Lunes, 22 de Julio de 2019
ASMEDAS Antioquia

Crueldad en el ruedo

marzo 22, 2019 4:11 pm



Lecturas dominicales

Tomado de: Oficina de Comunicaciones, Información y Prensa ASMEDAS Antioquia

Por: Médico Roberto López Campo -Foto-
Neumólogo
Ex integrante Taller de Escritores ASMEDAS Antioquia
Medellín, 10 de julio de 2016

En los albores de mi adolescencia, en un viaje que hiciera a Fundación (Magdalena), en el corazón de la zona bananera, en compañía de un pariente de mi madre, pude presenciar una de las llamadas “corralejas”, donde, en una rudimentaria plaza de toros eran lidiados varios astados por atrevidos jóvenes y hombres ya maduros, que, bajo los efectos del licor, presumían de ser maestros en el Arte de Cuchares.

El espectáculo no podía ser más desagradable, al presenciar cómo varios de quienes se lanzaron al ruedo fueron golpeados brutalmente por los astados y tres de ellos heridos de gravedad por sus agudos pitones. Uno de ellos, según me enteré días más tarde, murió a causa de las heridas infringidas en órganos vitales.

Años después, durante mi permanencia en la Ciudad de México, D.F., con ocasión de mis estudios médicos, un amigo, en una tarde de domingo, me invitó a “La Monumental Plaza de Toros”, considerada la más grande del mundo (¿?), donde tres famosos toreros, dos españoles y un mejicano, lidiarían seis hermosos ejemplares de más 500 kilogramos de peso. La plaza, completamente llena, rebosaba de alegría y los ¡olés! no tardaron en escucharse cuando la cuadrilla de toreros y sus acompañantes, luciendo rutilantes vestimentas, desfilaban por el ruedo al compás de un hermoso paso doble que entonaba una orquesta situada en las graderías de la plaza.

Odres coloreados, rebosados de distintas mezclas de licores, pasaban de mano en mano entre grupos de amigos que alegres departían en aquella tarde dominguera, presenciando un espectáculo de origen medieval o, quizá, de los brutales actos circenses realizados en el Circo Romano, donde alegres vociferaban los espectadores cuando los gladiadores, armados de redes y tridentes, inmovilizaban a sus adversarios para luego rematarlos con su afiladas espadas. Entonces, acompañados por la plebe, el Emperador y todo su séquito, puestos de pie, mediante prolongados aplausos, vanagloriaban al vencedor por haber dado muerte a otro ser, extraído de la misma clase del “valiente” homicida.

En medio del jolgorio, el picador, montado en un esbelto caballo de color roano, luciendo vistosa vestimenta y armado de una puya en el extremo de una larga vara, espera la arremetida del cornúpeto, que con violencia hunde su cuerno derecho en la panza del equino y lo hace caer de lado, encima del picador, que brega desesperadamente por liberarse del animal, de cuyo vientre mana abundante sangre, empapando la arena de aquella hermosa plaza.

Mientras que los toreros con sus capotes intentan distraer al animal, los ayudantes corren a la plaza para auxiliar al picador y arrastrar al bello ejemplar hacia los corrales, donde poco después expira a causa de la abundante pérdida de sangre.

Pero el jolgorio continúa y las gentes, enardecidas, siguen coreando el ¡olé!, animando así a los estilizados hombres, vestidos de luces, que con valentía se enfrentarán a los astados.

∞∞∞∞∞

Es domingo. Me he enterado por la televisión de que un joven torero español, hace pocos días, cuando perseguía la gloria, fue corneado en el tórax por un furioso astado y murió a causa de las graves heridas producidas por el animal.

Recordé entonces una excelente novela, cuya autora es la famosa escritora mejicana, Elena Poniatowska, titulada “LEONORA”, con la cual se adjudicó el “Premio Biblioteca Breve 2011”, editada por Seix Barral, en la que, en uno de los títulos de la misma (Capítulo 37, páginas 299-305), relata, con desgarradora descripción, una corrida de toros en La Monumental Plaza de Toros de la ciudad de México.

Leonora, la protagonista de la obra, de origen inglés, reside en México, donde ha huido para alejarse de su padre, un potentado dueño de una gran empresa industrial quien, por su carácter dominante, a pesar de suministrarle todo el dinero que ella necesita, suele imponerle normas que la joven no suele aceptar. Entusiasmada con la pintura surrealista, se hace amiga de un grupo de pintores pertenecientes a esta escuela. Dejada por su esposo, pintor surrealista, encuentra un nuevo amante, radicado en Portugal, pero de nacionalidad mexicana, de nombre Renato Leduc, quien la lleva con él a la Ciudad Capital. Amante de los caballos, le pide que la lleve a presenciar un rejoneo, de los que semanalmente suelen presentarse en sitio cercanos al Distrito Federal.

Renato le cuenta que un amigo de él, Rodolfo Gaona Jiménez, famoso torero mejicano, apodado “El Califa de León”, posee un buen número de ejemplares equinos; que le pedirá prestado uno de sus caballos para que ella se deleite cabalgándolo.

Entusiasmada, una mañana recorre, montada en un bello alazán, la Avenida de la Reforma y el Bosque de Chapultepec, admirada por las gentes que suelen pasear por ese bello lugar en días festivos.

Un domingo de abril, cuando el cielo de la capital se veía despejado, libre de la polución que suele cobijarla con suma frecuencia, Rodolfo Gaona, el torero, los invita a una corrida que habría de realizarse esa tarde en La Monumental Plaza de Toros.

En principio ella rechaza la invitación. Le rebela a su amante que odia ver como tratan a los equinos en los espectáculos de rejoneo y que, durante su permanencia en España, siempre evitó asistir a las corridas de toros, por parecerles muy deprimentes. Ella, amante de los caballos y de los perros, desde tierna edad, no estaba condicionada para espectáculos violentos. Sin embargo, ante la insistencia de Renato y, para no desagradar a Gaona, aceptó acompañarlos a la corrida de toros.

El siguiente es el relato que hace Elena Poniatowska de la tarde de toros:

“La atmósfera de la plaza es azul y oro. Leonora y Renato, sentados en primera fila al lado de Gaona, se emocionan. Gaona es un rey, lo saludan, le gritan piropos. “Estoqueaste siete toros el día de tu despedida”. “Nadie como tú Gaona”. ¡Torero! ¡Torero! Inventor de la “gaonera”, los aficionados lo idolatran. Renato también es popular y la muchacha bonita a su lado seguro que aspira al estrellato.

Leonora escucha comentarios aquí y allá: ”Veinticuatro horas antes encierran los toros en la oscuridad; les liman los cuernos para proteger al torero; los golpean en los testículos y en los riñones y después los sacan la ruedo. ¡A ese collón no le dieron lo suficiente!

Después del paseo de los toreros con sus medias rosas y sus trajes de luces, sale el primer toro de pelaje de obsidiana.“ Tanguito” enviste contra la barrera e intenta saltarla”.

─Es que quiere huir ─comenta Leonora─, lo enceguece y ensordece la gente. ¿Por qué gritan en esa forma Renato?

─¡Oooole! ¡Oooole!, aúllan tras de ella y corean Leduc y Gaona. Leonora abuchea: ¡Buuuu!”.  En cambio, cuando el toro embiste al torero, se pone de pie y aplaude, “Tanguito” brinca al callejón y todos echan a correr. Leonora lo ovaciona. El público avienta botellas y cojines.

─“Toro, toro, toro”, el picador lo llama desde su montura. “Tanguito” brinca de un lado a otro, bailotea como si le hubieran untado chile en las patas.

─¿Qué le impide quedarse quieto?  ─¿Qué diablos hace ese panzón con una pica en la mano?

─Los caballos ya vivieron su vida, están pendejos y tienen un colchón para protegerlos. Mueren a las tres o cuatro corridas porque el toro les quiebra las costillas o los destripa.

─Renato, te odio ─dice Leonora apretando los dientes y los puños.

De pronto el toro enviste con fuerza y el picador le clava la pica en la columna. Leonora se lleva la mano a la boca. El toro se desangra. Las banderillas, clavadas casi en el mismo lugar, se le enganchan en la piel, desgarrándola, y la sangre fluye encima del pelaje.

─¡Está perdiendo mucha sangre! ─se enerva Leonora.

Confundido, “Tanguito” ya no levanta la cabeza; mira a Leonora con sus ojos húmedos, Leonora jala de la manga a Renato.

─Estoy segura de que me miró. Tenemos que hacer algo, Renato, ¡detén todo esto, salva a Tanguito! Me imploró por su vida, esto es un crimen.

Renato intenta calmarla:

─Ya está a punto de terminar, ahora viene lo más bonito, los pases.

Leonora protesta:

─Ya no aguanto.

Debajo de la muleta se esconde una espada de ochenta centímetros y de repente el torero la saca y la apunta hacia la cabeza, entre los dos cuernos; cuando embiste el toro, la clava hasta el fondo. Destroza la gran arteria: es una estocada a los pulmones, a la pleura, al hígado, al corazón. El toro se golpea contra el ruedo, sus ojos son de azoro, algo le pregunta a Leonora antes de caer; ya no es toro, ya ni siquiera es animal. Es sólo un peso sobre la arena, toda su nobleza embarrada contra el suelo. La fiesta acabó, el toro agoniza, su sangre corre a borbotones por el hocico y la nariz. “Tanguito” muere ahogado en su propia sangre. El torero le mete una larga espada que termina en una cuchilla.

Gaona explica:

─A eso llaman el descabello.

Leonora grita:

─ ¡Yo me voy!

─Espérate, le van a dar la puntillada.

Leonora se pone de pie. Leduc y Gaona la jalan de los brazos.

─¡No hice nada! ¿Qué podía yo hacer? Leonora llora y enfrenta a Renato:

─No es posible que seas una buena persona y te gusten los toros. No puedo vivir con alguien que festeja la muerte de un animal indefenso.

Gaona sonríe:

─ Te ves más bonita enojada.

Al toro lo arrastran fuera del ruedo.

─¡Adónde se lo llevan?

─Al rastro.

─¿Y si todavía tuviera conciencia?

─¡Estás loca! ─le dice Renato.

No se da cuenta de que le encaja la misma puntilla que al toro.

P.D.: Elena Poniatowska, escritora mejicana, de origen polaco, nacida en París en el año 1932. Con tan sólo nueve años se trasladó a México. Periodista, premiada en 1978 con el Premio Nacional de Periodismo en México. Galardonada con el Premio Nacional de Lingüística y Literatura en 2002. Ha publicado varias novelas, ha escrito cuentos, ensayos y crónicas. Entre otros, ha sido ganadora del Premio Alfaguara por su obra “La piel del cielo” (2001), Premio Rómulo Gallegos, por su novela “El tren pasa primero” (2007).

 

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