Viernes, 18 de Octubre de 2019
ASMEDAS Antioquia

Los médicos confiesan que no se quieren morir como sus pacientes

octubre 7, 2019 8:57 pm



Son enfáticos: quieren tranquilidad, poco dolor y compañía en casa en los últimos instantes de vida

Tomado de: www.eltiempo.com

“Quiero morir en mi casa, con aroma a lavanda, poca luz, ojalá con mi guía espiritual, escuchando Nightwish y los efectos de la psilocibina (un psicotrópico proveniente de los hongos)”, afirma la médica Luz Marina Cano, doctorada en educación y pensamiento complejo y experta en cuidados paliativos, cuando se le pregunta cómo quisiera morir.

Cano, una profesional que se encarga de tratar a los pacientes al final de la vida, remata que por nada del mundo quisiera que el desenlace fatal se diera en medio de maniobras de reanimación. Un deseo que ya dejó claro en un documento de voluntad anticipada.

Hace apenas unos días, mientras moderaba un foro sobre eutanasia, al preguntarle al auditorio compuesto en la mayoría por médicos si querían morir como lo hacen sus pacientes, ninguno levantó la mano, algo que me motivó a preguntarles a los colegas sobre esos últimos instantes de la vida.

Casi todos apuntaron a alejarse de los hospitales y de la alta tecnología que le da soporte a la vida en esos momentos y se inclinaron por estar en casa, en cama.
Por ejemplo, Rodrigo Córdoba, psiquiatra, manifiesta que quisiera morirse de una manera fulminante, pero ojalá con algún tiempo para dejar arregladas algunas cosas personales. Y aclara que le teme a las enfermedades devastadoras.

Y aunque el manejo del dolor no es una conducta diseminada en la práctica médica, la mayoría considera que en el instante de sus decesos el sufrimiento esté lo más alejado posible. Así empezó, a su turno, Gabriel Robledo, cardiólogo, al decir que si pudiera escoger la forma de terminar su vida elegiría el camino menos doloroso, en casa, rodeado de su familia y lejos de cuidados intensivos. Toda una paradoja para un experto en reanimación cardiaca.

La mayoría de los médicos dijeron sentir temor de enfermedades incapacitantes, que limitan la funcionalidad o son de larga duración, como lo dejó claro el ginecólogo Jairo Amaya, profesor de la Universidad Nacional, al enfatizar que no quiere fallecer en estas condiciones sino que preferiría hacerlo acostado, en su hogar.

Todos clamaron por no morir solos, como lo manifiesta Germán Maldonado, especialista en medicina del trabajo, que anhela un deceso de viejo, rodeado de las personas queridas, en un proceso ojalá muy corto.

Sin sufrir

“Los médicos sufrimos más angustia ante la inminencia de la muerte porque sabemos lo que nos puede esperar”, dice, a su vez, el cirujano Luis Alberto Parra, quien al igual que los demás advierte que su deseo es tener una muerte rápida, junto a su familia, y no en una unidad de cuidados intensivos, como ocurre ahora.

Conocedores de los efectos de los medicamentos, algunos quisieran fallecer bajo dosis de algunos de ellos, como lo afirma la hematóloga Pilar Cortés, quien admite su angustia al pensar en una larga agonía o recibir fármacos a repetición para ver si mejora.

Morir conectados a una cantidad de aparatos, sin poder abrir los ojos y sin apreciar el entorno es una preocupación casi general de estos profesionales, que en el caso de Elizabeth Beltrán, médica salubrista, cuestiona los encarnizamientos terapéuticos a los que son sometidos muchos pacientes con fines eminentemente económicos, dejando de lado que las unidades de cuidados intensivos “son para ingresar personas con posibilidad de salvarse y no para ayudar a morir a la gente”.

Pero estos pensamientos no son patrimonio de médicos con mucho tiempo de ejercicio. Jaime Alberto Perea, recién egresado, considera que la muerte es un hecho natural que debe abordarse de la manera más tranquila, ojalá en la propia casa, sin sufrimiento y evitando intervenciones exageradas en los hospitales.

Autorreflexión

César Burgos, presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, pone en evidencia que este tipo de manifestaciones requiere de una reflexión profunda que permita alinear las percepciones personales con las proyecciones profesionales del cuerpo médico.

“Es claro que a los médicos nos interesa propender por mantener la vida, que luchamos de manera denodada contra la muerte y que a veces, en ese afán, se puede caer en excesos. Sin embargo, hay que tener presente que lo importante es la calidad de vida de nuestros pacientes hasta el último segundo, algo que a veces se aleja de las posibilidades que permiten los sistemas de salud”, expone.

Estas intenciones se enfrentan, infortunadamente, con la realidad sobre el final de la vida en Colombia, en donde la mayoría de las personas mueren sin tener la posibilidad dónde hacerlo y muchas de ellas sin siquiera tener acceso a los cuidados paliativos.

¿Cómo se muere en Colombia?

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Según un informe del Observatorio de Cuidados Paliativos de la Universidad El Bosque del 2016, en el país solo el 40 por ciento de las 136.846 personas que fallecieron por condiciones susceptibles de recibir cuidados paliativos recibieron este servicio.

En otras palabras, más de 50.000 personas murieron sin ayuda específica, en sus últimos instantes, en ese período.

Y aunque se piensa que estos cuidados son únicamente para personas que tienen un pronóstico de muerte -por ser quienes más los necesitan-, en realidad a este servicio tiene derecho todo aquel con un mal crónico que le signifique un dolor irreversible y se traduzca en una afectación en su calidad de vida.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), los cuidados paliativos son una rama de la medicina que prioriza la calidad de vida de los pacientes y las personas cercanas -su núcleo familiar- cuando se deben enfrentar a problemas relacionados con enfermedades denominadas irreversibles.

Tomado de: www.eltiempo.com

 

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