud en Colombia, que según el expresaba, destruyó la medicina como profesión autónoma, autorregulada, fundamentada en el rigor científico y con un compromiso con la sociedad.

Me propongo desarrollar este escrito en dos partes, en la primera me ocuparé de hacer una semblanza de Patiño, como el intelectual moderno que hizo la más importante reforma de la Universidad Nacional de Colombia, quien a partir de su preocupación por el ejercicio médico, generó unas nuevas reflexiones para generar una nueva reforma educativa, esta era su última discusión al interior de la universidad. Dejaré en punta el tema de la autonomía médica, que requiere el desarrollo de un escrito más profundo, dado el acervo conceptual que aporta el profesor en sus libros “Humanismo, Medicina y Ciencia” y “Pensar la Medicina”. Su último proyecto intelectual consistía en actualizar sus reflexiones sobre el tema de la autonomía médica en relación con el Derecho Fundamental a la Salud.

José Félix Patiño Restrepo es, a juicio de muchos, el médico colombiano más importante del siglo 20.  Comenzó a estudiar medicina en la Universidad Nacional de Colombia; no obstante, por razones de la violencia desatada en el bogotazo, se fue a estudiar a la Universidad de Yale en New Heaven, en los Estados Unidos, en donde se graduó como médico en 1952. En el ranking de las universidades, Yale tiene la tercera mejor Facultad de Medicina del mundo; de allí se graduó con honores, por lo que recibió el premio Borden, por haber realizado el primer y único exitoso trasplante conocido en la literatura, de corteza suprarrenal en un paciente con enfermedad de Addison. Luego haría su residencia en el centro médico de Yale, en donde estudió cirugía general, cardiovascular y torácica; allí, también desarrolló con su profesor la cirugía Patiño-Glenn para el tratamiento de anomalías congénitas del corazón. El nombre de Patiño reposa dentro de las 100 investigaciones más importantes de la universidad; es decir, el joven médico Patiño, gozaba de un prestigio científico en la elite de la medicina, de la tercera mejor facultad del mundo. Luego llegaría ser el único latinoamericano que presidiría la Asociación Mundial de Cirugía.

En ese orden de ideas, Patiño tenía diversidad de ofertas para quedarse trabajando en los Estados Unidos, pero su sentimiento patriótico le dictaba que debía volver a Colombia. A su regreso, en el año 1958, se vinculó al Hospital La Samaritana, ubicado al sur de Bogotá, en cercanías del legendario Hospital San Juan de Dios; allí estuvo como jefe de Cirugía.  En cada sitio a donde llegaba, Patiño dejaba una exitosa impronta, allí desarrolló la nutrición parenteral total y comenzaba su carrera para convertirse en el padre de la cirugía moderna en Colombia.

Él vivió una época en la que ser médico en sí mismo significaba un prestigio social, máxime un médico como él, era un hombre cercano a los círculos del poder político colombiano.  Son largos sus relatos sobre su cercanía con los ex presidentes Carlos Lleras, Alberto Lleras, Belisario Betancur, la familia Santos; no obstante, el mantenía un pensamiento independiente de los mismos.  José Félix era un intelectual moderno, en todo el sentido de la acepción Kantiana de un ilustrado.  Kant decía en su bello texto ¿Qué es la ilustración? que esta suponía “la salida del hombre de la minoría de edad (…) la minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro”.  Como todo intelectual moderno, Patiño no era un hombre dogmático, su pensamiento no respondía al direccionamiento de algún libro, pastor, ideología o estructura social o política; tenía apertura para escuchar las discrepancias y cambiar cuando reconocía que estaba equivocado.

En varias ocasiones, tuve la honrosa tarea de ser delegada por mis colegas médicos para discutir con él algunos temas de preocupación gremial sobre el sistema de salud en Colombia; debatíamos por largo rato, y él tenía la capacidad de reconocer la razón así no estuviera de su lado, declinar y respaldar con humildad posturas que el previamente no había considerado.  El no se aferraba a ninguna verdad absoluta; de hecho, tenía la capacidad de criticar posturas que él mismo había defendido en algún momento, cuando la reflexión propia le demostraban que estaba en un error.  Cuando comenzó la era de la Ley 100 de 1993, publicó algunos textos en donde consideraba que esta tenía una concepción adecuada en cuanto a la universalización de la prestación de servicios de salud, pero que su problema era la implementación. Hacia finales de los 90, había advertido que no iba a ser posible que la Ley 100 como política pública funcionara y que, desde su concepción misma, era regresiva para el ejercicio médico y, por tanto, para la garantía del derecho a la salud. El entendimiento de esta realidad lo llevó a convertirse en el más acérrimo y radical contradictor de ese modelo de salud. Todas sus posturas las planteaba de manera pública, no le importaba mucho qué pensaran otros de él, enfrentaba las peleas que tuviera que enfrentar con independencia intelectual.

Continuando con el relato, en 1962, cuando tenía 35 años, Patiño fue nombrado Ministro de Salud Pública por el presidente Guillermo León Valencia; allí su impronta no fue menor, introdujo los medicamentos genéricos para controlar los precios de los mismos, política que hasta el día de hoy es una de las más progresistas para la garantía de acceso de tratamientos para las poblaciones vulnerables, en condiciones de equidad. En 1964, en medio de una profunda crisis de la Universidad Nacional de Colombia, que desde el inicio de la década había destituido a 8 rectores por el no entendimiento con el movimiento estudiantil, Patiño fue nombrado como rector. El ha relatado que, de todos los cargos que ocupó, este fue el más importante.

En los dos años que estuvo allí, adelantó la Reforma Patiño, que persiste hasta hoy en la educación superior en Colombia; la idea fuerza con la que tocó los cimientos mismos del pensamiento de la universidad, es que esta no debía ser un simple espacio de dictadura de clases, para el cumplimiento de un currículo que otorgue un título, “la universidad es una vivencia cultural”, esta debería ser un espacio para la cultura y la creación de conocimiento científico. En este sentido, desarrolló cuatro ejes.  El primero consistió en agrupar las carreras que estaban dispersas en 34 facultades a 11; decía que lo más importante en la universidad era el departamento, que era donde se producía el conocimiento y la investigación, no la facultad que concentraba mayor carga administrativa; el conocimiento debe ser interdisciplinario y universal, de ahí que no tenía sentido la dispersión de las facultades.

El segundo eje estaba dado por la gestión de infraestructura que posibilitara la vivencia cultural y ciudadana, la proyección del auditorio León de Greiff y lo que hoy se denomina la Plaza Che, allí se ubicaría un teatro con una diversidad de actividad cultural, musical, la biblioteca y la torre administrativa. Patiño, para la época, ya era un hombre muy culto; en Yale, que era su referente de universidad, vivió una intensa vida cultural que le permitió desarrollar una afición por la ópera, convirtiéndose en un apasionado seguidor de María Callas, la voz más importante de este género de la humanidad; llegó a ser uno de sus principales biógrafos, escribió el libro María Callas, la Divina prima donna assoluta.  La voz de oro del siglo. Su deseo era que los estudiantes de la Nacional pudieran tener la vida cultural que él vivió como estudiante en los Estados Unidos. No sin resistencia dentro de algunos sectores de la universidad que veían con sospecha su cercanía con los Estados Unidos, Patiño logró una importante donación de la Fundación Ford para aportar en la infraestructura de la Universidad. Él contaba, con su sonrisa bonachona, que nunca un rector de la Universidad Nacional se había atrevido a entrar a una Asamblea Estudiantil, el entró a una, y los estudiantes no sabían qué hacer, si sacarlo, chiflarlo, ante el desconcierto de tal osadía.

El tercer eje estuvo dado por la instauración de una potente política de bienestar universitario. Es necesario anotar que la reforma Patiño no hubiera sido posible sin el movimiento intelectual que constituía la universidad de la época; era la universidad de mentes brillantes como la de Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña, Camilo Torres y otros pensadores importantes que inspiraron el pensamiento social y político colombiano en el siglo 20.  Con el apoyo de Orlando Fals Borda, emprendieron un estudio sobre las condiciones en las que vivían los estudiantes y, a partir de ello, desarrollaron el sistema de residencias universitarias y restaurantes.  La Universidad Nacional es la posibilidad que tiene un joven vulnerable de dar el salto social por la vía de la educación superior.  Debo expresar que mi padre, proveniente de un municipio pobre del bajo cauca antioqueño, pudo hacerse profesional en la Universidad Nacional con el apoyo de este sistema de bienestar universitario; eso cambió la vida de mi familia para siempre. La vida me dio la oportunidad de expresarle esto al maestro Patiño.

El cuarto eje tuvo que ver con la definición de la misionalidad de la universidad, dada por la extensión como proyección de la universidad hacia la sociedad, la docencia y la investigación, ejes misionales que aún persisten y que se adoptaron en todo el sistema de educación superior en Colombia.  Por esta vía, la universidad se convirtió en el más importante proyecto cultural de la nación colombiana, como lo resalta acertadamente la rectora Dolly Montoya.

La reforma Patiño tuvo diversas críticas, pero lo cierto es que tuvo el efecto de superar la crisis en la que estaba sumida la universidad en ese momento; hasta ahora sigue vigente, es el mismo profesor Patiño quien en los últimos años estuvo planteando que la universidad debía revisar de nuevo esa reforma y embarcarse en otra, dado que las épocas han cambiado y la Universidad debe modernizarse.  Su último debate sobre el problema de la educación estuvo dado por la preocupación que le asistía por la vulnerabilidad de los médicos frente al sistema de salud en Colombia que, por su práctica mercantilista, predispone a corromper el ejercicio de la profesión. Por esa vía, reflexionaba que la universidad debía formar ciudadanos, no tecnócratas, observaba esto como un problema de occidente desde la época de Napoleón en Europa, en donde se expulsaron de las campus las artes y las ciencias humanas, dado que estas no servían a la producción, direccionando la universidad solo al campo profesionalizante, en menoscabo de la formación ciudadana y cultural.

Su discusión estuvo centrada en la necesidad de incorporar en los currículos universitarios los estudios generales que, en algunas universidades de Europa y Estados Unidos, tienen una duración de 4 años, en donde se forma al estudiante en filosofía, ciencias sociales y humanas, artes, con el objetivo de que este aprenda a pensar, y tenga la madurez suficiente para profundizar en un área del conocimiento, sea la medicina, el derecho o aquella que escoja con suficiente madurez, no a los 16 años, como ocurre ahora, en donde un joven, sin mayores elementos, debe tomar una decisión de profesión vinculante para el resto de su vida, siendo esta una de las explicaciones de la deserción universitaria.

En cuanto a la educación médica, José Félix era un hombre conectado con el conocimiento médico de punta hasta el final de sus días; revisaba y leía las reflexiones de los centros de pensamiento médico más importantes del mundo.  Cuando la informática y la biotecnología aún no tenían suficiente auge en Colombia, él ya estaba explorando el tema, viajaba a Yale con frecuencia, cuando fundó la Fundación Santa Fe De Bogotá, para traer los avances de punta para la atención médica. Cada empresa que emprendía era exitosa, la asumía con pasión y con profundidad; sobre este tema que suscitó su interés, escribió el libro “Computador, Cibernética e Información”, en donde hacía una exploración sobre las teorías contemporáneas del caos y la complejidad.  Él, que conocía a profundidad el positivismo médico, exploró estas teorías en donde pudo comprender teóricamente un entendimiento empírico del ejercicio médico, este no es exacto, no es predecible el comportamiento del organismo humano frente a la enfermedad, el acto médico y el proceso de la enfermedad corresponden más a los principios de la incertidumbre que a las predicciones exactas que el positivismo médico ha postulado, aun hasta nuestro días.

El médico y la médica deben ser, entonces, formados bajo el mayor rigor científico y técnico sobre su profesión, con el mejor conocimiento disponible, pero deben tener la capacidad de reflexionar sobre la medicina misma, desde la perspectiva histórica, la ética, y su papel moral en la estructura social.  Esto supone que la universidad debe retomar su milenaria misión de formar ciudadanos y superar la impronta neoliberal de formar tecnócratas sin criterio ético, moral, político y capacidad de análisis sobre su entorno.  Esto, conforme explicaba Patiño, significa la introducción de los estudios generales en los currículos.  Como su primera reforma, estas ideas, que son muy potentes en el concierto de la universidad latinoamericana, sitiada por el neoliberalismo, requerirán un gran movimiento intelectual dentro de la universidad, con apertura y diálogos hacia afuera, que posibilite un ambiente de cambio.

Nos deja un enorme reto el maestro, el médico, el pensador de la medicina y de la educación, el leal amigo, el hombre culto y universal.  Como médica de mi generación, fue una fortuna y un honor haber podido estar tan cerca de quien fuera un hecho histórico para el pensamiento y la medicina mundial. La vida y legado del maestro quedarán en nuestras mentes y en nuestros corazones.

Tomado de: www.sur.org.co

 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

WhatsApp chat