Martes, 18 de Febrero de 2020
ASMEDAS Antioquia

El diente

noviembre 16, 2019 6:48 pm



Notas de Anatomía Patológica

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Carlos Enrique Escobar Gónima (foto)
Ginecoobstetra

Ocho incisivos, catorce caninos, ocho premolares y doce molares; en total, treinta y dos piezas constituyen la dentadura completa del adulto.  Presentan enfermedades como la de Hutchinson, secuela tardía de la sífilis congénita, donde los dientes parecen sierras.  El color blanquecino perla se trasforma en gris o negro en los hijos de madres que toman tetraciclinas durante el embarazo y en los teratomas aparecen dientes en los ovarios o testículos (juegos de la naturaleza diría nuestro padre Sydenham, quien nos enseñó a clasificar las enfermedades).

El dentista norteamericano Frederick Mckay, a principios del siglo XX, notó que los niños de poblaciones mineras con aguas ricas en flúor, tenían los dientes moteados, (hoy se conoce la enfermedad como fluorosis) pero también que esos dientes eran muy resistentes a las caries.  De esa observación nació la terapia con flúor para la prevención de la carie.

Pero, cuando se activa por una carie su nervio, no duele como un trigémino sino como mil demonios.  Durante siglos poco hubo que hacer.  Los tratamientos eran paliativos, servían más para una vinagreta que para la analgesia.  Para que se dé cuenta a lo que me refiero: perejil, ajo, jugo de cebolla, clavos de olor y sal han sido algunos de los remedios que el vil vulgo ha recomendado para el dolor.  Agréguele a lo anterior: buches de agua oxigenada, aguardiente, hielo, aspirina, todo con resultados muy “regulimbis”.

En tiempos pretéritos, la gente esperaba ansiosa la llegada de los sacamuelas.  Ellos hacían parte de los que en la historia de la medicina se conocieron como barberos y cirujanos. Ignorantes que desconocían el latín (idioma del médico) y nada sabían del arte y doctrina médica.  Motilaban, rasuraban, practicaban sangrías y drenaban abscesos. Eran sobanderos, vendedores de ungüentos y jarabes y hábiles en la extracción de muelas y dientes.  En la actualidad, poco queda de ello.  La odontología es una respetable profesión, llena de especialidades: endodoncia, ortodoncia, periodoncia, implantes, diseños de sonrisa, rehabilitación oral.  Por supuesto, para que lo traten estos especialistas por la EPS, lo primero que el afectado debe sacar es una tutela.  Si no, debe vender un riñón para pagar los dientes.

El blanqueamiento dental, de moda hoy, comienza a ser objeto de preocupación; en efecto, las salas de cine han solicitado a las alcaldías que sólo permitan el bostezo en el intermedio puesto que, cuando más de dos espectadores bostezan simultáneamente en una película, la necesaria obscuridad desaparece a consecuencias de los reflejos de los dientes.  Ya las alcaldías planean hacer rebaja de impuestos si se compran carros eléctricos que, para evitar accidentes, tengan espejos laterales que eviten el reflejo de las dentaduras.  Y En los Consejos comunales de Duque (el nuestro), siempre es bienvenido el Ministro de vivienda Malagón para que dé claridad no con sus ideas y sí con sus dientes cuando se va la luz.

¿Dientes famosos?  Por supuesto.  En oriente, el más famoso es un diente canino de Buda que se guarda en un templo en la ciudad de Kandy en Sri Lanka.  En el mes de agosto, y sólo una vez al año, sale de su templo en un elefante elegantemente adornado en una procesión nocturna para ser honrado por los fieles. Cerca de Pekín, en las cuevas de Koudian, en 1921 se encontró un molar y posteriormente una mandíbula con tres dientes del que se conoció como el Homo Erectus Pekinensis, con más de quinientos mil años de antigüedad y que los chinos sostienen que es el verdadero ancestro de los chinos.  ¡Vaya usted a saber!

Otros bien famosos son los colmillos del Conde Drácula. Para ser francos, esos dientes no han sido vistos jamás y sólo se conoce la huella que dejan en el cuello de mujeres hermosas.  Se explica este misterio ya que en Rumania, país del terrible Conde Vlad III, Príncipe de Valaquia, a los fiscales que investigan ese tipo de casos no se les pagan horas nocturnas.  Se presume que, en la mañana siguiente a un posible caso, cuando llegan al sitio del suceso, el sol ya ha hecho lo suyo, incinerando todo lo que es de vampiro, incluyendo dientes.

En este momento quiero recordarles, mis anatómicos cofrades, otros dientes famosos más cercanos a nuestros lares.

Los dientes del ratón Pérez.  Son los dientes de leche que se le caen a los niños y que, en las noches, se ponen debajo de la almohada para que el ratón los reemplace por algún regalo.  Se dice que en la frontera con Estados Unidos alguien hizo mala la traducción al inglés y quedó consignado que alias ratón, mejicano por apellido, traía un cargamento de algo blanco no bien precisado por lo que se prohibió su ingreso.  Esa es la razón de que en EE.UU. sea un hada, “Tueth Fairy” la que reemplazó al ratón.  Corre el rumor de que un vivaracho, que pasa dientes del ratón por el hueco, tiene un pingue negocio de venta de dientes del hada, que son comprados especialmente por abuelos gringos que alguna mañana confundieron el diente que guardaban de la nieta con la pastillita de la presión de la mañana y se lo tragaron.

En razón de la verdad, el cuento del Ratón Pérez nada tiene que ver con Méjico. Fue obra de un Cura, Luis Colonia, español de origen, quien lo inventó cuando, al niño, luego Rey Alfonso XIII, se le cayó un diente.

Y si de vivarachos y dientes se trata, Reinaldo Spitaletta, del Centro Cultural e Histórico de Bello, relata cómo Bello fue famoso pues un embaucador vendió, como reliquias, casi treinta mil dientes del difunto Carlos Gardel muerto en Medellín en un accidente de aviación en 1935, donde lo único que se rescató del cuerpo quemado fueron huesos y dientes.

No podemos dejar de mencionar a Mike Tyson, campeón mundial de boxeo, y a Luis Suárez, famoso jugador de Fútbol Uruguayo, quienes en sus respectivas faenas mordieron en la oreja a un contrincante.  Queda por establecer si pertenecen a alguna sociedad gastronómica con predilección por la oreja sudada.

Por último, con tristeza y vergüenza cito el caso de Jaime Garzón, el humorista asesinado en agosto de 1999, por su crítica al “establecimiento”.  Dos de sus personajes tenían la característica de los dientes.  Dioselina Tibaná, cocinera del Palacio Presidencial, era una campesina dientona de mejillas coloradas mientras que, Heriberto de la Calle, era Jaime, con el único diente propio que tenía.  El hablado particular del desdentado, la genialidad de los interrogantes al personaje invitado y su magistral representación del lustrador de zapatos, lo hicieron famoso.

A sus asesinos nadie los quiere recordar y Garzón pasó a ser una víctima de la historia trágica de este país de la patria boba que aún se niega a resolver sus diferencias con el diálogo y la concertación.

Para terminar, Un comentario y una propuesta.

Algo raro está ocurriendo con la Ingeniería Antioqueña.  Una decena de edificios en Rionegro y Valle de Aburrá se han caído, hay que derrumbarlos o repotenciarlos.  Por lo pronto, esperamos que las Universidades reformulen sus cátedras, sobre todo las de ÉTICA: de los curadores, interventores y de compradores de materiales.  Mientras esto no se lleve a cabo, proponemos que los construyan acostados.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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