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Asmedista Destacado

Germán Campuzano Maya... propulsor de la educación médica en Colombia

Por Luis Reinaldo Franco R.
Comunicador Social Periodista U. de A.
Asesor en Comunicaciones Asmedas Antioquia

Oriundo de La Ceja, municipio del Oriente antioqueño, en donde vivió sus primeros cuatro años de infancia, se trasladó con su familia a Génova Quindío, donde realizó sus estudios de primaria y, posteriormente, a Armenia en donde hizo hasta cuarto de bachillerato pero, por falta de oportunidades académicas, debió viajar a Medellín a culminar sus estudios de bachillerato en la Universidad Pontificia Bolivariana. En 1965 ingresó a la Universidad de Antioquia en donde se graduó como médico cirujano en 1971. Al terminar en la universidad regresó, como médico rural, a Génova Quindío en donde laboró año y medio. En 1973 fue llamado por la Universidad de Antioquia para vincularlo como docente en la sección de Hematología de Medicina Interna.

Momento Médico: Su experiencia en el sector salud

German Campuzano: “La actividad profesional la ha desarrollado en dos ambientes, en el académico y en la práctica asistencial privada.

Respecto al ambiente académico, a mi regreso de Buenos Aires inicié los primeros programas protocolizados de manejo de enfermedades malignas de la sangre, en particular las leucemias y los linfomas. Con el doctor Alberto Restrepo Mesa y otros hematólogos de Bogotá y Cali se consolidó el primer protocolo de leucemias agudas y linfomas en Colombia y localmente se inició la Clínica de Leucemias en Hematología de la Universidad de Antioquia; y, con el doctor Diego Gaviria Henao, la Clínica de Linfomas, en la Clínica de Tumores, del Hospital San Vicente de Paúl. Con el doctor Restrepo en 1974 participé en el primer transplante de medula ósea en Latinoamérica y el primero en el mundo en trillizos, a una paciente que aún vive, libre de su enfermedad (hemoglobinuria paroxística nocturna). En Hematología permanecí como docente, habiendo llegado al máximo escalón de la Universidad de Antioquia y a la jefatura del servicio, hasta 1985 cuando tomé la determinación, no fácil, de dejar la Universidad para dedicarme de lleno a la práctica profesional independiente. Vale la pena anotar que haber dejado oficialmente la Facultad de Medicina no significó abandonar la actividad académica, ya que ésta continuó con el programa de educación continua que desde el Laboratorio Clínico Hematológico y con apoyo de la Editora Médica Colombiana se adelanta con la Universidad de Antioquia a través de la publicación Medicina & Laboratorio, entre otros.

Desde el primer momento de mi práctica profesional, independiente de la hematología y en especial de la oncohematología, vi la necesidad de que en la ciudad se dispusiese de un laboratorio clínico lo suficientemente seguro para soportar los nuevos programas de tratamiento de las enfermedades malignas, motivo por el cual inicié en 1975 un pequeño laboratorio clínico especializado, de tal manera que se pudiesen aplicar los avances que en ese momento se tenían en el manejo de estas enfermedades. En este pequeño proyecto se gestó lo que más tarde sería el Laboratorio Clínico Hematológico.

El Laboratorio Clínico Hematológico nació en la “Casa de la Salud”, en Prado. En los tres primeros meses el promedio de pacientes era 0,5 por día, o sea uno cada dos días. Al concluir el segundo año ya se ofertaban servicios de laboratorio clínico especializado y general a un pequeño grupo de médicos de la zona (Prado) y tres años más tarde, debido al crecimiento permanente, se debió trasladar a Amedes (Asociación de Médicos Especialistas) y para 1980 en su sitio tradicional, en la esquina de Popayán con la Oriental, hasta 2004, cuando se trasladó su sede principal a Patio Bonito.

MM: ¿Qué llevó al Laboratorio Clínico Hematológico a ubicarse en el sitio de privilegio en donde está hoy?

GC: El cumplimiento de cuatro principios básicos con los que siempre hemos laborado: ser preciso, exacto, oportuno y, sobre todo, de utilidad clínica. Bajo estas premisas no fue fácil el desarrollo, sobre todo en los primeros años, cuando se debió cambiar el paradigma prevalerte en el medio: laboratorios pequeños, faltos de tecnología y obviamente con bajos recursos. Para mediados de la década de los 80, se inició la sistematización y la incorporación de tecnología de punta, siendo el primer laboratorio clínico a nivel nacional en afrontar este reto que, rápidamente, lo posicionó como uno de los laboratorios clínicos modelos a nivel regional y nacional, a la altura de los mejores de Latinoamérica.

Para finales de la década del 90 la Institución emprendió el proceso de normalización que lo llevó a ser el primer laboratorio clínico en Colombia certificado bajo la Norma ISO 9000, proceso que, año a año, se ha ido nutriendo con nuevos procesos como lo son el aseguramiento en el área ambiental y en la salud ocupacional, lo que lo ha llevado a ser hoy la única institución de salud a nivel nacional y posiblemente en Latinoamérica con procesos de gestión integrada certificados con las normas ISO 9001, ISO 14001 e OSHAS 18000.

MM: Su permanencia en la Asociación Médica de Antioquia

GC: Desde mi regreso del rural me afilié a Asmedas, en su momento (AMDA) Asociación Médica de Antioquia, convencido de que la actividad gremial debía ser parte integral del profesional y que ésta es una vía importante, aunque no la única, para conseguir los objetivos sociales de la actividad profesional a través de la defensa no sólo de los profesionales de la salud sino de los pacientes y de la comunidad.

MM: ¿Qué concepto le merece la Ley 100 de 1993 y cuáles cree que han sido sus efectos en la práctica de la medicina?

GC: La Ley 100 de 1993, en su prosa, es perfecta, se hizo para ángeles; nadie duda de los principios básicos que la soportan “[…] de eficiencia, universalidad, solidaridad, integralidad, unidad y participación”, pero su desarrollo es perverso, cuando el paciente se convierte en un “objeto” con fines económicos, situación que se ha dado infortunadamente por la reglamentación que se le ha venido dando. Como resultado de la distorsión que se le ha dado, se ha perdido la relación médico-paciente que, sin duda alguna, es más valiosa que los medicamentos mismos, cuando el médico en 10 o 15 minutos debe atender un paciente y diligenciar el sinnúmero de registros como consecuencia de la infinidad de decretos reglamentarios generados en su desarrollo. Ello, sin detenernos a analizar el aparentemente ilimitado campo de acción de algunos actores del sistema, quienes trascienden fronteras a tal punto de hacer imposible identificarlos como prestadores, administradores, promotores e, incluso, proveedores. Como resultado del desarrollo de la Ley 100 se ha proletarizado a la mayoría de los trabajadores de la salud.
MM: Usted es especialista en Hematología. ¿En qué consiste esta especialización de la Medicina?

GC: Es el estudio de la sangre, que es pura y elocuente, de las especialidades médicas en hematología es una de las más objetivas, porque usted puede visualizar la mayoría de las teorías a través de microscopio. Ciencia cambiante, de múltiples oportunidades y grandes avances.

MM: ¿Qué regulación hizo la Ley 100 a esta especialización?

GC: La estructura Ley 100 “siendo la hematología una subespecialidad” hace que el acceso de los pacientes al hematólogo sea cada vez más difícil y como resultado es posible que muchas de las enfermedades graves que la especialidad debe manejar en forma urgente estén desapareciendo aparentemente como se evidencia en el caso de las leucemias agudas que no se diagnostican oportunamente y muchos pacientes mueren por enfermedades asociadas como las infecciones, sin que se conozca el diagnóstico de leucemia por falta de un estudio oportuno y adecuado.

Muchos pacientes no tienen el acceso a las subespecialidades porque la enfermedad tiene un periodo más corto que los trámites para lograr el servicio y para nadie es un secreto que éstos pueden ser varios meses o, finalmente, no se dan a pesar de mediar procesos de tutela. La mayoría de las enfermedades que deberían llegar al hematólogo son manejadas a nivel primario en donde, con muy pocas excepciones, los tratamientos no apuntan a las causa, sino a los síntomas; también vemos con preocupación que hasta el 30% o 50% de algunas poblaciones hoy están afectadas por anemia.

MM: ¿Ha escrito algún libro referente a su especialización?

GC: Desde la época de estudiante he participado en los textos de hematología y de las especialidades con ella relacionadas. Inicialmente por la Universidad de Antioquia y la Sociedad Colombiana de Hematología, y más adelante en los textos de hematología de la CIB (Corporación para Investigaciones Biológicas); en varios de los libros de la Universidad de Antioquia de las diferentes especialidades, he tenido a cargo las áreas relacionadas con la hematología como son los más recientes textos de cirugía y semiología, paralelo o concomitante de esta parte de los libros, he tenido oportunidad de participar en más de una centena de artículos científicos y ser conferencista a nivel nacional e internacional de la especialidad. Actualmente, estoy escribiendo una monografía sobre Helicobacter pylori, la bacteria responsable del cáncer gástrico, la enfermedad maligna que mayor morbilidad y mortalidad por cáncer causa en Colombia.

MM: ¿Ha recibido algún reconocimiento, alguna nominación, por su trabajo profesional?

GC: He sido un afortunado y creo que he recibido más de lo que he dado. En el transcurso de mi vida profesional he recibido reconocimientos como matrícula de honor en la Universidad; la Orden al Mérito Civil de Antioquia, ramo de la salud “Antonio Roldán Betancur” de la Gobernación de Antioquia en abril de 1990; la Orden Cámara de Comercio de Medellín de Cámara de Comercio de Medellín en 1996; Moción de reconocimiento por la Certificación Sistema de Gestión Integrado de la Cámara de Representantes y del Concejo de Medellín en agosto de 2004 y nominación al premio José Félix de Restrepo, al egresado sobresaliente de la Universidad de Antioquia en octubre de 2006, entre otras.

MM: Sabemos que aproximadamente en 1995 usted fundó, en convenio con la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y el ICFES, la revista “Medicina & Laboratorio” que ha contribuido indiscutiblemente a la educación continuada en el país. Háblenos un poco sobre esa revista y sobre sus logros.

GC: Dentro del desarrollo normal del proyecto de Laboratorio Clínico Hematológico, consecuente con las políticas de calidad, como lo expresé previamente, el pilar central es la utilidad clínica y debido a que el laboratorio clínico es una actividad dinámica altamente cambiante, es necesario que el médico usuario de los servicios del laboratorio clínico se mantenga informado de estos cambios y la incorporación tecnológica que se da día a día en esta actividad que le permite ser más eficiente y oportuno frente a las necesidades de los pacientes.

Consecuente con eso, en 1975 se inició un programa de capacitación para médicos-usuarios de los servicios del Laboratorio; programa que con el tiempo ha venido creciendo en una forma sostenida, sobre todo cuando en 1995 la Universidad de Antioquia lo empezó avalar como un programa de capacitación a distancia en patología clínica (Medicina de laboratorio). A la fecha, este programa ha llevado mediante educación a distancia capacitación por tres millones y medio de horas de capacitación a profesionales de la salud no sólo usuarios de laboratorio, sino hasta los más lejanos sitios de Colombia como: Putumayo, Casanare, Vichada y Meta y, fuera de Colombia, a Curazao, Argentina, Perú, Ecuador, Venezuela, entre otros.

MM: Envíe un mensaje a la Asociación Médica y demás médicos del Departamento. Un mensaje a los futuros profesionales.

GC: Creo, como el filósofo francés, naturalizado en España, Francisco Cabarrus, que “el peor de los males es creer que los males no tienen remedio” y los médicos, y que todos los profesionales de la salud estamos en la obligación de recuperar la salud como un derecho a cargo de la sociedad, libre de intermediarios.

 

 

 
 
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