Viernes, 14 de Agosto de 2020
ASMEDAS Antioquia

¡Ah! Si los pájaros hablaran…

agosto 18, 2019 7:16 pm



Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Roberto López Campo (Foto)
Neumólogo
Ex integrante Taller de Escritores de ASMEDAS Antioquia

Desde muy tierna edad he sido amante de los pájaros. Verlos revolotear alrededor de un árbol frutal o posados en una rama, alegrando con sus trinos un amanecer, siempre me ha parecido fascinante.

Durante mi infancia y en el despertar de mi adolescencia, cuando solía ir a la Zona bananera, en Patuca, me embelesaba contemplando un enjambre de pericos que entusiastas, mientras que entonaban sus trinos, picoteaban sin desmayo los racimos de mangos que, abundantes, colgaban de los frondosos árboles muy cercanos a la casa.

Frecuentemente tuvimos enjaulados sinsontes y canarios, que solíamos cuidar mis hermanos y yo, con sumo esmero. Con los años comprendí que era más placentero verlos volar que coartarles su libertad.

Un bosque cercano a la parcela, en medio del cual se deslizaba un arroyo apacible, nos sirvió, durante muchas vespertinas, para refrescarnos y escuchar sus gorjeos, confundidos en las ramas de los árboles. Azulejos, canarios, sinsontes y colibríes, revoloteaban muy cercanos a nosotros.

Ahora, con muchos años a cuesta, sigo admirándolos. Algunos, con sus cantos característicos, parecen pretender comunicarse con los seres humanos, como lo hacen entre sí.

En el patio de la casa donde resido desde hace varios años, en muchas mañanas, un pájaro de mediano tamaño, pechiblanco y dorso gris, suele posarse sobre un muro y desde allí lanzar unos gritos, en forma insistente, como solicitando los servicios de alimentación. Medio banano, una lonja de papaya u otra fruta, son suficientes para que el altanero e imperioso animal cese en sus reclamos. Poco después, guardando absoluto silencio, desciende del muro y disfruta de lo que para él debe significar un placentero banquete.

Durante algunas tardes, cuando me siento a escribir y, simultáneamente, escucho una obra musical, descubro a través de la ventana a dos o tres pajarillos que, enardecidos, entonan sus cantos como si quisieran competir con las notas que brotan del equipo de sonido. En ocasiones han permanecido en los arbustos del antejardín por más de una hora.

Dos nidos, semiocultos entre las ramas de dos arbustos que adornan el pequeño patio de mi casa, han servido, desde hace varios años, para que tórtolas y torcazas, ocasionalmente, depositen sus huevos que cuidan con mucho celo, así como también a sus pichones. Su presencia se ha vuelto familiar y sus gorjeos me hacen recordar los años de mi infancia.

¡Ah! Si los pájaros hablaran…

P.D.: En estos tiempos, muchos humanos han perdido el hábito de la comunicación verbal, que es el mejor medio para conocernos. Con desagrado, he presenciado cómo grupos familiares alrededor de una mesa, prefieren sostener sus miradas en el milagroso aparatito llamado “celular”. Y los niños, que presencian esos comportamientos, imitan a los padres.  Cuando se les habla, tan solo se limitan a responder moviendo la cabeza hacia adelante para indicar un Sí, o lateralmente para indicar un NO.

Deberíamos aprender de los pájaros para mejorar las relaciones familiares.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

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