Miércoles, 11 de Diciembre de 2019
ASMEDAS Antioquia

Dónde está y hacia dónde va nuestra Psiquiatría. (Primera parte)

septiembre 26, 2019 2:13 pm



Un primer vistazo. Apuntamientos y reflexiones

Por: Médico Alberto Restrepo Ochoa (Foto)
Psiquiatra

(Agosto de 2019)

Decidí hacer este escrito sobre el hoy y el posible mañana de nuestra Psiquiatría, dejando el ayer en el ayer. Empecemos:

La medicina, más que cualquiera otra profesión, tiene que vérselas con la vida y la muerte. Aún si estamos sanos, ambas conviven. Paradoja llamativa; vivimos mientras al tiempo vamos muriendo.

Todo paciente consulta para que el médico le ayude a mejorar del cuerpo o de los nervios. Así de simple. El paciente busca cuidados médicos para mejorar la salud de su cuerpo y de su alma; en Psiquiatría son unas pocas presuntas enfermedades y una miríada de problemas del vivir.

Pero también sé, porque bien las conocí, que hay pacientes que consultan y médicos que las aceptan, cuando aquellos –casi siempre mujeres histeriformes-, fingiendo males, ‘consultan’ solo en búsqueda de amoríos y demás bagatelas con “el doctor”. Harina de otro costal… También se da al revés… del “doctor” a la paciente; así también lo conocí. ¡Y qué traumas emocionales los que quedaban como secuela permanente! Los conocí…

Pero lo que ayer era el cuidado de la salud, hoy se ha transformado en un producto, un commodity como dicen los ejecutivos jóvenes –algunos y sus secretarias los llaman CEO’s (Chief Executive Officers)-. «A mal que estamos coño con el lenguaje”, me dice Absalón mi psiquiatra colega.

El producto o commodity –mercancía si usted prefiere-, con muchos accesorios asociados (drogas, exámenes paramédicos, aparatos, estimulación cerebral profunda, “imágenes”, procedimientos de “medicina personalizada”) –¡esta última ya llegó, fuimos los primeros!, se mercadean en el mundo industrializado.

Resumiendo: Industria, producto commodity o mercancía, mercadeo, y sus mercaderes, incluyendo, por qué no, a algunos médicos y pacientes.

Pienso en la medicalización, Psiquiatría Biológica la llaman, está “in”, al extremo tal que algunos docentes pregonan la especie de que los psiquiatras tratan medicamente solo ‘enfermedades’ del soma, -con drogas, no hay más, o ¿usted quiere estimular profundamente el cerebro de su paciente?-, y el resto de las psicopatologías, infortunios y penalidades de la vida, materia no médica, -aunque está en el cerebro-, dicen los psiquiatras biológicos, deben ir al redil de filósofos, psicólogos, sacerdotes consejeros, trabajadores sociales, terapistas de familia, educadores con diplomas en lo que fuere, sociólogos, enfermeras analistas y siga y siga, la lista es ya tan holgada en el hoy, que parece inacabable en el mañana.

Es que, aun en condiciones ‘normales’, vivir no es fácil, menos para las personas que bregan con los líos y marañas del alma, o de la existencia, si así a usted le suena mejor.

Obvio, y no exagero, ustedes lo saben, que la semilla de la Psiquiatría Biológica, en su nueva versión aún vigente, tiene una historia que bien conozco… pues la viví, viene de finales de los 70’s, es tema de muchos entresijos que daría para otro escrito. Esa semilla, pues, ya fue plantada. “Es justo y necesario”…
Esta semilla brotará y fructificará algún día –muchos lo esperamos-, aunque es compleja, genéticamente determinada, genéticamente modificada por el ambiente, de germinación lenta, encerrada en cascarón pétreo y hermético, y hasta ahora no enraizada.

Para mí, y perdonen la ramplona metáfora, la semilla de la Psiquiatría Biológica es el cerebro y el cascarón es el cráneo. Es como semilla de chontaduro que es tenaz y resistente y brava para germinar. Limar el caparazón, ablandarlo en agua tibia, romperlo del todo, o a medias si usted prefiere, y exprimir un poquito la semilla entre índice y pulgar, para ablandarla obviamente, no se rían, está aún lejos de poderse hacer con el cráneo y el cerebro.

Resumiendo:

La Psiquiatría Biológica está en semilla, estado pre-germinativo. Su germinación con tronco, ramaje, follaje, flores y fruto está por llegar, ojalá pronto, aunque algunos de sus fervientes devotos dicen que ya está aquí y en primera fila, y que maneja enfermedades ‘a lo médico’.

En Psiquiatría, solo un 3% de la psicopatología, (esquizofrenias -20% surgen de Novo y remiten-, TDAH que dizque también es enfermedad que no remite según Big Pharm pues los vestigios de esta siguen merodeando en la adultez, ah, y necesitando droga, ¡obviamente!, y el muy pregonado sobrediagnosticado y sobretratado “Trastorno Afectivo Bipolar”)*, y que establece categorías de jurisdicciones exclusivas, enfermedades de manejo solo médico-psiquiátrico, y el resto, que es casi todo, 97% de la consulta psiquiátrica regular, para manejo por tratadores no médicos… vea pues usted…

*Trastorno afectivo es un nombre equivocado. El trastorno primariamente, así está establecido en la psiquiatría del es-tablecimiento, es del ánimo, y secundariamente, así se piensa, afecta el afecto. Lógico: lo que uno siente adentro, ÁNIMO, lo expresa afuera, AFECTO.

Así pues, Enfermedades, genuinas o hipotéticas (TDAH, Esquizofrenia/s Trastorno del ánimo endógeno, por ejemplo) no son el cayado de oro patrimonio exclusivo de los doctores psiquiatras biológicos, ni las otras son el zurriago de caunce y rejo, descartables y referibles para su manejo a uno de los muchos profesionales paramédicos que arriba mencioné.

Hoy, el psiquiatra joven o en formación está en la disyuntiva de a cuál forma de ejercer su profesión suscribirse; la biológica o la integral. La primera, para mí, ultra simplista: diagnóstico y drogoterapia centrada, “aprendible” en, si mucho, seis meses de enseñanza, o una Psiquiatría integral en lo científico-humanística.

(Ojo muchachos con el cientificismo y la necesidad de drogas y más drogas para contrarrestar los efectos secundarias de las primeras, pues están de moda).

………………………..

No dudo que los psiquiatras jóvenes y algunos de sus mayores, tienen la inteligencia, el corazón, la ambición y voluntad para tomarse el tiempo, revisar lo que está ocurriendo y planear que podría hacerse para que nuestra Psiquiatría se encauce progresando.

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Psiquiatría Biológica

Asomo de incipiente gestación en una lasguísima espera de alumbramiento

Brevísima Historia

La nueva versión de la psiquiatría biológica (desde el siglo X se practicaban las primeras) tuvo una concepción político-económica en los 70’s y 80’s del siglo pasado, años en los cuales, como ahora, estaba en crisis.

Comparada a otras especialidades, el prestigio de la Psiquiatría era casi cero. El porcentaje de graduados que ingresaba a Psiquiatría cayó en ese entonces de 11% a 5%.

El dominio psicoanalítico y de las terapias comportamentales y de familia llevaron al desprestigio de la psiquiatría y a que a los psiquiatras se les considerara “dinosaurios atollados en un pozo de confusión psicoanalítica”.

Ciertos desarrollos tecnológicos (véase adelante) y alharacas quasi-científicas, más las vergüenzas del desprestigio (el salario de psiquiatras y pediatras era el más bajo), hicieron que un movimiento, más taxonómico que de otra cosa (DSM III), políticamente retornara a la psiquiatría al redil médico como ‘nueva ciencia médica en todo su derecho’. ¡Biologizaron con exclusividad a la Psiquiatría!

¿Y qué pasó, entonces?

Al biologizarse la Psiquiatría (sin fundaciones sólidas, estables), para encarar la crisis, pues se abrió la compuerta, surgió un “problema”, y una diversidad de profesionales paramédicos –enfermeros, trabajadoras sociales, psicólogos, filósofos, sociólogos y muchos más, pasaron a ser tratadores de problemas psiquiátricos en lugar de lo que eran, meros asistentes subordinados a la supervisión de psiquiatras, excepto en pruebas psicométricas, neuropsicológicas y asuntos de ese tipo. Yo lo viví…

Rápidamente, y por acciones políticas, estos nuevos para-psiquiatras ganaron privilegios que los acercaban a los psiquiatras: privilegios para hospitalizar pacientes, prescribir drogas (algunos), ordenar exámenes paramédicos, reclamar reembolsos de las compañías de seguros, etc.

Mientras esto ocurría, los psiquiatras biológicos empezaban a sentirse como ‘verdaderos médicos’.

Al tiempo, las ganancias y privilegios económicos de los psiquiatras empezaban a sentir la mella de las nuevas realidades.

En estos tiempos resonaban los clamores de la psiquiatría genética, de la nueva psicofarmacología, de las teorías de los desbalances químicos en el cerebro (¿recuerdan los “chemical imbalances”?), y todo justificando el nuevo estatus de médicos y de disciplina médica dados a la Psiquiatría Biológica y sus adherentes.

Resumo: El factor económico, el anhelo de afirmar el estatus como médicos y la irrupción de muchas profesiones para-psiquiátricas fueron parte de la crisis de la Psiquiatría de los años 70’s y 80’s.

Empezó, entonces, en la cultura popular y aun en ámbitos médicos no psiquiátricos, a que solo se saludaba con sombrero quitado a “la Psiquiatría Biológica”, a la genética, a la nueva fármaco Psiquiatría y a las nociones (erradas) de los desbalances químicos.

Hasta el presente no hay evidencia fiable de que la ansiedad, depresión, TDAH (trastorno por déficit de atención hiperactividad), sean trastornos de causa biológica (me refiero a etiopatogenia, no a fisiopatogenia).

Desgraciadamente, esta mala información es divulgada a estudiantes, residentes de Psiquiatría y al público en general. Es la cultura de la desinformación.

No queriendo estar lejos de la “subienda”, la Industria Farmacéutica lanzó sus redes (mercadeo; publicidad; visitadores médicos, uno por cada siete -7- médicos en los Estados Unidos; compra de conciencias con prebendas de todo tipo), para pescar en el lucrativo río de “la subienda” venida con el arribo de la nueva Psiquiatría Biológica.

La escalada en la prescripción de psicotrópicos (los que usted quiera) apuntaló la visión biologista y farmacológica de esta nueva Psiquiatría.

Leí en alguna parte que la Industria Farmacéutica tiene más antesalistas (lobbysts) y gastos en propaganda pública y de mercadeo que todos los miembros del Congreso de los Estados Unidos. En Colombia, siendo un “paisito” -como dijo Camilo José Celá-, los gastos de Big Pharm son enormes. (Vea Caracol noticias… si es capaz de aguantar…), y mire la propaganda en consultorios (algunos tienen TV pantalla) y las prebendas a los doctores contemplados (y que se dejan contemplar) por Big Pharm.

(Este tema ha sido dividido por su autor en cuatro partes.  Esta primera parte será publicada en el Boletín Momento Médico #292 y las tres partes restantes serán publicadas en los números 293, 294 y 295, respectivamente).

 

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