Viernes, 26 de Abril de 2019
ASMEDAS Antioquia

Leishmaniasis: la enfermedad de Hidroituango en Sabanalarga

abril 12, 2019 4:16 pm



Tomado de: www.derechos.org/nizkor/colombia

Por: Claudia Julieta Duque
Equipo Nizkor y Radio Nizkor
Sabanalarga, Colombia
11 de abril de 2019

«Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse,
tendrá que pasar al ataque», Bertolt Brecht

A los habitantes del cañón del río Cauca despojados, desplazados y amenazados por cuenta del desarrollo

Cosas extrañas pasan en Sabanalarga, un pequeño pueblo enclavado en la cordillera Central de los Andes colombianos, al occidente del departamento de Antioquia. Cosas que se comentan en la sala de urgencias del hospital San Pedro, en los barrios La Aurora y el Carmelo, las veredas Membrillal, El Junco, Nohavá, Portachuelo, Machado y Remartín, y que este martes 9 de abril obligaron al Instituto Nacional de Salud (INS, máxima autoridad del sistema de vigilancia epidemiológica en Colombia), a recomendar el envío de expertos a la zona.

Y no: no es el temor que produce no escuchar la fuerza del otrora bravío río Cauca -hoy embalsado por la represa de la Hidroeléctrica de Ituango (Hidroituango)- ni el olor a gas que emana por entre la espesa capa vegetal que, según la Fiscalía de la Nación, recubre 8.2 kilómetros del afluente y que, en palabras del Observatorio de la Tierra de la Unión Europea, ha interrumpido el cauce del río en esa zona del país.

Tampoco lo es el que los lugareños hayan debido acostumbrarse a ver correr el río aguas arriba, contra natura, como todo lo que les ha pasado desde que se empezó a hablar del proyecto hidroeléctrico más grande de Colombia.

No.

Las alarmas se prendieron en Bogotá, Medellín y el propio Sabanalarga luego de que el Equipo Nizkor preguntara a las autoridades de salud por los 223 casos de leishmaniasis cutánea que se han presentado en el municipio desde 2016, cuando comenzó la remoción de 2 mil 329 hectáreas de cobertura vegetal (eufemismo técnico para referirse a la tala de árboles) por parte de las Empresas Públicas de Medellín (EPM) y su contratista RefoCosta en el marco de las obras de Hidroituango, con la interventoría de la firma Consorcio Energéticos.

Acorde con los lineamientos de la licencia ambiental otorgada a Hidroituango, el 78 por ciento de la masa vegetal que debía ser removida (1.816 hectáreas), habría de ser talada en los bosques seco y húmedo tropical de Sabanalarga y el vecino municipio de Liborina. Pero en 2017 EPM solicitó a la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) aprobar la reducción del área a 1.129 hectáreas, un 48.5% de lo inicialmente pactado. De ellas, 676 corresponderían a sectores rurales de Sabanalarga y municipios aledaños.

En su solicitud, EPM argumentó que la zona tenía pendientes de entre el 80 y el 100%, y talar árboles allí generaba un grave riesgo para los contratistas que ejecutaban esas tareas. No hubo una sola mención a eventuales problemas de salud causados por la reproducción descontrolada de lutzomya, un zancudo diminuto que se reproduce principalmente en materia orgánica en descomposición ya sea animal o vegetal.

Según documentos de EPM, para 2017 ya habían sido taladas al menos 400 hectáreas en la zona de influencia de Hidroituango. La Empresa identificó en un gráfico los lugares de mayor afectación.

En lo que respecta a Sabanalarga, donde la remoción de masa vegetal fue posible gracias a la existencia de caminos de trocha antes utilizados por los campesinos para bajar al río a pescar o barequear (extracción artesanal de oro, práctica cultural y económica tradicional en el Cañón del Cauca), cinco veredas fueron objeto de la mayor intervención: Remartín, donde incluso se asentaron campamentos de Refocosta, Nohavá, El Junco, San Cristóbal Pená, Membrillal y La Aurora (barrio rural), lugares donde comenzó el brote de leishmaniasis que hoy llama la atención. ¿Coincidencia?

«Leishmaniasis Hidroituango»

En comparación con el año 2015, cuando se presentaron 3 casos de leishmaniasis en Sabanalarga (en el 2014 se dio 1) la enfermedad se incrementó en 1.466% en 2016; 2 mil 500% en 2017 y casi 3 mil por ciento en 2018, según los registros oficiales de la Secretaría de Salud de Antioquia.

El más reciente informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indica que en Colombia la tasa de leishmaniasis entre 2015 y 2017 fue de 29.4 por cada cien mil habitantes. En Sabanalarga, de acuerdo con el INS, a partir del 2017 ésta se ubicó en 495 por cada cien mil habitantes, un crecimiento exponencial que pasó desapercibido entre las autoridades de vigilancia epidemiológica del país tanto en el nivel central como regional, pese a que para el primer semestre del 2018 el INS calificó al municipio como el tercero con mayor incidencia de la enfermedad en el país.

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Hasta el miércoles 3 de abril ninguna autoridad en salud había alertado sobre la extraña y preocupante aparición de casos de leishmaniasis cutánea (la más benigna de los tipos de leishmaniasis que existen) en Sabanalarga. Tanto así, que la primera reacción del secretario de Salud de Antioquia, Carlos Mario Montoya Serna, fue contundente: «eso es falso», le dijo el lunes 8 de abril al Equipo Nizkor.

En el Instituto Nacional de Salud, por su parte, sólo entregaron información parcial entre el 3 miércoles y el viernes 5 de abril, pero se negaron a brindar declaraciones oficiales hasta el momento de la publicación de este reportaje.

¿La razón? Todo hace suponer que al confirmar la veracidad de las cifras, los funcionarios encargados de responder a las inquietudes del Equipo Nizkor al interior del INS tuvieron que elaborar en forma acelerada un documento interno que, por fin y por fortuna para los habitantes de Sabanalarga, dará mucho de qué hablar.

El informe que empezó a difundirse el martes 9 de abril en Bogotá, titulado «Leishmaniasis Hidroituango», fue realizado por la División de Vigilancia Epidemiológica del Instituto. El estudio caracteriza la zona y las personas afectadas de leishmaniasis en Sabanalarga, y concluye con la recomendación de elaborar un análisis entomológico que permita establecer a ciencia cierta cuáles fueron los factores que dispararon las cifras de leishmaniasis en ese municipio.

Según este informe, 7 de cada 10 enfermos de leishmaniasis en el municipio, también conocida como pito y desde hace poco como la enfermedad de Hidroituango en la región, son hombres provenientes de las áreas rurales. El 32.3% de los pacientes son estudiantes, el 29.5% agricultores permanentes y transitorios y el 18% amas de casa.

¿Qué falló en el sistema de vigilancia epidemiológica en Colombia? ¿Por qué hasta hace pocos días las autoridades negaban el alarmante incremento de leishmaniasis en ese pequeño municipio de 8 mil habitantes donde nunca se había presentado en forma masiva la enfermedad?

«Cuando yo me posesioné en el 2016, fui con una comitiva de la Alcaldía a hablar con EPM sobre la leishmaniasis. La respuesta que recibimos es que teníamos que presentar pruebas de la responsabilidad de la Empresa en el aumento de los casos de la enfermedad», afirma Evelio Zuleta López, secretario de Salud de Sabanalarga.

Sobre las causas del aumento inusitado de casos de pito, el funcionario asegura que «no existe información, estamos esperando los resultados de un estudio de la Universidad de Antioquia desde el año pasado».

Y es que según lo ha podido establecer el Equipo Nizkor, con excepción de un equipo de entomólogos (especialistas en el estudio de los insectos), epidemiólogos y otros profesionales adscritos a la Facultad de Salud Pública de esa alma mater que trabaja en el marco de un convenio con EPM -constructora y ejecutora del proyecto Hidroituango- ninguna otra entidad del sector se percató de la gravedad de la situación que se venía presentando en Sabanalarga.

Sobre este particular, José Pablo Escobar, decano de la Facultad, reconoce que a inicios de 2016 se presentó un foco de transmisión de leishmaniasis en la vereda Remartín de Sabanalarga.

«Una vez notificados por el grupo de apoyo que tenemos en la Facultad, se hizo una fumigación en las viviendas de la vereda, aunque realmente es muy difícil de controlar la lutzomya con insecticidas. Posteriormente hemos venido haciendo vigilancia ante la aparición de nuevos casos, lo que de todas maneras no se puede atribuir directamente a Hidroituango, entre otras cosas porque la vereda es bastante distante de la zona de influencia».

Escobar, uno de los mayores especialistas en leishmaniasis en el departamento, coincide con las conclusiones del informe del INS en el sentido de que es necesario realizar un análisis entomológico, a través de la recolección de la lutzomya, para identificar los motivos por los cuales se han multiplicado los casos de leishmaniasis en la zona.

«Estos brotes vienen ocurriendo por décadas en la historia sin que hubiera proyectos hidroeléctricos ni mineros. Pero frente a un proyecto de esta naturaleza es indudable que éste y otros problemas podrían estar asociados. Por eso a las empresas se les obliga al manejo ambiental y a la vigilancia epidemiológica, y es allí donde está apoyando la Universidad. Nosotros trabajamos de forma muy neutral y muy a favor de proteger a las comunidades. Hoy podemos decir que la leishmaniasis viene incrementándose en varios municipios de influencia de Hidroituango, tales como Liborina, Peque y Buriticá. Por supuesto un proyecto de estos hace que varias poblaciones y comunidades deban ser reubicadas, cambian las condiciones ambientales del bosque, los reservorios (animales de campo o domésticos portadores pero no transmisores de la enfermedad) también deben migrar hacia zonas no inundadas. Son cosas muy complejas y no es posible determinar a ciencia cierta la causa del foco de leishmaniasis sin hacer un estudio a fondo».

Acorde con el decano de Salud Pública de la U. de A., «se ha encontrado en ciertos momentos relación entre el incremento del bosque en las zonas que EPM ha estado comprando para proteger la zona del embalse, un bosque que se ha venido convirtiendo en bosque primario y antes era una zona de potrero».

¿Bosque Primario?

Aunque existen muchas razones por las cuales el vector de la leishmaniasis puede sufrir cambios e incrementarse, todos los estudios coinciden en que la deforestación es una de las principales. Para el director del área de Factores de Riesgo de la Secretaría de Salud de Antioquia, Alberto Aristizábal, la lutzomya encuentra un hábitat ideal para reproducirse en aquellos lugares donde hay materia orgánica en descomposición sin ningún tipo de intervención o tratamiento. Y eso es lo que hay en la zona rural de Sabanalarga a todo lo largo del embalse de Hidroituango.

El Equipo Nizkor pudo comprobar que, contrario a lo afirmado por Escobar, la zona donde EPM y RefoCosta talaron miles de hectáreas en Sabanalarga está lejos de convertirse en un «bosque primario».

Durante una visita de campo realizada a finales de marzo, fue posible constatar la existencia de lo que Isabel Cristina Zuleta, vocera y líder del Movimiento Ríos Vivos -que agrupa a quince asociaciones de víctimas en los doce municipios de influencia de Hidroituango- califica como un verdadero «cementerio de árboles».

Abandonados a la intemperie, quizás ante la solicitud de modificación de licencia ambiental por parte de EPM debido a las dificultades de acceso a la zona y los riesgos que implicaba talar y remover biomasa en pendientes escarpadas como las que ofrece la Cordillera Central en la zona del Cañón del Cauca, hoy hay miles de árboles en estado de descomposición a los que no se les hace intervención alguna.

Imágenes de los árboles talados en proceso
de descomposición en zona rural de Sabanalarga,
muy cerca de la vía que conduce al municipio.
Cortesía Movimiento Ríos Vivos. (Haga clic sobre cada imagen para aumentar su tamaño)

A simple vista es notable la presencia de eso que los especialistas llaman «material orgánico en descomposición», en lugares que, como bien lo caracteriza EPM en su solicitud de modificación de la licencia ambiental, tienen vías de trocha por las cuales se accede a las veredas y barrios de Sabanalarga.

Si a ello se le agrega que los cultivos de café que sirven de sustento a los campesinos en la región también son un hábitat propicio para la reproducción de la lutzomya, y al hecho de que la inundación de veredas como Orobajo y el llenado del embalse han generado la migración de especies, es posible deducir cuál ha sido la razón del aumento exponencial de leishmaniasis cutánea en Sabanalarga: la enfermedad de Hidroituango.

Y si bien hasta ahora las cifras oficiales llegan hasta los casos detectados hasta el 2017, tanto Escobar como Aristizábal dan cuenta de la aparición de nuevos focos de leishmaniasis en otros municipios de afectación de Hidroituango, como Peque, San Andrés de Cuerquia y Liborina, pero donde, de acuerdo con el INS, existen condiciones eco-epidemiológicas para la presencia de lutzomya y de leishmaniasis debido a su cercanía con el Nudo de Paramillo. Pero la situación es diferente para Sabanalarga.

(Haga clic sobre la imagen para aumentar su tamaño)

Mientras se conocen los resultados del estudio de la U. de Antioquia, la administración municipal ha concentrado sus esfuerzos en realizar fumigaciones en las zonas más afectadas por la lutzomya, repartir toldillos insecticidas de larga duración en las zonas más afectadas, y brindar atención médica requerida a los enfermos. «En esto hemos recibido el apoyo de la Secretaría Departamental de Salud, pues Sabanalarga cuenta con muy pocos recursos».

Desde 2017 los únicos que han alertado -sin ser escuchados por autoridad alguna- sobre la incidencia de casos de leishmaniasis debido a la tala de árboles en el municipio, han sido los integrantes del Movimiento Ríos Vivos, uno de cuyos miembros, Ovidio Zabala, murió el 1º de agosto de 2016 en Ituango por el aplastamiento de una roca que se desprendió durante labores de remoción vegetal de RefoCosta.

¿Atención Deficiente?

Ovidio Zabala fue víctima mortal
de la tala de árboles de EPM
y RefoCosta en Ituango el 01ago16.
Foto cortesía Ríos Vivos. (Haga clic sobre la imagen para aumentar su tamaño)

Si bien en principio la leishmaniasis cutánea no es mortal, en Sabanalarga al menos cinco personas han muerto por causas asociadas a la enfermedad, hechos que son negados por el secretario de Salud Evelio Zuleta López, para quien las muertes se han presentado por complicaciones de otras patologías de los afectados, como cáncer.

La última de las fallecidas fue Oliva Echavarría, un ama de casa de 75 años que murió el domingo 24 de marzo, cuando estaba a punto de completar el tratamiento de leishmaniasis. «Ella sufría de azúcar en la sangre y la picó la leishmaniasis. Entonces le mandaron muchas inyecciones que le aplicaban en el hospital de Sabanalarga, pero los doctores no se asomaban para ver si le estaba aprovechando o no. Pero no aguantó, no resistió y no sabemos qué pasó», dice su hermano Darío, también miembro del Movimiento Ríos Vivos.

Otro caso, aún más preocupante, es el de María Carlina Taborda, también ama de casa, de 77 años, que fue diagnosticada con leishmaniasis en marzo de 2018. María Carlina no sufría ninguna enfermedad diferente a hipertensión, y al poco tiempo de iniciado el tratamiento presentó diferentes reacciones que obligaron al médico de Sabanalarga a ordenar su traslado a Santa Fe de Antioquia.

Aquejada por ampollas en varias partes de su cuerpo y casi sin alientos, María Carlina y su nuera, Diana María Villa, se vieron forzadas a pagar un mototaxi que las llevara al hospital en Santa Fe porque desde Sabanalarga no se les brindó el servicio de ambulancia. Cinco días después, María Carlina fue dada de alta con la orden de continuar el tratamiento médico para la leishmaniasis.

Tan pronto lo reinició, María Carlina volvió a recaer. Esta vez en estado mucho más grave, y sin los recursos para pagar un mototaxi, María Carlina y Diana tuvieron que llegar en bus hasta el hospital de Santa Fe de Antioquia. Pero la paciente ya se encontraba bastante grave y fue trasladada de urgencia al Hospital General de Medellín, donde falleció el 30 de abril de 2018.

María Carlina Taborda falleció
el 30abr18 por reacción adversa
al medicamento suministrado para el
tratamiento de la leishmaniasis.
Foto: cortesía de la familia (Haga clic sobe la imagen para aumentar su tamaño)

El diagnóstico del toxicólogo que atendió a María Carlina no deja lugar a dudas: su situación de salud se deterioró hasta causarle la muerte debido a una Reacción Adversa al Medicamento (Glucantime) tipo B que le fue suministrado para combatir la leishmaniasis. Palabras más, palabras menos, el profesional certificó que María Carlina Taborda presentó una reacción que no es normal ni esperada en los pacientes de leishmaniasis, pese a lo cual siguió recibiendo el tratamiento, lo que finalmente le causó la muerte.

Diana María Villa, su esposo y su familia aún lloran a María Carlina, y buscan una explicación para lo sucedido. Pero, en cambio, se han encontrado con que en el Hospital de Sabanalarga no aparece siquiera la historia clínica que podría dar luces sobre lo sucedido.

Mientras todo esto ocurre, Evelio Zuleta reconoce que la disminución en las cifras oficiales de leishmaniasis en Sabanalarga para el 2019 (van 15 casos reportados) podría deberse a un alto subregistro dado que, ante lo ocurrido con María Carlina Taborda y Oliva Echavarría, muchos infectados de leishmaniasis han decidido no acudir a las autoridades sanitarias ni a los servicios de salud.

Por ahora, todo parece indicar que la leishmaniasis en Sabanalarga corre con más caudal que el río Cauca a la altura del embalse de Hidroituango

Tomado de: www.derechos.org/nizkor/colombia

 

 

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