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Las reflexiones de Asclepio

Vómito inducido

Por médico Jesús Dapena Botero
Psiquiatra

Es una conducta en la que el paciente, que tiene la sensación de haber comido en exceso, procede a provocarse una émesis, es decir, a incitarse el vómito por métodos artificiales, no espontáneos como introducir los dedos e irritar con ellos la faringe.

Es un signo y síntoma frecuente en la bulimarexia, ese concepto que condensa la anorexia y la bulimia nerviosas.

Los bulímicos son personas que literalmente comen como bueyes y es de este símil de donde surge la etimología de la palabra bulimia, derivada de bouz (bous) en griego y limz (limus) hambre o apetito.

Desde la época de los grandes cazadores primitivos, el hombre se ha comportado en forma voraz y golosa, con propensión a la gula, hasta llegar a producirse verdaderos atracones por ingestas excesivas de comida, un hábito que tenía también el efecto práctico de hartarse para acumular calorías en su organismo en el tejido adiposo para así tener suplementos para los períodos en los que escasearan los alimentos.

Es sabido que en la Roma hedonista, en los grandes banquetes, reclinados en sus triclinios, en sus lechos para tres personas, los ciudadanos ricos se dedicaban a satisfacerse hasta el hartazgo, provocarse el vómito y continuar el banquete, verdaderas grandes comilonas en las que se instrumentaban con plumas con las cuales estimular sus gargantas para producir la emésis. Esta era una escena frecuente en los vomitorium romanos.

En el siglo X, Aurelianus describió al hombre mórbido, un concepto en el que definía la existencia de sujetos, víctimas de un apetito feroz, que deglutían sin masticar y se inducían el vómito. En estos personajes, a raíz de su hábito vicioso, se producía una hiperplasia de las glándulas parótidas y se llenaban de caries dentales.

Los estoicos también acudían al vómito inducido hasta el punto que los penitentes medievales llevaban a la práctica la emésis como una especie de purga contra los apetitos de la carne y las tentaciones del placer material; es así que Santa Catalina de Siena, la terciaria dominica, que viviese entre 1347 y 1380, acudía a esta práctica de ascesis. La santa, gracias al ejercicio de la virtud, ha llegado a considerarse una de las grandes místicas de la Iglesia Católica, quien no ha dudado en elevarla al cargo de Doctora de esa comunidad cristiana. Era una mujer pobre, quien desde niña hablaba de tener visiones, que vivió en una gran austeridad hasta llegar a destacarse en la vida contemplativa y por su caridad con el prójimo necesitado. Esta religiosa pretendía arrojar sus culpas a través del vómito y otras maniobras para estimular la diuresis.

En la Antigüedad, cuando comenzó la bulimia a considerarse un cuadro clínico, no cesaron de postularse las más diversas etiologías pero en el siglo XIX se consideró como un síntoma histérico desde cuando empezó a considerarse una manifestación de la neurosis y se le dio un estatus psicológico.

En 1977, un psiquiatra estadounidense, apellidado Russell, describió minuciosamente la psicopatología del síndrome bulímico, con lo cual se abrió el campo para que adquiriera el nuevo estatus de categoría diagnóstica con su acompañamiento de actos de anulación retroactiva de la ingesta, vómito autoinducido, abuso de diuréticos y laxantes, utilizados como verdaderas purgas, programas compulsivos de ejercicio físico y uso de pastillas adelgazantes entre otras maniobras defensivas ante el conflicto que genera el goce voraz.

Los pacientes, víctimas de la anorexia nerviosa, también suelen acudir a estas actuaciones compulsivas.

A partir de entonces se denunció toda una epidemia mundial del trastorno pero uno se pregunta si no será un artefacto estadístico a partir de la posibilidad de hacer el diagnóstico. Tumbull y colaboradores1 en 1996 señalaron que la bulimia es mucho más frecuente que la anorexia, en una relación 3:1 dentro de los trastornos alimentarios.

La anorexia nerviosa tiene su etimología en la palabra griega ?íïñåî?á, que quiere decir inapetencia. Es una entidad que se caracteriza por la falta anormal del deseo de comer, síntoma muy frecuente en los cuadros depresivos y en la patología de ciertas adolescentes que tienen como ideal estético para su yo la delgadez. En otras épocas se asociaba con el ideal de la mujer virtuosa, no concupiscente, que despreciaba los placeres terrenales pero los casos de abstinencia alimenticia empezaron a describirse ya desde los tiempos bíblicos.

A partir de cambios ideológicos en el siglo XVII, las anoréxicas fueron consideradas brujas, poseídas por el demonio, ante lo cual muchas de ellas fueron condenadas a hogueras, donde eran quemadas vivas.

El primer caso descrito en la historia de la medicina se publicó con la autoría de un médico inglés, el doctor Morton, quien mostró un caso de desnutrición muy severa, que parecía un esqueleto ambulante, prácticamente reducida a ser unos huesos recubiertos por un pellejo, con una gran sensación de frío pero sin síntomas febriles que denunciaran algún cuadro infeccioso.

En la década de 1870, en plena era victoriana, el londinense Gull y el parisino Lasègue incluyeron la anorexia como un síntoma de la histeria y analizaron cuadros clínicos sintomáticos desde una perspectiva médica y psicológica; en su conceptualización clínica no dejaban de calificar el fenómeno con la connotación de perversión.

Lasègue parece no haberse quedado en lo intrasubjetivo del cuadro sino que empezó a dar una connotación intersubjetiva que lo llevó al estudio de las familias de los pacientes anoréxicos.

En el siglo XX, en sus inicios, se empezó a confundir con el síndrome de Simmond, con su alteración del lóbulo anterior de la hipófisis, su envejecimiento prematuro, la caída del cabello y los dientes, la anemia y la desnutrición, entidad que podía llegar a tener consecuencias fatales.

Hacia 1970, Hilda Bruch empezó a escribir sobre los trastornos alimenticios, la obesidad, la anorexia y el mundo interior de los enfermos que padecían dichos síntomas tras un trabajo clínico pionero de más de cuarenta años, donde la psiquiatra enfrentó los aspectos emocionales de las perturbaciones de los hábitos alimenticios. Producto de su trabajo clínico son dos famosas obras tituladas Eating disorders: Obesity, Anorexia Nervosa and the Person Within de 1973 2 y The Golden Cage: The Enigma of Anorexia Nervosa de 1979. 3

En ese mismo entonces, Steven Levenkron, un conocido psicoterapeuta de la ciudad de Nueva York, también estudiaba los fenómenos de una alimentación trastornada. Su primer libro se llamó The Best Little Girl in the World e inició todo un trabajo de divulgación científica a través de los medios de comunicación de masas, basada en su experiencia clínica. Esta primera obra del autor fue la presentación de un caso, narrado en forma novelesca y Kessa de 1985 se convirtió en una continuación de dicha historia.

En 1978, sólo se hacían descripciones de cuadros de anorexia nerviosa, como un trastorno obsesivo cuya idea predominante era perder peso y que conducía a un enflaquecimiento más allá de los límites normales, que se acompañaban de cambios correspondientes a verdaderos estados de desnutrición como estados de caquexia, adelgazamiento del grosor del pelo, hipotensión, trastornos circulatorios, hipotermia, pérdida de la libido, amenorrea, osteoporosis y otros trastornos, que finalmente conducían al envejecimiento prematuro y la muerte.

Tras estos fenómenos se lograban descubrir conflictos vinculados con la confianza, la dependencia, el apego, la identidad y la feminidad.

Levenkron vio recuperarse a un 90% de sus pacientes. Las últimas perspectivas de sus desarrollos fueron expuestas en su libro Anatomy of Anorexia en el año 2000, dieciocho años después de la publicación de su Treating and Overcoming Anorexia.

El vómito inducido, tanto en los casos de anorexia como de bulimia, puede producir esofagitis, que incluso puede provocar hematemesis. La faringitis irritativa también es otra complicación de ambas entidades.

 

1 Turnbull, S. et al. The demand for eating disorder care: an epidemiological study using the general practice research database, British Journal of Psychiatry, 169, 705-712., 1996

2 Bruch, Hilda, Eating Disorders - Obesity, Anorexia Nervosa, and the Person Within. Basic Books, New York, 1973.


3 Bruch, Hilda, The Golden Cage - The Enigma of Anorexia Nervosa. Vintage, New York, 1979.

 

 

 
 
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