Martes, 12 de Noviembre de 2019
ASMEDAS Antioquia

Dónde está y hacia dónde va nuestra Psiquiatría. (Cuarta parte)

octubre 16, 2019 5:53 pm



Apuntamientos y reflexiones  –  FINAL

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Alberto Restrepo Ochoa (Foto)
Psiquiatra

Septiembre de 2019

Nota: En este escrito final, mis preguntas, pensamientos, y notas tomadas de la literatura, aparecerán deshilvanados como así fueron surgiendo.

Aunque liviano, mi imperecedero optimismo me hace pensar que los males que asolan a nuestra Psiquiatría “pudieran convertirse en bienes de riquezas”.
El saber sobre esos bienes no debe negarnos la realidad de que aún hay presencias y faltantes en nuestra Psiquiatría visibles y de no buen olor.

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Mientras corregía la tercera parte de este escrito me surgió un simple pensamiento en relación a lo que aludía en esa tercera parte: viejos, ancianos, experiencia, sabiduría, y juventud con información y conocimientos actualizados, pero aun con una entendible carencia de experiencia, andaduras, saberes, y unas facultades de juicio y discernimiento aun sin madurar y menos fructificar.

Pensé también que entre las riquezas más grandes de una sociedad están sus universidades y bibliotecas viejas, y sus obreros, artesanos y profesionales viejos, todos ellos llenos de saberes y experiencias.

¿Quién se atrevería a desdeñar y desposeerse de estas riquezas a cambio de una nueva y flamante universidad, aun sin escuelas de maestros, con docentes recién graduados, o a cambio de una colección de los últimos best sellers?

Un viejo (jefe de familia o del clan que eso es lo que viejo significa), a diferencia de un anciano, conserva un vigor físico que le permite auto dependencia motriz (incluida un habla inteligible), funcionalidad sensorial y cognitiva, y un humor animado de empeños y propósitos progresistas.

El anciano, entendible porque así es el curso de la vida, se ha adentrado ya en las limitaciones propias de la ancianidad que ensombrecen su mente, merman su motilidad y aumentan su dependencia de otros. Y, a su humor le va entrando una “desvitalización tal que ya ni siquiera tiene la capacidad de elegir dónde ir a morir”.

No es cuestión de denigrar; es de anhelar. La ancianidad con sus decrepitudes y males físicos está más cerca del final que la vejez. Así es la democracia de la vida…aunque no siempre.

Fundar la escuela o el colegiado de los maestros tutores (con médicos viejos como maestros tutores) como ya se ha propuesto, y ya comienza su andadura en la escuela de medicina de la U. de A., es un acierto encomiable. Ojalá se afiance y prospere.

Para mi es inentendible que una universidad que forjó a sus docentes que llegaron a ser Maestros, arribada la vejez o madurez de estos (usted escoja…no trate de definir Vejez, porque le aseguro que se enreda), los descarte, los despidan dicen por acá, aun sin la reverencia de un solemne y sentido ‘adiós’, como si fueran accesorios desechables.

Distinto sé que ocurre (porque lo viví) en otros países.

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Casas o Residencias (usted escoja) de viejos y ancianos, para mí, serían nombres más apropiados que el nada diciente y sanitizado de “adulto mayor”” o “personas de la tercera edad”.

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Leí: “Toda institución tiene la tendencia natural a dejarse gobernar por incompetentes y mediocres”. Para mi esta acerbidad encierra mucho de la verdad, pero no siempre de toda la verdad. Por eso en la Psiquiatría a lo convencional de hoy nos ocurre, y recurre, todo lo que nos ocurre…

Pero, y dentro de nuestras instituciones quién llama a cuentas a nuestros gobernantes incompetentes, sea este un cardenal, un comandante de brigada o un jefe de un departamento académico en una escuela de medicina.

Lo usual es que se perpetúen aspirando a un papado, una jefatura vitalicia o a cargos administrativos de un rango superior, un ministerio o una rectoría, o a dejar una estela que a pocos deslumbra y a casi todos encandila.

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Si hoy no existe en la psiquiatría universitaria, ¿puede un jefe nuevo, con su staff docente, confeccionar normas que regulen su jefatura y las de jefes posteriores? (Modo de elección, funciones, deberes y limitaciones, duración del cargo, evaluación de gestión, causales de remoción o de reelección, etc.).

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Medicina (Psiquiatría en este caso), Basada en la Evidencia

Sea cual sea su persuasión, a veces pienso que el saber está siendo remplazado por datos, que a diferencia del saber no llevan al preguntarse de los porqués sino de los quienes, los dóndes, los cómos y los cuándos. Poco o nada de crítica; poco o nada de reflexión y análisis…datos, anécdotas y “recorderis”…

Hoy, la evidencia que, a mí, no se a usted, me hace pensar que el amasijo de datos tecnológicos, (aunque no siempre pues pensadores siempre habrá), que basta con dicho amasijo y que sobran por superfluas la curiosidad, el discernimiento y los saberes humanísticos, aquellos que los datos nunca darán: el contexto, el relato, lo existencial, trátese de un príncipe o de un simple común mortal.

A veces pienso, no sé si es justo, que los divulgadores de datos lo hacen como si entonaran cánticos celebrando sus glorias.

Hay un pensar, también es un sentir, entre los creyentes más piadosos y credulones, de bastarles solo con “saber” que todo lo bueno y malo viene del Creador, y que con eso basta.

Igual con “las evidencias” en psiquiatra –hasta ahora-, que como los eclipses parciales solo nos evidencian algunas lucecitas, algunas formas, y muchas sombras.
Es como cuando la luz se va yendo, haciendo visible solo el tránsito de la penumbra a la oscuridad.

No sé si el psiquiatra que basa su simple quehacer (de solo diagnóstico y droga) en “las evidencias” de la tecnología de los ensayos clínicos doble ciegos aleatorizados, está ciego ante “la evidencia” de que en psiquiatría la investigación en drogas no es clínica y que en Psiquiatría enceguecer un ensayo es un imposible.

Y, digo esto, porque hasta donde sé, en la psiquiatría del hoy la única evidencia está basada en los ensayos aleatorizados con drogas*. Y aun así el uso de drogas en psiquiatría sigue siendo asunto de ensayo y error.

Y, a mí, estas investigaciones con drogas, que no son clínicas, y que siempre son sesgadas, que no representan a la población en general, y que diagnostican con criterios y miden con escalas, y que miden mejoría o respuesta positiva en valores “estadísticamente significativos” –no clínicamente significativos–, y que casi nunca van seguidas de seguimiento (follow up), en cuanto a credibilidad, fiabilidad y veracidad, me dejan siempre perplejo.

Pero, y como prescindir del título de INVESTIGADOR, mas grandioso y fastuoso (¿?) que el discreto de médico asistencial, y del hechizo seductor del nombre en papel y tinta en publicaciones de por aquí y publicaciones de por allá, y de la subida en el escalafón y el engorde de la paga…

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¿Y qué le pasó y está pasando a la Psiquiatría (biológica…) con el voleo de diagnósticos y droga?

Piensen en la engordada que se pegó el DSM desde 1.958 hasta ahora…y el DSM se vende como pan caliente –hasta estadísticos y abogados lo compran-, ah, y también se consulta como si fuera un don revelador venido del Altísimo desde su morada en el cielo, (o ¿será en el firmamento?)

¡Y, como las drogas viejas al entrar en ‘moridera’ o expirar su patente muriendo con ella su rentabilidad, pues BigPharm les cambia su molécula o su presentación y nombre, y, bingo! se salvó su mercadeo y productividad. Son los vástagos de sus viejos padres; las “me too drugs”.

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Piensen y entenderán. Es la Psiquiatría del hoy. He conversado con neurólogos, neurocirujanos y residentes de neurología sobre el año de más que le cargaron a las espaldas a los nuevos residentes de Psiquiatría en la U. de A. ¿Y que he concluido?; pues dos cosas.

1- “Que fue una pendejada”, todos me dicen, y,

2- Que en dos meses de rotación por neuro un residente de psiquiatría –aún de inteligencia promedia-, se aprende lo básico en imagenologia neurológica, examen neurológico, y a acertar con las punciones lumbares en la segunda ‘chuzada’. ¿Qué tanto usarán o necesitarán estos saberes los psiquiatras de 4 años, no siendo neurólogos y practicando solo Psiquiatría?

Distinto sería si formáramos neuro-psiquiatras, con las dos especialidades integradas en una sola de Neurociencias Clínicas en un programa de 5 años, como por tanto tiempo lo he venido proponiendo.

Los residentes de neuro, hoy, no le caminarían a una rotación de un año por Psiquiatría; “ni de fundas” me dijo una. ¡Si ven! No quieren reciprocar…

Los pioneros (¿?) de esta revolución (la mayoría de las revoluciones fracasan), pudieron haber pensado que estaban abriendo trocha y montando el faro que iluminaría y guiaría la andadura de estos nuevos psiquiatras con un año de neuro encima, de escasísima utilidad práctica.

¿De usted necesitar algo neurológico, iría donde uno de estos nuevos psiquiatras, o mejor ‘de una’ donde un neurólogo?

¿Tiene sentido que un aspirante a Psiquiatría toque las cuatro puertas -4 años- del nuevo programa de la U de A, en lugar de las 3 puertas -3 años-, del CES o de la UPB?
“Ni que fuera boba…a mí no me engatusan con esa vaina”, me dijo una joven médica deseosa ‘de hacer Psiquiatría’.

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¿Dónde está y hacia dónde va nuestra Psiquiatría?

Al pensar en el dónde está hoy, es inevitable no pensar en donde estuvo. Pero ingenuo seria pensar, añorando, un pasado y revistiéndolo de gloria. ¡No! En su pasado la Psiquiatría fue lo mejor que pudo, pero en medio de errores, carencias, suposiciones extravagantes y, aún, algunas prácticas rayanas en la crueldad.

Pero tampoco podemos ignorar los muchos conflictos y contradicciones de su dónde está, de su presente.
Y, lo bueno y no bueno de su dónde estuvo y donde está, no puede impedirnos sentir una honda preocupación por el hacia el adónde va.

Si bien la proclividad a añorar el pasado y repudiar o criticar el presente de nuestra Psiquiatría puede poseer a muchos, la salida a este dilema es solo posible mediante la lógica y el razonamiento.

Estos no son tiempos para idealistas del ayer o del presente.

Si pensáramos en ‘lado fuerte’ y ‘lado débil’, podríamos preguntarnos de qué lado están los psiquiatras y sus pacientes, y de cual los mercaderes en nuestra Psiquiatría institucional, o mejor, la intervenida. ¿Quién es el débil y quien es el fuerte?
Yo me pregunto: ¿Sobrevivirá la Psiquiatría como disciplina clínica a las grandezas y pretensiones de la tecnología, de las evidencias y de las precisiones, y a las ambiciones de los inversionistas en el mercado de la salud?

Nota: Dejé en borrador unas notas sobre Psiquiatría de la evidencia, Psiquiatría de la precisión, para un breve escrito posterior.

Para concluir, firmemente creo que nuestra Psiquiatría Convencional-Institucional no sabe bien dónde está ni para donde va, y en juego está la suerte de centenares de pacientes.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Lea también:

Dónde está y hacia dónde va nuestra Psiquiatría. (Primera parte)

Dónde está y hacia dónde va nuestra Psiquiatría. (Segunda parte)

Dónde está y hacia dónde va nuestra Psiquiatría. (Tercera parte)

 

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