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Cocina y Cultura

La fruta de sartén





Por Carlos Enrique Escobar G.
Profesor Historia, Medicina y Sociedad
Facultad de Medicina, U. de A.

Nuevamente llega la navidad y con ella mis mejores deseos para todos vosotros amigos culinarios.

En estos tiempos de villancicos, pesebres y alegres reuniones, nada más grato que invitar a nuestro asesor culinario de épocas de antaño, Don Tomás Carrasquilla, y evocar con él lo que una buena navidad impone: buñuelos que chirrían, natilla que revienta y manjar blanco que cuaja (Dimitas Arias).

Ahora, si lo que se trata es de seleccionar, como diría un gerentillo desteñido, para la sala VIP de la culinaria a uno de ellos, mi voto se lo confiero, sin lugar a dudas, a un bien dorado y recién hecho buñuelo.

Esta variedad de Fruta de Sartén, como seguramente lo denominaría un purista de la lengua castellana y cuyo origen poco de antioqueño tiene y sí mucho de morisco español, encontró en estos atajos montañosos un muy digno lugar dentro de la navidad paisa. En la noche: novena rematada con natilla caliente y buñuelo crocante y, en la mañana: buñuelo recién hecho, taza de espeso y humeante chocolate y arepita de tela con buena mantequilla y quesito desparramado.

Bueno es advertir que, en razón de las naturales trasformaciones que sufre la cultura gastronómica, el buñuelo ya no es una vianda exclusiva de la navidad como en otros tiempos. En hora buena, la cultura del buñuelo viene ampliando su espacio y ya es habitual encontrar a lo largo y ancho de este valle de Aburrá ventorrillos que durante todo el año permiten las delicias de un desayuno con nuestro redondo y sabroso invitado.
Pero vamos al asunto que nos preocupa como es darles algunas buenas y pertinentes recomendaciones para su elaboración.

En primer lugar, no se deje echar el cuento de su vecino, amigo o familiar y no permita que el hijo de este, alumno de una prestigiosa academia culinaria de la ciudad, los elabore. Usted correrá el riesgo que este pichón de chef le presente en un plato rectangular con visos de triangulo isósceles, un masato en salsa de aguacate con repollo primorosamente distribuido y hojas de mata ratón como acompañante, vianda acerca de la cual nuestro párvulo cocinero lo intentará convencer de que ESA COSA es un buñuelo con modificaciones acorde a la cocina fusión.

Por supuesto, tampoco se le ocurra que su sobrino médico, el que hace estudios de gerencia hospitalaria, ejecute la faena de la elaboración. Corre usted el riesgo de quedarse sin gerentillo y sin buñuelos, ya que tarde que temprano tendrá que salir a toda prisa para un servicio de urgencias con el fulano en cuestión, puesto que luego de largas horas en el computador, entró en depresión aguda reactiva (DAR) al no poder encontrar una Guía Basada en la Evidencia para hacer Buñuelos (GBEB), debidamente certificada (GBEBDC) y, por ello, requiere un tratamiento de emergencia para su frustración por: (DARGBEB, GBEBDC SALMO 38, VERSÍCULO 3, SAN JUAN). (¿Se dio cuenta, mi amigo, que ya aprendí a hablar en el lenguaje Gold Estándar de la época? Y eso que no me han certificado).

Obviamente, y como recomendación final, tampoco permita que su sobrina, uribista furibunda, haga la preparación. Tendría que soportar, en primer lugar, una eterna y aburrida conferencia, a modo de consejo comunitario, donde lo tratarían de convencer que lo que usted cree que es un buñuelo ya no lo es; que su verdadero nombre es algo así como doughnut, made in USA y TLC certificado; que su forma no es redonda sino en forma de U (uribito) y que el palito de la ñ, en razón de la seguridad democrática, debe ser considerado subversivo.

Mi recomendación final, luego de desechar las anteriores propuestas, es que seleccione una mañana soleada con levantada tardía, buena música decembrina, pijama vieja y pantuflas domingueras. Una mañana de esas en la cual usted no tiene que trabajar, trabajar y trabajar.

Tome un teléfono y llame a: mi buñuelo, la casita del buñuelo, el buñuelo sabroso, la tienda del buñuelo… y solicítelos bien fresquitos.
Mientras espera que toquen a la puerta con los deliciosos buñuelos, escuche cómo su casa se va llenando de ruidos familiares, mire a su mujer y a sus hijos y siéntalos suyos y, si los tiene lejanos, imagínese sus figuras, sus voces y sus risas, admire todo lo bueno que tiene tan cerca de usted, de su razón y también de su corazón.

Aún más, si usted es atrevido y aún sueña lo imposible, olvídese por este tiempo de uribito de tal, de tanta majadería, estupidez y leguleyadas que han llegado a la medicina. Mande al carajo todo eso, coja el buñuelo más grande y más redondo, ábralo y métase allí con su familia y sus amigos, ciérrele por dentro y ruede alegre hasta el próximo año.

¡FELIZ NAVIDAD!

 
 
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