Lunes, 20 de Octubre de 2014

¿Sabe usted lo valiosa que es su profesión?

¡Protección para su actividad médica!

Ver más videos...

Sitios de Interés

Grupo CTO Colombia
 ¿Busca empleo?
Solicitud de empleo
  • Segundo Concurso Nacional de Cuento, Crónica y Poesía

    Los trabajos se recibirán hasta el 17 de octubre del 2014, a las 6 de la tarde

  • En Asmedas, servicio de elaboración de Declaraciones de Renta

    Descuentos especiales para nuestros socios

  • Se realizó con éxito en el Auditorio del Centro Comercial San Diego. Vea aquí video

  • Inscripciones abiertas al Taller de Escritores de ASMEDAS

    Descuentos especiales para médicos socios

  • En noviembre, 18° Salón de Artes ASMEDAS Antioquia

    Inscripciones abiertas para participar

  • Falleció el médico Vital Balthazar González

    Nuestras sinceras condolencias a su familia...

  • Tertulia Intelectual y Cultural en ASMEDAS Antioquia

    El miércoles 29 de octubre, con el médico Tiberio Álvarez Echeverri. Los esperamos


La minería en Colombia: Historia negra



La Cuenca del Sinifaná es una extensa franja de Antioquia donde los campesinos, pero también numerosos habitantes de esas localidades, arrancan de la tierra estos recursos energéticos, a través de minas que, poco a poco, se convierten en grandes socavones, extensos y profundos túneles, grandes complejos de exploración, explotación y comercialización del mineral.

Las autoridades estiman que en esa zona existen no menos de 160 explotaciones carboníferas, muchas de ellas, la mayoría quizá, ilegales, en las que trabajan centenares de personas, hombres y mujeres, de todas las edades.

Existe información histórica según la cual esta actividad se ha observado desde el siglo XIX, y que en 1918 la Asamblea Departamental de Antioquia mostró interés en conocer nuestras riquezas geológicas del departamento, y mediante Ordenanza 16 de 1918 estableció una Junta del Mapa de Antioquia…

Alrededor de estas explotaciones carboníferas en Amagá se ha tejido toda una leyenda, tal vez una historia negra como ese mineral, sobre las condiciones laborales de quienes arriesgan su vida para permanecer en un puesto de trabajo, o para explotar una propiedad de la familia, o para llevar el sustento a sus hogares.

En Amagá, como en los demás municipios de esta cuenca, surgen también los problemas relacionados directa o indirectamente con esta actividad, la principal de su dinámica económica.

Barrios enteros que se encuentran en riesgo porque la explotación de los suelos, los zarpazos a las entrañas de la tierra, los han convertido en terrenos inestables, que si alguna vez fueron aptos para la construcción de viviendas, ahora no ofrecen ninguna seguridad.

Grandes franjas de la población que afianzan su futuro en estas actividades también admiten que se trata de una dependencia muy frágil, una forma compleja e insegura de cimentar el porvenir y mejorar la calidad de vida.

En 1865 tuvo La Ferrería, una de las primeras empresas siderúrgicas establecidas en el país…

En 1914 se convirtió en un eslabón importante del Ferrocarril de Antioquia, del sueño del Ferrocarril del Pacífico, y pese a que está a sólo una hora de Medellín, nunca se pudo montar en el vagón del desarrollo, ni ha mejorado las condiciones de la ciudadanía.

Ni siquiera con la llegada a la presidencia de un hombre parido en estas tierras, como el abogado antioqueño Belisario Betancur Cuartas.

HISTORIAS HUMANAS

Cientos de historias se tejen también en torno a la forma como los mineros empiezan su vida –desde la más temprana edad— en las minas, y muchos de ellos terminan esa misma existencia en los socavones o en sus casas sin el derecho a una pensión, a una seguridad y cargando en sus espalda las secuelas de una vida entregada a los túneles, las profundas fosas, el aire denso, los gases tóxicos…

Hombres que hoy superan su medio siglo de edad o más recuerdan que desde la más temprana infancia empezaron a trabajar en estas faenas, a hundirse en esas entrañas para extraer material de carbón, llevar el sustento a la casa, y confiar en que la Providencia Divina los alejara del peligro.

La historia de la accidentalidad en esas minas muestra que son centenares los que no han contado con esa protección ni humana ni divina y por ello no regresaron vivos a casa. Algunos de ellos, ni siquiera muertos, como ocurrió con muchos de los fallecidos en la reciente tragedia que pasaron de los socavones a la fosa en los cementerios.

Adolescentes que llevan años en esas actividades y ya están curtidos por la experiencia, el riesgo y la dureza del trabajo.

La historia también ha mostrado la presencia de numerosos niños ejercicio este oficio, especialmente en los municipios de Amagá y Angelópolis, con el permiso de sus padres, con o sin la autorización legal del Estado colombiano.

Se trata de un hecho que ha ido cambiando paulatinamente luego de un denodado esfuerzo de varias instituciones públicas y privadas.

Quedan algunos rezagos de esta presencia infantil en los socavones, donde son aprovechados por su baja estatura o su pequeña contextura.

Los propios niños y adolescentes reconocen que la decisión de trabajar como obreros en esas minas ha sido personal, con la autorización tácita de los padres, precisamente por cuestiones económicos para ayudar en el soporte del hogar.

Admiten también los muchachos, que niños y adolescentes metidos en esos socavones son empleados por los dueños de las minas en oficios varios, especialmente en la pica de las rocas y el arrastre y extracción del carbón hasta la superficie, para lo cual utilizan su propio cuerpo y fuerza.

Las tareas de las autoridades que controlan y tratan de establecer la presencia de los menores en las minas se dificulta por la propia iniciativa de los muchachos que se campanean (avisan) cuando se aproximan los funcionarios, y se precipitan a los socavones y túneles donde permanecen escondidos para evitar la acción de la autoridad.

LAS MUJERES

Se van a acabar los hombres en Amagá… E sa fue la desesperada conclusión de una mujer en Amagá para referirse a la muerte de 72 obreros que trabajaban en la mina San Fernando.  Alertó porque el municipio de Amagá se está convirtiendo en un pueblo de viudas y huérfanos de padres. Así de sencillo.

Pero la realidad va más allá de esa desgarradora conclusión de la señora, porque en algunas minas también se observan mujeres que trabajan al lado de los hombres como una forma de llevar también el sustento a sus hogares.

La falta de oportunidades laborales para las mujeres o la falta de hombres en sus hogares, como sentenció aquella sin esperanzas, son las causas para que ellas también vayan a las minas.

Las mujeres también quieren hacerle una gambeta a la pobreza, y por ello arriesgan su vida o su salud en los estrechos túneles, y como auténticos topos humanos penetran la montaña, arañando la roca, armadas de picas, palas o arrastrando pesados carritos con bultos de carbón.

Deben ejercer los mismos oficios de los hombres como picar, arrastrar, cortar y hasta malacatear.

Las mujeres, como los hombres, deben dirigirse al “huequito”, a esos socavones como única alternativa laboral ante las dificultades para acceder a puestos diferentes, o a viajar a otros municipios a desempeñarse en tareas diferentes.

LA SALUD

Las afecciones en la salud de la población minera en esta cuenca son comunes y graves. Las difíciles condiciones en que deben trabajar en túneles en profundos socavones, enfrentando gases tóxicos y el propio polvo que emana de la explotación carbonífera, conlleva a constantes enfermedades. Quienes tienen las prestaciones sociales y los servicios de salud pueden recurrir a las instituciones médicas y hospitalarias.

Pero son cientos de trabajadores que carecen de estas prestaciones y deben resolver sus problemas de salud bajo su propia responsabilidad o acudir a la salud subsidiada.

De esta manera, aparecen como desempleados aunque estén ocupados en las actividades mineras, pero acuden al Estado colombiano para que los ampare a través del Sistema de Beneficiarios de la Salud subsidiada, Sisbén.

El Hospital de Amagá reconoce que los problemas de salud más frecuentes que deben atender entre sus pacientes son los relacionados con la minería, especialmente los de las vías respiratorias, pero también los de la piel, de alcoholismo, enfermedades de transmisión sexual como el Sida y los trastornos mentales.

TRAGEDIAS

El 14 de julio de 1977, una explosión de gas metano acumulado en la mina Villa Diana desató una tragedia con la muerte de 86 personas que trabajaban para la empresa Industrial Hullera S. A.

Han pasado tres décadas y a pesar de la tecnificación y modernización de algunas empresas explotadoras de carbón en la Cuenca del Sinifaná, en su blog Amagacoal, el experto en temas de minería Diego Luis Chaverra Ossa, advirtió sobre las graves consecuencias de esa industrialización minera y los riesgos en los profundos socavones:

Dijo en esa oportunidad: “Aprovecho para hacer un llamado a todas las Autoridades Mineras para que no sólo ejerzamos control en Seguridad Industrial en la pequeña y mediana minería sino también en las grandes minas de la zona que en los últimos meses vienen presentando tragedias e incendios de gran magnitud que pueden generar, sin ser alarmistas, una tragedia como la de 1977”.

También advirtió que, además de esos accidentes en los socavones, existen otros graves problemas alrededor de la minería: la desprotección social; el alto riesgo de la población trabajadora por los deficientes programas de Salud Ocupacional; alta accidentalidad mortal; mercado de carbón sumamente oscilante y bajos precios para el productor pequeño; aumento del alcoholismo y la drogadicción en la población trabajadora”.

Y llegó la tragedia a la medianoche del pasado miércoles 17 de junio, cuando los obreros de Carbones San Fernando se aprestaban a cambiar de turno y una explosión de gases acabó con la vida de 72 personas.

PROBLEMAS SOCIALES

En el municipio de Amagá casi diariamente se está abriendo una mina ilegal y en cualquier parte abren un hueco en busca de carbón.   La comunidad reconoce que se trata de una auténtica necesidad de la gente ante la escasez de empleos dignos para el sustento de las personas y sus familias.

Insisten en que el empleo es escaso y también son mínimas las posibilidad de desplazarse a otro municipio a buscar esos puestos de trabajo en labores diferentes.

“Es imposible, toda la vida gira en torno a la minería.  No nos queda más destino que ir al huequito (la mina)”, “En la agricultura no hay nada que hacer”, son algunas de las expresiones de hombres y mujeres, algunos de ellos dedicados a esos oficios desde niños “para llevar la comida a la casa”.

Pese a las graves condiciones en que trabajan los mineros de Amagá, a sus familias no llegan los beneficios de ese esfuerzo.   Las ganancias de esa explotación carbonífera se quedan en manos de los comercializadores de ese mineral, que aprovechan la debilidad empresarial de los mineros y el oscilante mercado para pagar precios irrisorios y quedarse con las grandes ganancias.

Como dicen en el mismo municipio, unos mueren para que otros vivan y ganen…

Los problemas sociales derivados de este festín también se evidencian en esa comunidad amagaseña.

A ello se suman los problemas sociales que generan estas condiciones de trabajo, como también los propios de la explotación laboral, el desempleo, el alcoholismo, las enfermedades.

La historia de Amagá se extenderá por mucho tiempo, una historia con nuevos desarrollos como la Megaminería, una historia que sólo concluirá cuando se agoten las vetas y se degrade la tierra al máximo, una historia de muerte para las generaciones presentes y por venir, una historia negra.

ORGANIZARSE

Múltiples propuestas de solución a los numerosos problemas de diversa índole que tiene la minería en la Cuenca del Sinifaná.

La organización empresarial para mejorar en técnica, administración y operación de las minas y del persona a su cargo.

La destinación de estas minas a producir carbón que permite la creación de una planta de generación eléctrica, de beneficio para toda la región.

“La Carboeléctrica del Sinifaná es un proyecto de alto contenido social y viabilidad económica que ayudaría disminuir incertidumbre sobre la capacidad real de los embalses de acuerdo con la variación hidrológica y el equilibrio energético en cuanto a fuentes generadoras e impactaría a la región con tecnología a la minería; mejoramiento de la rentabilidad de las empresas; estímulo a la inversión y fortalecimiento de los fiscos municipales por aumento de las regalías; redistribución del ingreso; mejoramiento de las condiciones de vida, salud, educación, vivienda. En el dolor de la tragedia, guardamos la esperanza solidaria de que EPM invierta decididamente en esta carboeléctrica, redención social de la Cuenca del Sinifaná.” Eso propuso Eugenio Prieto Soto, exgobernador de Antioquia, en una columna en el diario El Mundo. Medellín, 20 de junio de 2010.

Durante décadas se han discutido numerosas propuestas para que esa riqueza minera en el suroeste de Antioquia sea bien explotada, pero sobre todo que reviertan riqueza social y beneficios para las comunidades, especialmente las más pobres.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Twitter













Encuesta

¿Está usted de acuerdo con la Ley Estatutaria en Salud aprobada?

Sí - 25%
No - 50%
No sabe - 25%
No responde - 0%

Total votos: 4
The voting for this poll has ended on: Julio 24, 2013