Textos breves
Por José Raúl Jaramillo R.

Muros En aquel reino, el príncipe decidió ampliar las cárceles. A tal efecto, sacó a los residentes en los reclusorios de toda la nación y le ordenó a la población que contribuyera con su sudor a tan patriótica empresa. Los altos, anchos y alambrados muros empezaron a crecer, para satisfacción de las autoridades.
Terminó siendo una gran cárcel (del tamaño del país, concluyeron con reconocimiento los más importantes organismos planetarios).
Dentro de ella quedó el príncipe, acompañado de sus ministros, de los comandantes militares y de los áulicos que lo respaldaron en tan inmenso proyecto.
El resto de la población —y se incluye a los antiguos habitantes de las prisiones— quedó afuera.
Confesión
Cuando el torturado decidió contar todo lo que sabía, sus interrogadores no le entendieron nada pues había transcurrido el dolor suficiente para que el detenido inventara un dialecto que sólo él comprendía.
El suplicio continuó, por lo que se consideró otra burla a la justicia.
Huella Siguió el olor de la huella en la arena.
—Prometía ser una gran faena de caza.
Después de varios días de perseguir a la fiera, se topó con su propio rastro, su exacta pisada, su peculiar hedor. |