Jueves, 27 de Febrero de 2020
ASMEDAS Antioquia

La Cocina Afrodisíaca

febrero 6, 2020 10:30 pm



Carlos Enrique Escobar Gónima.  In Memoriam

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Una hogaza de pan
Un jarro de vino
Y Tú bajo el parral
¡Que más quisiera yo¡

Omar Khayyam Rubaiyat

Sería imperdonable que en esta columna, donde tratamos de las relaciones entre la cocina y la cultura, no se mencionara la cocina afrodisíaca; puede afirmarse que en todas las culturas y en todos los tiempos se ha tenido la creencia (y la ilusión) de que determinados alimentos y condimentos poseen la virtud de potenciar el vigor y el placer sexual.

La doctrina de las semejanzas en muchos pueblos ha sido fuente de creencias en torno a los alimentos con poder afrodisíaco; para citar un ejemplo, los Chinos han creído ver en el durazno una fruta afrodisíaca por cierta semejanza con los genitales de la mujer y en las culturas Sajonas, el espárrago y la zanahoria ganaron gran reputación por su apariencia fálica.

Al olor de ciertos alimentos y condimentos también le ha sido atribuido poder sexual; ostras y almejas poseen virtud afrodisíaca no sólo por su forma sino por su peculiar aroma que, para algunos olfatos eróticos, evoca lascivos efluvios de secretas partes.

El marqués de Sade, Giacomo Casanova, y Madame Du barry, amante de Luis XV, compartieron la convicción de que desde el Nuevo Mundo había llegado la solución para la debilidad sexual; todos ellos recomendaban el chocolate y la última exigía que sus amantes bebieran una taza previamente a las faenas de la cama para garantizar que sus deseos fueran efectivamente complacidos.

La Cebolla y el Apio, durante la edad media, fueron ampliamente recomendados como estimulantes sexuales; habría que preguntarle a algún experto si en su composición o en su olor guardan relación molecular con las famosas ferohormonas puesto que, semejanza con aquello que tanto nos atrae, ni fu ni fa. Pero para que se den cuenta de la importancia de la primera, aquí les traigo una receta al respecto: “Quien pele cebollas, las ponga en una cacerola con sal, hiervas y yemas de huevo, y fría todo en aceite, adquirirá un sorprendente e inestimable vigor sexual” Nefzawi (El Jardín Perfumado).

En nuestra realidad trágica y mágica muchos ingredientes culinarios han sido señalados de poseer las virtudes a que hacemos referencia; borojó, chontaduro, la sopa de cangrejos, mariscos en diferentes preparaciones y hasta la caspiroleta de huevos son mencionados.

Ciertos productos animales han sido enriquecidos por la sabiduría popular con virtudes eróticas. El más famoso, y que tiene en vías de extinción a su dueño, es el polvo de cuerno de rinoceronte, por la virtud que algunos pueblos han creído ver en ese magnífico y siempre erecto apéndice; más cerca a nosotros está el caso de los huevos de tortuga que, en muchas regiones nuestras, son considerados tónicos sexuales, lo cual también hace peligrar el futuro de este simpático animal.

Acerca de recetas hay infinidad de ellas; una mezcla de jengibre, canela y cardamomo sobre cebollas y guisantes aparece en el famoso Kamasutra pero, si no quiere ir tan lejos, lea a Laura Esquivel y su receta de “Codornices con pétalos de rosas” (como agua para el chocolate) o a Isabel Allende (afrodita, confesiones de un Chef). Yo, por mi parte, aquí le doy mi receta:

Cójanse dos pequeños grillos verdes y guárdelos delicadamente en una diminuta caja. Si tiene jardín y tiene allí un rinoceronte, mande a su suegra a limarle el cacho. Prepare una buena taza de chocolate bien espeso adicionándole un poco de canela y media cucharada de mantequilla (de vaca) hasta que esta última se disuelva; bata vigorosamente y obtenga una burbujeante y crepitante espuma. Saque los grillos y bótelos, venda el rinoceronte y tómese un Viagra con el chocolate.

Buen apetito.

(Artículo publicado originalmente en el periódico Momento médico #79, agosto – septiembre de 2004)

 

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