Miércoles, 11 de Diciembre de 2019
ASMEDAS Antioquia

Los sueños de Rita

noviembre 18, 2019 5:43 pm



Cuento

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Roberto López Campo (foto)
Ex integrante del Taller de escritores de ASMEDAS Antioquia

Distraída ante los acontecimientos que sucedían a su alrededor, parecía estar viendo, sin mirar, y oyendo sin escuchar.  Así era ella.  Un ser aislado del mundo que la rodeaba, preocupada por el “qué dirán”, condición que la llevó a vivir pendiente de su presentación personal, visitar con frecuencia los salones de belleza e ir tres o más veces durante la semana a un Spa, con el propósito de quemar mucha grasa corporal y adquirir así la figura escultural que tanto había soñado.

Sometida a una estricta dieta para evitar el aumento de peso, era amiga de las bebidas energizantes, que ella solía consumir, luego de leer con sumo cuidado sus componentes y estar segura de su pobre o ningún contenido de azúcares, tal como lo recomendaba una popular revista de farándula que contenía en dos páginas diversas fórmulas y procedimientos destinados a mujeres jóvenes y maduras que pretendían conservarse esbeltas y atractivas, ante la mirada perversa de los Don Juanes.

Así actuaba Johanna Estefanía, cuyo nombre ostentaba desde cuando un viejo cura de la parroquia del barrio la ungió en la pila bautismal, a pesar de los reparos que hiciera a los padres de la niña y a una tía, porque no llevaría un nombre que apareciera en un texto santoral, que muy acucioso solía revisar en cada ocasión que debía cumplir su función sacerdotal en el baptisterio de la vieja iglesia.

Luego de convencer a los padres, con argumentos litúrgicos, acerca de la necesidad de agregarle un nombre que apareciera en el Santoral, y ellos aceptarlo de mala gana, el sacerdote, con cara de satisfacción, inició el ritual del Sacramento del Bautismo, tal como lo establecía la Santa Madre Iglesia Católica.

Mientras que la madrina sostenía a la pequeña en sus brazos y el padrino su cabecita, el sacerdote, con gesto adusto, ungía con el óleo sagrado la frente de la pequeña, diciendo:

-“Yo te bautizo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con el nombre de Johanna Estefanía Rita del Santísimo Sacramento”.

Tanto los padres como los acompañantes se miraron sorprendidos sin decir palabra alguna.

Tan solo, un hermano mayor, quien a pesar de no haber cumplido sus seis años ya había dado muestras de ser inteligente y algo suspicaz, preguntó:

-¿La niña, tan pequeñita, si podrá soportar tantos nombres?

Ante la ocurrencia del muchacho, todos sonrieron sutilmente, mientras que el cura, para apaciguar la preocupación del niño, con rostro alegre le dijo:

-El tercer nombre que le di le servirá para su salvación eterna y compartir las mieles del Señor.

Fue así como la joven, cumplidos sus diecisiete años, empecinada en ser una modelo de pasarela, había abandonado los estudios secundarios y dedicaba la mayor parte del tiempo a los ejercicios gimnásticos, con el único propósito de adquirir una figura atractiva que le permitiera ver realizados sus sueños.

Desconcertada con el nombre tan extenso que le había dado el viejo cura de parroquia, optó por emplear tan solo el de Rita, que le pareció más adecuado para cuando, en el futuro no lejano, pudiera desfilar en las pasarelas, luciendo espectaculares ropajes y apareciera en las revistas de modas y farándulas, que tanta demanda tenían entre la sociedad.

Sumada a las prácticas del gimnasio, la dieta alimenticia que solía guardar, por el mismo ilusorio propósito, la fue llevando, poco a poco, a un notorio desarreglo corporal, hasta llegar a pesar algo menos de 40 kilogramos, situación que, a más de su notable estatura, la hacía ver como una figura quijotesca, que era motivo de sorpresa, cuando no de burla, de las personas que la conocían de tiempo atrás.

Pero, alejada de la realidad y empecinada en sus sueños, solía visitar casas de modas y escuelas, donde pretendían formar a las futuras modelos, sin que ella alcanzara ser elegida para desfilar durante las presentaciones de los numerosos eventos que tenían ocurrencia en la ciudad.

Cuando alguno de los modistos, director de una escuela de modelaje, la rechazó por considerarla poco atractiva y no adaptarse a sus exigencias, sufrió una severa crisis depresiva, que sumada a otros problemas de salud, la llevaron a una clínica de la ciudad.

Desesperados, los padres, que carecían de una buena posición económica, gastaron gran parte de sus ahorros a causa de una larga hospitalización y de los tratamientos médicos a los que la sometieron durante varios meses.

Recuperada en parte su salud y obtenido un ligero aumento del peso corporal, ella siguió empecinada en la idea de que su futuro dependía de su capacidad para desfilar en las pasarelas y continuó asistiendo a los gimnasios, aunque llevando una dieta menos rigurosa que la que había practicado meses atrás.

Por más que le insistieran los padres acerca de la necesidad de reiniciar sus estudios, para que pudiera alcanzar una profesión que le asegurara un futuro mejor, ella se mostraba omisa ante tales ruegos y dispuesta a conseguir lo que tanto anhelaba: ser estrella de las pasarelas.

Luego de muchos intentos, que siempre terminaron en fracasos, conoció a un español que dijo ser representante de una agencia de modelos, el cual le ofreció sus oficios para conectarla a la misma, en la ciudad de Madrid. Entusiasmada ante tal ofrecimiento, a escondidas de sus padres, hizo todas las gestiones para lograr viajar a la capital española, donde por fin podría alcanzar a realizar sus sueños.

Cuando semanas después les comunicó a sus padres sus propósitos y les mostró el pasaporte y un documento donde aparecía un contrato para trabajar en una agencia de modelaje española, la madre, con rostro apesadumbrado y sus ojos humedecidos, le dijo:

-Rita, no te hagas ilusiones. Te hemos ofrecido nuestra ayuda para que pudieras estudiar y la has desechado.  Recapacita un poco más sobre la determinación que has tomado, no sea que más tarde tengas que arrepentirte.

Pero Rita se mostró sorda e indiferente ante las observaciones y los ruegos de su madre.

-Quiero ser modelo. Quiero desfilar en las pasarelas españolas y, ¿por qué no, de Europa?

La madre, con los ojos encharcados por las lágrimas, moviendo lateralmente la cabeza, solo atinó a decirle: -Tu obstinación, algo irracional, te causará muchos pesares.

Pero Rita, en su empeño de ser modelo, no escuchó las observaciones de los padres y el quince de enero, del año 2014, tomó un avión que la llevó a Madrid, portando consigo dos maletas, una de las cuales se la había dado el representante de la agencia, que contenían un buen número de vestidos que había utilizado en las diferentes escuelas de modelaje, en la cuales intentó destacarse sin conseguirlo.

Mientras que el avión de Avianca volaba esa noche sobre el océano, Rita elaboraba en su mente un futuro promisorio para su vida e imaginaba desfiles vistosos en las pasarelas de importantes sitios de Madrid.

Cuando en horas de la mañana el avión aterrizó en el aeropuerto de Barajas, de la capital española, Rita, elegantemente vestida, protegida del frío que imperaba para la época, comenzó a buscar, con ansiedad, a su contacto, una mujer de unos cuarenta años de edad, de mediana estatura, cabellos rubios, cubierta por un abrigo de color beige y una pañoleta carmesí enrollada en su cuello, tal como se la había descrito el empresario en Medellín, y quien la ubicaría en un hotel de la ciudad, para luego, al día siguiente, conducirla a la agencia de modelaje, donde finalmente sería contratada.

Esperó unos instantes que llegaran sus maletas en la banda sin fin, una vez que fueran desembarcadas del avión. Por el puesto internacional sus maletas ingresaron para ser revisadas por los agentes de aduana. Rita se mostraba alegre al constatar que ahora sus sueños empezaban a hacerse realidad.

Cuando los agentes le solicitaron que abriera las maletas para la revisión exigida por las autoridades portuarias, Rita lo hizo con la mayor tranquilidad.

Pocos minutos después, cuando una de las agentes se dirigió a ella diciéndole: ─Señorita, acompáñeme a esta oficina─, mostrándole un cuarto cercano donde habían depositado sus maletas, Rita se sorprendió.

-¿Qué sucede? ─preguntó a la agente.

-Hemos detectado que la maleta de color café tiene un doble fondo y allí palpamos unos objetos. En presencia de usted vamos a examinarlos.

Rita, con rostro descompuesto, autorizó el proceder de los agentes de aduana.

Cuando rasgaron la tela, los agentes encontraron tres bolsas que contenían un material blanquecino que, al agregarle una sustancia, se tornó azul claro.

-Señorita, dijo el agente-, esta sustancia es cocaína. Queda usted detenida para ser interrogada al respecto.

El rostro de Rita se tornó rojizo y unas lágrimas brotaron de sus ojos, mientras que tomaba su cabeza entre sus manos. Sollozando e implorándole a los agentes, alcanzó a decirles:

-Les juro que yo no soy una traficante. Un señor, que dijo ser empresario de una agencia de modelos acá en Madrid, me dio esa maleta. Jamás sospeché que hubiese introducido esa sustancia. Fui una tonta, al dejarme engañar por ese bandido.

-¿Hacia dónde se dirigía usted? ─preguntó el agente.

-Una señora debía esperarme aquí en el aeropuerto y conducirme a un hotel, para luego presentarme en la agencia que contrata modelos.

-¿Conoce usted a la señora? ─preguntó el guardia.

-No, señor. Tan solo me describieron a la persona que debía recogerme.

-Lamentamos, que usted, como muchas jóvenes ingenuas, se haya dejado engañar por un traficante profesional. Queda usted detenida, para las investigaciones de rigor. Puede guardar silencio y ser asistida por un abogado que le designe el Estado.

Esposada, con llanto entrecortado, se le vio conducida, por dos agentes, a un vehículo de la Guardia española, camino de la Comisaría.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

 

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