El nuevo orden internacional y los desafíos para el mundo del trabajo

Por Álvaro Franco G.
Profesor Titular
Facultad Nacional de Salud Pública U. de A.
Para Robert Castel (1) (sociólogo francés, director del Centro de Estudios de los Movimientos Sociales de la EHESS de París), la nueva época se ha inscrito en una globalización desgobernada, globalizando el capital y restringiendo cada vez más el trabajo al ámbito local, para impedir movimientos migratorios, y generando cada vez mayor pobreza, exclusión social y efectos discriminatorios de grupos, por ejemplo, contra las mujeres. El mundo de hoy se encuentra polarizado entre quienes reclaman más autonomía (democracia) y quienes prefieren restringirla aún más. De un lado quedan, pues, los ganadores de este proceso neoliberal, los países poderosos, sus elites políticas y los grupos económicos transnacionales; del otro lado están los excluidos y marginados sociales, los trabajadores, los sindicatos, los pequeños productores nacionales y, por entero, muchos países subdesarrollados. Estas descripciones están cruzadas por la desgobernanza del mundo y de los países, sumidos en una absoluta crisis de gobernabilidad.
También se viene acentuando la polarización entre países desarrollados y países pobres a partir de la globalización. En el orden interno de los países se enfrentan sus grupos de poder, como consecuencia de la pérdida de la función económica y social del Estado. Como consecuencia, lo más grave ha sido la flexibilización laboral y la privatización de las empresas públicas. Al primer tema nos referiremos en la presente disertación con el fin de evaluar algunas de sus implicaciones sobre el sindicalismo y las agremiaciones profesionales que, como ASMEDAS, se dedican a la defensa de un grupo de trabajadores tan importante como el de los médicos. ***
Vivimos en un mundo afectado por la pérdida de cohesión social y la falta de protección. Castel hace un símil de la situación actual con la época de los inicios de la industrialización, cuando se intentó aplicar el mercado autorregulado, generándose una gran desestabilización social y el “pauperismo”. Pero a diferencia de ahora, concluye, fue imposible aplicar completamente el mercado autorregulado porque la sociedad “secretó una especie de defensa contra la hegemonía del mercado”, consistente en las políticas sociales, proclives al derecho al trabajo y a la protección social.
En lo que sí encontramos coincidencia en cualquier época en que predominan los mecanismos del mercado autorregulado, es en la ingobernabilidad resultante. Con Polanyi2 , Castel demuestra que el mercado autorregulado destruye las antiguas formas de regulación social, el trabajo, la sociabilidad, las formas tradicionales de solidaridad. Destacando su incapacidad para fundar un nuevo orden social y el riesgo de que destruya la existencia misma de la sociedad. Es pasar de la sociedad civil a la sociedad mercantil.
En el centro del análisis están el trabajo y, fundamentalmente, el empleo que reconoce un estatuto al cual están asociados protecciones y derechos (una especie de desmercantilización de las relaciones de trabajo); es decir, las garantías colectivas para los asalariados, representada en la seguridad social que queda por fuera de las leyes del mercado. Es, en síntesis, el derecho al trabajo y a la seguridad social que definitivamente no son posibles dentro de un régimen de mercado puro o autorregulado (el neoliberalismo). Hoy sólo se consigue la precarización de las relaciones laborales y la mercantilización del trabajo en desmedro de la política social. Al tenor de estos hechos, las conquistas sociales son vistas como obstáculos para el libre desarrollo del mercado.
Este cambio en las relaciones laborales de finales del siglo XX y principios del XXI ha sido el responsable de la nueva inestabilidad social, de la crisis de gobernabilidad3 , porque propicia una especie de población excedente, de personas no incluidas ni integrables a la sociedad, ni al sistema productivo; no son ni siquiera susceptibles de ser explotadas por el capital, “están ahí como inútiles” según la expresión del propio Castel. Pasamos, en consecuencia, de una sociedad de mercado, que siempre ha existido, a una sociedad que se convierte en mercado según concluye también Juan Francisco Martín Seco, autor de La Farsa Neoliberal (1995), al relacionar el neoliberalismo con la destrucción de todo lo que es estatal y con el favorecimiento del capital en contra del trabajo.
ASMEDAS y la actual situación laboral
Con el creciente peso que la informalidad adquiere, tanto en su importancia económica, como en la generación de empleo, las condiciones de precariedad laboral han aumentado y, de otro lado, afectado las organizaciones sindicales que, históricamente, han estructurado sus bases de organización y representación en la economía formal –preponderantemente industrial– y en las relaciones de trabajo asalariadas.
El sindicalismo, en general, ha decaído en el mundo gracias a las tendencias de los últimos 15 años: la globalización, el deterioro de lo público y la pérdida de los derechos, en la generalidad de los casos, a más de otros desequilibrios mundiales, dados en el contexto de las veleidades políticas que, como consecuencia del derrumbe de la antigua Unión Soviética y de los países de la órbita socialista, han agravado su situación. Fundamentalmente, ha sido determinante el cambio en las relaciones obrero-patronales, concibiendo nuevas modalidades de contratación y de flexibilización laboral que han propiciado la inestabilidad sindical. A la crisis, se suma la persecución política y de otro tipo que se cierne sobre los sindicalizados.
Nuevas modalidades de relación laboral en el sector de servicios, por ejemplo, flexibilidad, externalización, subcontratación, etc., y la forma actual en que se organizan las empresas (redes – holding), impiden la organización sindical con fuerza y permanencia. Se necesitan nuevas alternativas y estrategias para solucionar las problemáticas descritas.
No obstante, al vaivén de los acontecimientos se renovará la organización sindical y las asociaciones de trabajadores aunque, hoy por hoy, no se puede desconocer la participación de otro actor importante, el desempleado, el desposeído, el trabajador sin empleo, que tendrá mucho más que decir que los antiguos actores y deberá participar activamente en la búsqueda de soluciones a la crisis de las agremiaciones sociales. El sindicalismo y su substituto tendrán que enfrentar la nueva contradicción que es evidente al comienzo del nuevo siglo: el empeoramiento de las condiciones de vida y la informalidad laboral en el escenario de la opulencia mundial, contradicción nunca resuelta por los patronos y menos ahora por las nuevas relaciones laborales. De ahí que sea urgente tener propuestas y alternativas organizativas para una nueva «clase social», la de los informales y desempleados, que hoy ya no podremos considerar ni siquiera cercana al proletariado, porque este mismo también tiende a desaparecer como actor político.
La Asociación Médica Sindical (ASMEDAS) ha sido un sindicato importante, que aglutina a la fuerza laboral médica, en el caso colombiano; pero es mucho más que un sindicato, es una agremiación que persigue unos fines de mayor alcance que la sola reivindicación laboral. Es un órgano de participación pluralista de todos los médicos, de la medicina liberal, aún de los médicos patronos y empresarios, de los médicos con militancia liberal-conservadora o de izquierda; ostentando la representación del imaginario médico que trasciende el empleo. Recientemente, entre otras innovaciones, se ha convertido en un órgano de expresión y participación política de los médicos, en una época en que esta profesión ha dejado de constituir una elite cercana a los políticos tradicionales y debe establecer sus propias maneras de hacer política y tener sus propios representantes.
ASMEDAS ha sorteado con relativo éxito la etapa más difícil del embate Neoliberal contra los proyectos públicos, sociales, comunitarios, políticos e igualitarios. A pesar de la profundización de nuevos factores de deterioro social en el país (condiciones de violencia y el engranaje clasista de la sociedad colombiana), otro amanecer se vislumbra: la construcción de un mundo distinto, más favorable al humanismo, al desarrollo social y proclive a los derechos humanos, en lo cual organizaciones como la nuestra tienen un decisivo papel que cumplir en la sociedad, no sólo defendiendo el trabajo, tarea que continuará con unos ribetes diferentes a los heredados del fordismo. Ahora, con el postfordismo se vinieron nuevas relaciones laborales y de explotación mucho más sutiles, es usual hablar de trabajo sin empleo y nuevas reivindicaciones y nuevos modos de vida gremiales nos deberemos trazar para responder al nuevo desafío.
En síntesis, corresponde a los médicos participar, en la construcción de una sociedad más humana, generar propuestas para enfrentar conjuntamente el desempleo médico y la precariedad laboral a la cual nos han sometido. Deberemos partir de una nueva concepción del trabajo, del sindicalismo, de la organización gremial y de la repolitización de la profesión médica y comprometerse más aún con el trabajo político de la Asociación por la defensa de los intereses gremiales y ciudadanos.
Algunas organizaciones en América Latina ya vienen proponiendo opciones: unir a los trabajadores más allá de los sindicatos legales, sumar a las mujeres y a los jóvenes en el tema de las pensiones y la seguridad social, universalizar las demandas por derechos laborales y no quedarse encerrados en reivindicaciones pequeñas, o sólo sindicales. Señalan que el sindicalismo es parte, pero no todo el movimiento posible de los trabajadores, debe trascender la atomización. Lo cierto es que el sindicalismo, la agremiación laboral y la organización de nuestras asociaciones no podrá permanecer atada a la relación capital trabajo, aunque sigamos luchando por la estabilidad laboral, el derecho al trabajo y la defensa del trabajo digno.
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