De Maquiavelo a Uribe Vélez
(Parte IV)
Por Luis Fernando Muñoz R.
(Apartes del ensayo presentado por el doctor Luis Fernando Muñoz Ramírez -Médico y Cirujano; Especialista en Salud Ocupacional- a la Universidad Autónoma Latinoamericana, para optar al título de Especialista en Cultura Política. Fuente bibliográfica: El Príncipe de Nicolás Maquiavelo)
Para continuar con esta reflexión, es conveniente que recordemos las tres categorías conceptuales fundamentales de la obra El PRÍNCIPE de Maquiavelo, como son la virtud, la fortuna y la razón de estado.
“No sucedió nunca, pues, que un príncipe nuevo desarmara a sus súbditos, incluso cuando los encontró desarmados los armó (...) consideradas todas esas cosas, alabaré a quien construya fortalezas y a quien no las construya, y censuraré al que, fiándose de las fortalezas, tema en poco el ser odiado por el pueblo”. (Cap. XX, El Príncipe)
La forma de gobernar de nuestro Presidente es totalmente diferente a como lo han hecho los anteriores. Uribe Vélez está en la provincia, en donde hubo el ataque de la guerrilla, o en los consejos comunales. Al fin de cuentas, se enteró que ni en palacio estaba seguro de los embates de la guerra que él mismo declaró. No existe zona vedada para gobernar y exige en todas partes presencia del Estado, así se violen las libertades ciudadanas. Se preocupan más sus aduladores por su seguridad que él mismo. Pero donde llega está rodeado de sus amigos y cómplices. Es un gobernante elitista, la prueba está dada cuando nombró como vicepresidente a Francisco Santos, representante de la más rancia élite de Colombia, y colocó a la prensa a su favor. Las fortalezas que ha construido son sus fincas y haciendas, que ahora están vigiladas por los soldados campesinos quienes, a su vez, “cuidan el campo”, más la mal llamada ley de justicia y paz la cual es, realmente, un proyecto de impunidad para delitos de lesa humanidad y una promesa electoral para su reelección.
“El Príncipe cae en menosprecio cuando pasa por variable, ligero, afeminado, pusilánime, irresoluto: un príncipe debe cuidarse de todo esto como de un escollo, e ingeniarse para que en sus acciones se advierta grandeza, valor, gravedad, fortaleza; en torno a las tramas de sus súbditos, debe procurar que su sentencia sea irrevocable; y manténgase en tal opinión, que nadie tenga el pensamiento de engañarle, ni de entramparle”. (Cap. XIX, El Príncipe)
Siendo senador, gobernador y dirigente político, jamás ha mostrado debilidad alguna cuando se trata de tomar determinaciones; los ciudadanos del común lo admiran por su capacidad de decisión, aunque muchas de sus decisiones sean autoritarias, arbitrarias, antidemocráticas y antipopulares. Los conspiradores ni siquiera le amedrentan, pues sus pasos van seguros en defensa del Estado y los potentados. Cuando suben los impuestos, muchos que eran evasores dicen “hay qué pagar, aquí tenemos presidente”. La contundencia de sus acciones y de sus aliados lo convierten en un personaje temido y difícilmente se prospera en una conspiración cuando se ha alcanzado el temor de los súbditos.
“Y yo sé que todos confesarán que sería cosa muy loable que en un príncipe se encontraran todas las cualidades mencionadas, las que son tenidas por buenas: pero, como no se puede tenerlas todas, ni observarlas a la perfección, porque la condición humana no lo consiente, es necesario que el príncipe sea tan prudente, que sepa evitar la infamia de los vicios que harían perder al Estado, y a preservarse, si le es posible, de los que no se lo harían perder”. (El Príncipe, Cap. XVI)
El presidente Uribe, con acierto mostró sus cualidades que ni siquiera los señalamientos tan graves que se hacen en “El señor de las sombras” lograron oscurecerlo. Todo lo que ha defendido lo ha hecho con la plena convicción de sus ideas, sin ocultar en ningún momento que es un hombre con mucho dinero y muchas tierras ganaderas. No se relaciona con el alcohol, lo que le permite elevados niveles de racionalidad en cada acción; pero se le ha señalado como “mafioso”; su lema de trabajar, trabajar y trabajar es una constante virtuosa que nadie le puede quitar, aunque producto de ésta situación esté perdiendo el equilibrio y sufra laberintitis.
“El príncipe debe ir en persona y hacer el oficio de capitán; la República ha de mandar a sus ciudadanos; y, cuando manda uno que no sea un hombre valiente, debe cambiarlo (...) la experiencia enseña que sólo los príncipes y las Repúblicas con ejército propio, hacen grandes progresos, y que los ejércitos mercenarios no hacen más que daño”. (Cap. XII, El Príncipe)
El presidente de la República ha tenido otra falla en su gobierno, ha convertido el Estado en una especie de tribunal de la inquisición con ejércitos, comandantes y fuerzas extranjeras que asesoran a nuestros soldados en despliegue rápido contra la guerrilla. En mi concepto, los soldados norteamericanos poco pueden ayudar contra la lucha guerrillera en Colombia. Las tropas extranjeras desacreditan; además de crear antecedentes de debilidad, nos muestran a un mandatario acorralado por las dificultades sin más salida que la de perder cualquier autonomía con respecto a los gringos.
“Conviene tener en cuenta, al examinar las clases de estos principados, otra consideración: es decir, si un príncipe tiene tan gran Estado que, en caso necesario, pueda regirse por sí mismo, o si tiene siempre la necesidad del auxilio de otros (...) Y juzgo que tienen siempre la necesidad de otros los que no pueden salir a campaña contra los enemigos, sino que se ven obligados a refugiarse dentro de sus muros y guardarlos”. (Cap. X, El Príncipe)
¿Hasta qué punto las fuerzas de seguridad del Estado colombiano no son suficientes para encarar con autonomía los problemas de orden público y de seguridad nacional? La presencia norteamericana no es más que una manera de mantener postrado al gobernante, pues las pruebas lo demuestran así, caen en paracaídas a los brazos de los frentes guerrilleros, creando un problema más para el país: “recuperarlos con vida”, porque un soldado norteamericano “vale mucho más que uno nuestro”. Pienso que es una estrategia extranjera para demostrar que son los mejores, pero la historia ha demostrado que no lo son.
El poner en orden las cosas en un país que lleva más de cincuenta años en guerra y sin democracia real, no es tarea fácil ni algo que se logra con mano dura y menos con reelección presidencial; es una tarea para la inteligencia, la racionalidad, la justicia social, el intercambio humanitario y la solución política negociada al conflicto armado; así mismo, para la construcción de la democracia en Colombia.
Este escrito es, ante todo, un documento de análisis y un aporte al debate académico y político en momentos difíciles que vivimos y una forma de rescatar la vigencia histórica y política de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo.
Nota: Espere próximamente el lanzamiento del libro “De Maquiavelo a Uribe Vélez”, el cual tendrá, además, un análisis del pensamiento de Nicolás Maquiavelo elaborado por un profesor de la Universidad Autónoma Latinoamericana.

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