Viernes, 18 de Octubre de 2019
ASMEDAS Antioquia

No aprendemos las lecciones

septiembre 18, 2019 3:02 pm



Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Luis Javier Castro Naranjo (Foto)
Representante Profesoral al Consejo Académico
Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia

El Grito de Independencia y la Patria Boba quedaron atrás; con el triunfo de la batalla de Boyacá se dio fin a más de 3 siglos de colonialismo español.  La campaña libertadora organizada por Bolívar daba sus frutos e iniciábamos la independencia, ya hace doscientos años.

Fue algo colosal, increíble; sorprendente cruzar los Andes con un ejército harapiento conformado por campesinos, indígenas, negros, pardos, llaneros y hasta niños, y lograr vencer el poderoso contingente español de Barreiro, con gran experiencia en las guerras europeas.

A los soldados se les prometió la libertad si eran esclavos y a la mayoría se les ofreció pagos por los servicios prestados a la patria.  Lo que finalmente recibieron fueron unos bonos que tuvieron que vender por el 10-15% de su valor comercial a los agiotistas de aquellos tiempos.

Una constante en las luchas por la independencia de América Latina fue que estuvieran organizadas por los más ricos: los mantuanos en Venezuela, la oligarquía neogranadina y del Ecuador, la nobleza peruana constituida en aquel entonces por condes, hijosdalgos, entre otros. Solo pretendían los mismos privilegios políticos de los nacidos en España porque ya las riquezas las tenían.

Así lo hizo Bolívar, pero sus hombres eran derrotados por José María Boves quien contaba en sus filas con indígenas, negros, pardos y los campesinos más pobres.  Este los inducía a pelear contra los mantuanos, era una pelea contra los más ricos.  Estas clases sociales desprotegidas defendían la corona española, defendían a Fernando VII.

Con el paso del tiempo, el libertador supo ganarse el favor de los desposeídos y los incorporó a sus filas; a veces también los reclutó forzosamente.  Miles de ellos, por su estado nutricional y las inclemencias del clima, murieron durante la travesía de los Andes.

Lo paradójico es que, lograda la independencia, la Gran Colombia estaba en quiebra y no había dineros para pagar a los numerosos combatientes del ejército libertador, a sus viudas o a los huérfanos.  Tampoco hubo voluntad política para darles libertad a los esclavos como había prometido el genio de América.  Por el contrario, se fue dilatando esta solución y solo en el año de 1851, en el gobierno de José Hilario López, se da cumplimiento a esta promesa.

A los indígenas, en lugar de mejorarles sus condiciones de vida, les arrebataron parte de sus resguardos y, al quedar estos muy reducidos, no lograban autosostenerse y tuvieron que salir a ofrecer su mano de obra barata.

Los ejidos, aquellos terrenos generosos en las afueras de los pueblos, que servían para el uso común de todos los pobladores, fueron expropiados por la oligarquía en la Nueva Granada; además, la clase política repartió las tierras baldías entre las élites del país.

Muy lamentables fueron los resultados con dos empréstitos ingleses que realizó el país en la tercera década del siglo XIX; el primero, bajo la responsabilidad de don Francisco Antonio Zea, se dilapidó y del segundo encargó el general Santander a sus amigos comerciantes Arrubla y Montoya.

Se cometieron grandes irregularidades con este último desde su trámite en el Congreso, la adjudicación, los desembolsos, la quiebra de la empresa prestamista y la utilización que se le dio.  Los dineros desaparecieron como por encanto y desde entonces ha sido imposible el pago de la deuda externa.  Hoy, en el proyecto de presupuesto general de la nación para el año 2020, el gasto asciende a $172 billones, mientras que el servicio de la deuda queda en $59,2 billones.

Dos siglos después, uno de los rubros más importante se destina al pago de la deuda; la corrupción sigue rampante con Reficar, Odebrecht, los Nule, los Moreno Rojas y tantos otros casos.  Santander entregó en aquel entonces las minas a las potencias extranjeras y firmó tratados leoninos con Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Holanda.  Hoy nuestros mandatarios hacen exactamente lo mismo.

Igual se siguen matando los líderes sociales, continúa incumpliéndose todo tipo de acuerdos, el engaño y la mentira están presentes en todas las esferas, parece que nada hubiera cambiado o, como dice una vieja frase, se cambia para que todo siga igual.

Bolívar prometió una reforma agraria, era consciente de su necesidad, pero en ese entonces como ahora no fue posible hacerla por la oposición de aquellos que ostentan el poder político económico.  Hoy como ayer, se asesinan los reclamantes de tierra, se arrebatan las parcelas a los campesinos y se acumula la riqueza en manos de unos pocos.

Finalmente, aunque Bolívar se refería a la América como la esperanza del Universo, su Gran Colombia, su sueño de integración de los países latinoamericanos fue destruido por las oligarquías criollas con la ayuda de los embajadores y presidentes norteamericanos de la época, como aquel que decía en su doctrina “América para los americanos».

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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