Sábado, 19 de Octubre de 2019
ASMEDAS Antioquia

De viacrucis y peregrinaciones en nuestro sistema de asistencia médica

abril 4, 2019 3:55 pm



Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Alberto Restrepo Ochoa (foto)
Psiquiatra

Imaginemos el siguiente escenario:

En el Teatro Metropolitano (el de Medellín), la función de ese día (la que usted escoja) incluye dos obras en su programa; una breve y sencilla, un trío de Schubert, y una extensa y compleja, una sinfonía de Wagner.

La primera obra, el trío, no requiere de conductor dada su brevedad y sencillez y por la armoniosa mancomunidad que han logrado pianista, chelista y violinista. Ellos y la obra son el conductor mismo.

La obra Wagneriana, en cambio, requiere de un amplio escenario, unos 80 instrumentistas, foso para la orquesta y un conductor con visión integral de la obra, y experiencia y saber en dirigir la comunicación entre los instrumentistas especializados de cada sección; maderas, bronces, vientos, percusión, cuerdas, etc.

En el quehacer médico cotidiano cada consulta o asistencia es, o debería ser, una obra musical que se repite con cada paciente. Unas breves como el trío, otras extensas como la sinfonía de Wagner.  Ambas, ya que es en medicina, requieren de conductor.

El acto médico, como obra musical, requiere de tiempo, debe o tiene que acompañarse de ritmo, melodía y armonía.  Y, dependiendo de su complejidad, de los aportes de otros actores o instrumentistas.  ¿Para qué?  Pues, para que suene bueno, para que inspire, active el pensamiento y sacuda al corazón.

En la obra musical en el quehacer médico, sea breve como un orzuelo o compleja como una cirugía cardiovascular en un paciente de alto riesgo, el conductor siempre debe ser uno y estar al frente, en primera fila del escenario, nunca en la retaguardia, y en comunicación con todos los instrumentistas.  ¿Por qué?  Pues, porque así es y debe ser la música en medicina.

Todos los instrumentistas (médicos, laboratorio, radiología y todos los ‘interconsultados’) deben tener un papel, una ubicación y una sujeción al mando del conductor (el medico principal), para que la obertura, el interludio y la fínale salgan lo mejor posible. Cada uno en su lugar y con su papel solicitado, correspondiente o asignado.

¿Se imaginan ustedes al piano al lado de la batería, y a los violines, cellos, bajos, trompetas, pícolos y demás instrumentos, regados, dispersos, mezclados entre sí, el flautista al lado del piano, y los chelos atrás con los címbalos platillos y tambores, todos con distintas partituras, y al conductor abrumado por la confusión en semejante torre de babel?

Por eso cada grupo de instrumentos tiene su sección y la parte de la partitura que les corresponde ejecutar sujetos siempre al comando del maestro conductor.
Y el maestro conductor es uno solo y siempre adelante en primera fila y siempre en comunicación con todos los ejecutantes de la orquesta.   O ¿ha visto usted dos o tres conductores al tiempo, o al conductor sentado atrás cerca al telón mirando despistado y confuso?

Cuando una obra está en ejecución, ningún instrumentista, por virtuoso que sea puede, apropiarse de la batuta para introducir cambios en el programa.  Así, también, tiene que ser en una medicina verdaderamente médica, sea eso lo que sea.

Apellidar de bueno o malo al sistema de salud, para ser justo, exige conocerlo más a fondo, lo cual no es mi credencial.

Empero, hablar sobre irregularidades en materia de trámites, suministro de medicamentos, dilación en la programación de citas y procedimientos, atolladeros en salas de espera, problemas de ‘agenda’, abundancia de indios y falta de caciques, dificultad en comunicación con asistentes administrativos o personal de salud, cierta penuria en la continuidad a que obligan ciertos tratamientos, una dispersión exasperante en los lugares y el personal donde y de quienes se recibe la asistencia, y la ausencia muy frecuente de un conductor que organice la orquesta, y de un libreto entendible y dado a conocer al paciente y sus familiares, repito, hablar sobre estas anomalías sí es algo que está al alcance de muchos, incluido yo mismo que, en ocasiones, como paciente las he vivido.

Con esta nota divulgo, sin juzgar, mis escuchas de pacientes y médicos, y mis preocupaciones sobre un Sistema que tiene apretujada a la psiquiatría por el gaznate. Ustedes, o algunos de ustedes, que estando activos o trabajando con el sistema lo conocen, podrían y deben opinar y juzgar sobre lo que viven y conocen.

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

 

 

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