ARTÍCULOS
. La medicina como
antropología.

. El bebé que nunca
se pudo afiliar al
Sistema.


. El drama de la maternidad en
Colombia .

. Salvemos al IMI.

. El canibalismo
médico.

. La mente reactiva.

. Gerentes de las
ESE hospitales
anuncian quiebra.

. El cáncer de los
hospitales.

. Asmedista
destacado.

. Política.

. Ser Laboral.

. Internacionales.

. De la verdad a la
reparación en el
conflicto nacional.

. De Maquiavelo a
Uribe Vélez (IV)

. Mafia y
Narcotráfico.

. Los presagios
de Simón

. El matrimonio
de la colegiala

. Usuarios.

. Don Pepe Sierra
Perfiles.

. Literatura
A Gil no lo he
vuelto a ver .

. El fogón
indígena
Cocina y Cultura.

. Ese aroma que
me embriaga
Callada presencia.

. E-mail.

. Agenda
 

Política

Senador Carlos Gaviria opina sobre la situación nacional actual

El diálogo como estrategia de superación del conflicto armado

La acción del Estado es legítima en la medida en que se presente de manera integral y en un marco de comprensión del conflicto y sus causas. Es comprensible la solicitud de algunos de los participantes en este blog (Jairo, Enoc, Anónimo, Gonzalo Martínez) en el sentido de querer ver reflejadas aquí propuestas más concretas sobre los problemas del país. Habiendo compartido con ustedes algunos de los principios y presupuestos del proyecto político en el que hoy guardo mis esperanzas, creo importante avanzar en reflexiones sobre temas más concretos. Para tales efectos, he elegido para esta semana el tema del conflicto armado interno, sobre el cual Carlos, Juan y Federico Zurcher han manifestado algunas dudas.

Creo que la solución al conflicto debe ser buscada por la vía del diálogo, lo cual implica aclarar algunos elementos. En primer lugar, esta salida no implica que el Estado deba renunciar al uso legítimo de la fuerza. Aquella es una función irrenunciable y para ello se debe contar con todos los instrumentos legales disponibles que permitan contrarrestar las agresiones de los grupos armados ilegales. Sin embargo, es necesario reflexionar acerca de lo que se entiende como «uso legítimo de la fuerza. «La acción del Estado gana en legitimidad en la medida en que se presente de manera integral y en un marco de comprensión del conflicto y sus causas. De poco sirve una estrategia concentrada en el aspecto militar, si en el trasfondo existe una visión equivoca de las razones de la violencia armada.

En este sentido, es necesario aceptar que en Colombia existe un conflicto armado interno y que sus causas provienen, en una gran proporción, de la situación de pobreza e injusticia. Esta última idea puede ser discutible para algunos. Unos podrían pensar que la pobreza y la injusticia no tienen nada que ver con el conflicto. Otros podrían decir, y con ellos me encuentro de acuerdo, que más allá del problema de la pobreza, la situación de injusticia y de distribución inequitativa de la riqueza, es una causa inmediata del mismo.

Lo cierto en esta discusión es que ni los que consideran que existe esta relación causal, ni los que la niegan, tendremos argumentos concluyentes para convencer a los otros de lo contrario. Por lo tanto, lo que propongo es lo siguiente: Hemos vivido bajo un gobierno que ha entendido que en Colombia no existe un conflicto armado y, por lo tanto, que la situación social nada tiene que ver con la situación de violencia. Demos paso a una concepción en la que actuemos, en beneficio de la duda, como si existiera esta relación causal. Ello nos permitirá actuar en una dirección que nadie estaría dispuesto a objetar, es decir, dirigir los esfuerzos en la vía del diálogo pero entendiendo que es necesario paralelamente tomar medidas en contra de esas causas estructurales del conflicto.

Actuar como si esa relación no existiera conduce a consolidar un estatus quo inicuo. Asumir que esa relación sí existe y actuar en consecuencia conduce a la construcción de una sociedad más equitativa, resultado que no es despreciable.

¿Por qué la izquierda unida?

El llamado a la unidad de la izquierda no es una fórmula de exclusión de aquellos que tradicionalmente no se han considerado de esta orientación política, sino una invitación a todos los sectores de la sociedad, sin distinción alguna, a que se sumen de manera ética, sincera y sin vacilaciones al propósito de hacer realidad los ideales de justicia y equidad.

Algunas de las inquietudes de los participantes en este blog se relacionan con la caracterización que damos hoy al proceso de unión de la izquierda, entre éstos, unos consideran que alinear una serie de propuestas alternativas bajo este rótulo conduce a polarizar los ánimos y contribuye muy poco a brindar una salida al país.

Permítanme expresarles el sentido que doy a la conformación de la izquierda en Colombia hoy. Como señala John Rawls, uno de los principales exponentes de la filosofía política del siglo XX, existen tres presupuestos básicos para que una sociedad alcance unos niveles mínimos de justicia. En primer lugar, la consagración de unos derechos y libertades básicos e igualitarios para todos los individuos asociados con las clásicas libertades, es decir, libertad de expresión, de circulación, de asociación, libertad de conciencia, libertad de empresa, etc.; en segundo término, el elemento central que ha caracterizado de una u otra manera las críticas que desde la izquierda se han hecho al capitalismo, es decir, la certeza de que resulta imposible hacer realidad esas libertades sin satisfacer las necesidades básicas de los individuos; y en tercer lugar, la aceptación de tratos desiguales en la sociedad únicamente en aquellos casos en los cuales estas desigualdades redunden a favor de los menos favorecidos. En pocas palabras, la defensa de una idea central según la cual es imposible desarrollar cualquier expresión de libertad cuando la población debe soportar hambre y no encuentra satisfechas sus necesidades más básicas.

Como ningún otro sector político en el país, la izquierda puede reclamar estos presupuestos como bandera política, en especial, aquellos que hacen énfasis en la necesidad de una sociedad más equitativa e igualitaria. Nadie podría creer honestamente que los partidos tradicionales y el actual gobierno, a pesar de los giros ideológicos que suelen dar, puedan inscribirse hoy por fuera del neoliberalismo, tendencia que han incentivado por años y que se antepone diametralmente con los principios recién señalados.

Habrá que entender que la denominación de «izquierda» y la necesidad de emprender el camino de unidad no es una fórmula de exclusión de aquellos que tradicionalmente no se han considerado de esta orientación política, sino el llamado a todos los sectores de la sociedad, sin distinción alguna, a que se sumen de manera ética, sincera y sin vacilaciones al propósito de hacer realidad aquellos ideales de justicia.

Fuente: www.eltiempo.com

 
 
¿Quiénes somos? | Contáctenos | Sugerencias
© Copyright ASMEDAS 2004 (Asociación Médica de Antioquia).