Lunes, 18 de Enero de 2021
ASMEDAS Antioquia

Por esa lengua…

agosto 29, 2019 8:46 pm



Notas de Anatomía Patológica

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Carlos Enrique Escobar Gónima (foto)
Ginecoobstetra

Corresponde en estas notas referirnos a la lengua, órgano biológicamente bien interesante. En lagartos y serpientes es detector térmico y de olores, convierte al camaleón en un formidable cazador a distancia, es amortiguador térmico en los perros y hace que ciertas aves hagan sonidos como palabras. Una lengua corta y gruesa y un pico curvo explican que pericos, loros y cacatúas emitan palabras, pero difícilmente aclaran cómo cuervos y urracas se meten en la conversación con lenguas y picos completamente diferentes. Habrá que llamar a un experto en lenguas para las explicaciones pues los cuervos no han querido soltar palabra.

Respecto a la lengua humana, tiene varias funciones. La primera es garantizar su propia existencia. Rodeada de caninos, incisivos y poderosos molares, corre el riesgo ante un inoportuno movimiento mordelón de quedar deslenguada. Entenderá el lector que esta es una principal razón por la cual los niños nacen sin dientes. Al madurar el niño, los movimientos coordinados de diez y siete músculos linguales, ocho a cada lado y uno central, y la gran sensibilidad del órgano, garantizan su uso adecuado. Mencionan los expertos que la representación de la lengua en la corteza cerebral es una de las más grandes. En el homúnculo de Penfield, una gráfica que todos los anatomistas conocen en los libros de fisiología, luego de la mano, la boca y lengua comparten un espacio cortical similar al de los genitales. Algunos atrevidos que no tienen pelos en la lengua dicen no estar de acuerdo con esa tesis pues si bien reconocen que existen lenguas escrotales no creen que sea lo mismo rascarse la lengua que rascarse las… Dejémoslo así.

Una función que se viene modificando es la de los sabores. Los tradicionales: dulce, salado, ácido y amargo vieron entrar al umami (sabor sabroso en idioma japonés) ya aceptado plenamente como el quinto sabor. Descubierto por Kikunae Ikuda a principios del siglo XX en un alga, se sabe que está en tomates, algunos quesos, espárragos, salsa soya y químicamente como glutamato mono sódico.

El ácido y el amargo son sabores defensivos ya que muchos venenos de la naturaleza tienen estos sabores. El humano es el único animal que disfruta el sabor amargo. Vaya usted a la sabana cundiboyacense, a esos establecimientos donde los descendientes de los muiscas practican el tejo, que es deporte nacional si se acompaña de suficientes “polas”, para darse cuenta de lo que digo. Ahora, en el resto del país la receta es más fácil. Vaya a una cantina o similar, ponga una canción de despecho de Pipe Bueno y verá cómo por generación espontánea aparecen un número creciente de amargas cervezas en las mesas.

Recientes informes señalan que en la lengua ya se encontraron receptores para grasas, lo que sirve de bálsamo para aliviar ciertos complejos de culpa a los que encontraban en las grasas un irresistible sabor. En mi caso, entiendo por qué mi condición de vegetariano de varios años, siempre estuvo mancillada por mi pecadora avidez por el chicharrón, que ahora sé que es debida a mis receptores linguales. Muchos tendrán receptores para grasas saturadas, otros para insaturadas y en mi caso receptores específicos para chicharrón carnudo de siete patas.

Con seguridad, en próximos años el ají pique, que por ahora no se considera un sabor sino una estimulación de la rama facial del trigémino, encontrará su propio receptor.

Queda por mencionar la otra función de la lengua que es la más importante, el lenguaje. Sin ella no existiría la comunicación como la conocemos. Con ella se han emitido mensajes tan sublimes como el de las bienaventuranzas y mensajes tan humanos como el de los derechos humanos. Con la lengua, los niños aprenden a decir mamá y los amantes susurran en las sombras un te quiero. Pero, infortunadamente, con ella se han hecho y se hacen inmensos daños. Hay lenguas mezquinas y ruines, viperinas y ponzoñosas. En nuestra realidad tropical, que en ocasiones recuerda a las antiguas repúblicas bananas, Iván (el nuestro) recorre el mundo tratando, a punta de lengua, de tumbar un maduro y coger algunos murrapos. Ahora, utilizar la lengua para echar cepillo, lo que conocemos coloquialmente como lambonería, es y ha sido común a todas las culturas, pero conjugar lambonería y chabacanería no es frecuente. Hay rumores de que en los alrededores de una corporación existe no un Mesías y sí un macías (en minúscula, como el personaje) que podría dar informes acerca de esa asociación.

Por último, un buen consejo, mis fraternos. Si queréis tranquilidad de espíritu, comenzad por aquietar la lengua.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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