Domingo, 24 de Septiembre de 2017

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Ir a lo esencial

Tomado de: www.elespectador.com

Hay que reconocerlo: en su visita a Colombia el Papa Francisco fue a lo esencial. Más allá de historias y prejuicios, de dogmas y creencias, de la mezquindad de unos y el oportunismo de otros, estuvo a la altura de un líder universal y dio una cátedra magistral de humanidad, equidad y paz. Fue a lo esencial y nos invitó a hacer lo mismo.

Despojado de lujos y hambre de aplausos, no le tembló la voz para señalar que con odios e injusticias no habrá paz; que la verdad es un desafío grande pero necesario; que le estamos dando un trato “salvaje” al medio ambiente, y que “En definitiva, la exigencia es construir la paz, hablando no con la lengua sino con manos y obras”.

La coherencia y complementariedad de los eventos y discursos de su reciente viaje, permiten ver y entender en cada uno de ellos el conjunto de su mensaje. Por eso, y dados su valor simbólico y su conexión directa con la coyuntura que vivimos de construcción de paz, centro estas reflexiones en el encuentro del Papa con representantes de las víctimas y algunos victimarios en el parque de Las Malocas, en Villavicencio, y en su homilía final en Cartagena.

Me impactó el respeto del Papa ante el dolor indescriptible de las víctimas en el acto de Las Malocas. No lo tomó como espectáculo ni lo convirtió en compasión lacrimosa. Lo escuchó, lo sintió y dignificó. Reconoció que era consciente de estar “pisando un terreno sagrado”. Y a partir del testimonio de las víctimas y la palabra de algunos victimarios, inició su cátedra de fondo. Dijo que la regeneración de los victimarios requiere que se haga justicia. Que es difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia. Que es indispensable aclarar y asumir la verdad, compañera inseparable de la justicia y la misericordia, todas ellas condiciones esenciales para construir la paz. Que la verdad no debe conducir a la venganza sino a la reconciliación y al perdón. Y, aludiendo a la situación actual del país, advirtió que todavía sigue habiendo campo para la cizaña e invitó a que “Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”.

En Cartagena, redondeó los argumentos, trazó las tareas y se refirió ya no a la paz en abstracto, sino al proceso de paz en curso. Llamó la atención sobre la necesidad de un pacto social y cultural para salir de la encrucijada en que estamos. Reconoció los esfuerzos de paz que hemos hecho “a tientas” durante décadas, y reclamó que el protagonismo debe ser de todos, de “la gente”, sin exclusiones ni elitismos. Advirtió que debemos anteponer la razón a la venganza, superando “las miopías heredadas”. Que la reparación de las víctimas debe hacerse con la verdad, no con el olvido. Y que hay que hilar muy fino para armonizar la política y el derecho. La construcción de la paz, dijo, exige trabajar en serio por el bien común, la equidad, la justicia y el respeto de la naturaleza humana.

Creo que hubo una ausencia importante en el discurso de paz del Papa en esta visita. En ningún momento, hasta donde alcancé a escuchar y leer, reconoció y pidió perdón por la parte de responsabilidad que, por acción u omisión, le corresponde a la iglesia católica y a sus dirigentes en las violencias pasadas y recientes del país y en los tropiezos del actual proceso de paz. Él tenía el conocimiento y la autoridad para haberlo dicho, y hubiera sido un gran ejemplo. Pero no lo hizo. Lo más cercano que le escuché al respecto, referido solo a las omisiones, fue en la homilía de Cartagena, cuando exclamó: “¡Cuántas veces se «normalizan» procesos de violencia y exclusión social, sin que nuestra voz se alce ni nuestras manos acusen proféticamente!”. Veremos cuál será en adelante la actitud de la iglesia católica y su episcopado en Colombia.

Queda en nuestras manos asimilar el mensaje, superar las pequeñeces y mezquindades y continuar las tareas en hechos, no sólo en palabras. Está claro: si realmente queremos la paz, tenemos que ir a lo esencial, en lo público y en lo personal.

Tomado de: www.elespectador.com




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